Nov 9

La historia de Ranko y Tsuname, parte I

El miedo desbordaba la capacidad de sus sentidos. Humo, estallido y frenes√≠ adquir√≠an m√°s capacidad del paisaje en un ritmo constantemente acelerado. Si bien la situaci√≥n de caos y guerra hab√≠an sido precursores de actos de violencia desenfrenada y aleaotorios gritos de tanto v√≠citimas como victimarios, el contagio de esa plaga emocional hab√≠a pasado por su aspecto de manera equivalente a una espiga de trigo cayendo lentamente sobre una estatua milenaria de roca y acero. Lo de ellos era p√°nico, lo suyo miedo. Cabe resaltar que el p√°nico tiene varias ventajas sobre el miedo. Una criatura en estado de p√°nico no tiene conciencia de su situaci√≥n, tan alarmante como pueda ser, y reacciona ante todo basado en mera aleatoriedad filtrada por un instinto vago y risible de supervivencia. El miedo en cambio es algo que no se olvida. Es anticipaci√≥n e impotencia ante lo obscuro. Aclarada tal diferencia, volvamos a lo nuestro. Tsuname ten√≠a miedo. Muchas veces hab√≠a escuchado de alguno de sus compa√Īeros de m√°s alto grado del olor de la muerte. El muchacho hab√≠a descrito con un circular cinismo y refinada presici√≥n la manera en que la muerte se arrastra de aqu√≠ para all√° dejando un rastro inequ√≠voco de sensaciones olfatorias tan densas que estaba seguro se pod√≠an degustar con la lengua tambi√©n. Sin embargo, el estado actual de Tsuname era a√ļn m√°s macabro. La muerte la sent√≠a. Con la piel. Punzadas arr√≠tmicas de diversos intervalos de presi√≥n y temperatura que se estampaban con su empidermis, provocando una convincente sensaci√≥n de estar siendo acechado segundo a segundo. De pronto, una luz de esperanza. Ante lo inevitablemente fatal de la situaci√≥n actual, manchada de conflicto, acero, sangre y polvo arcano, se alzaba la figura de una muchacha peque√Īa y agachada. Estaba en la esquina de un edificio derrumbado, su hermosa cabellera rojiza contrastando con las brutales y ef√≠meras explosiones que serv√≠an como curioso fondo de la escena. Un “por aqu√≠!” fue suficiente para que Tsuname saliera del trance y siguiera con borrosa visi√≥n a la chiquilla, como cuando un joven con alcohol en las venas escucha el llamado de su propia nostalgia y se encamina con pasos quebrados en una direcci√≥n incierta. Es importante notar el cambio de emoci√≥n que tuvo Tsuname en este momento. Bien podr√≠amos compararlo con pasar de un lugar insoportablemente caliente o fr√≠o a un ut√≥pico espacio donde la noci√≥n de temperatura no existe. No digo que es importante notar el cambio por el mezquino hecho de resaltar una peque√Īa variable de la manera en que Tsuname siente, sino por la analog√≠a tan conmovedoramente exacta que se puede hacer entre ese instante y este momento. En este momento me encuentro bajando una corta escalinata, pensando en lo agria que puede llegar a ser la vida y sumido en un c√ļmulo de pensamientos perversos y nihilistas. De manera esperada mi mirada se topa con la presencia medianamente lejana de un amigo, la rutina de todas las semanas. De manera inesperada alcanzo a vislumbrar la mirada de una mujer que lo acompa√Īa. He ah√≠ el instante. La mirada me dice muchas cosas. Me platica de miedos y sue√Īos, de pureza y verdad, de incertidumbre, valor y coraje. Su pasional forma de conversar dibuja tonos de una vida gris y desgarrada por un lado y llena de color y alada y vol√°til no por el otro lado, sino por la delgada l√≠nea que separa los dos lados. Le pregunto a la mirada que hay del otro lado de esa vida pero la respuesta me es adelantada por mi propia mentalidad de naturaleza ineficaz y metaf√≠sica: no hay otro lado, no en este mundo, no en este plano…

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