Dante's Last Ice Cream

February 27, 2010

Caritas

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Avaritia?

Compartiendo reseñas y reflexiones de todo tipo.

10 de marzo (2010)

Reseña en retrospectiva 1

Aquí también ya me dijeron que estuvo muy largo lo de Alicia (me gusta el tema, no puedo evitarlo), por lo que ahora respondo con una primera reseña “mínima” de una película vieja y bien conocida.

Aunque no lo crean, nunca vi “Amores perros” cuando salió e hizo su impacto masivo. No sé decir por qué: entre que no me llamó la atención y que no siento ninguna obligación moral hacia el (nuevo) cine mexicano, pues se me pasó de largo. De hecho, fue gracias a Vero que vi “Babel” (me gustó en general), y por diversas “presiones” e invitaciones de amigos que fui al cine a ver cintas como “Nicotina” (entretenida), “Ladie’s Night” (deplorable), “El coronel no tiene quien le escriba” (irrelevante) o “El crimen del Padre Amaro” (pésima adaptación de una novela decimonónica -¿sabían?). Otras como “Sexo, pudor y lágrimas” (telenovela condensada), “Por la libre” (falsa, falsa, falsa) “Y tu mamá también” (terriblemente “overrated”) y “El violín” (desaprovechada, y no sólo musicalmente) las vi en la tele o rentadas. Y otras pues nomás no las vi por HUEVA (“Amar te duele”, “La ley de Herodes”, “Rudo y cursi”, la última de la Talancón ambientada en los veinte, etc). En fin, el punto es que el nuevo cine mexicano se me hace la cosa más inflada, narcisista y deficiente que hay, pero ya dije que es un post corto, así que expondré mis razones en otra ocasión.

(Pero sí tengo una pregunta: ¿alguien se acuerda de una película que se llamó “Elisa antes del fin del mundo”? ¿no fue esa una de las primeras películas “crudas” antes de que se acordara qué es el “nuevo cine mexicano”?)

Y bueno, el caso es que concedo que mis prejuicios me habían impedido rentar “Amores Perros” y enterarme de todo el “fuzz”. Pero lo importante es cambiar, así que finalmente la vi el otro día que la pasaron en la Cineteca por treinta y cinco pesos. No voy a elaborar gran cosa sobre la trama porque probablemente todo se dijo en su momento y no quiero decir obviedades. De hecho sólo quiero decir dos cosas.

1) Me gustó de forma genuina. Me senté sin saber qué esperar, sin estar rodeado de propaganda, reseñas o laudos, y me pareció una muy buena cinta. Quizá es un poco larga (yo le hubiera quitado seis minutos a cada sección) y ciertamente se siente una gran influencia (¿imitación?) de Tarantino. Además, los detours cómicos de la historia de la modelo que pierde la pierna son excesivos. Pero son fallas menores. Admito que las historias son buenas y tienen un contenido valioso y reflexivo (y no sólo uno gratuitamente moralizante), que la dirección y la filmografía son originales y congruentes entre sí, y que las actuaciones son todas muy robustas. Sigo creyendo que “Como agua para chocolate” es el verdadero punto de inflexión, pero admito que “Amores perros” se puede considerar la mejor película mexicana de nuestra generación.

2) ¿Cómo? ¿No está criticando? ¡Inaudito! No desespere, querido lector, que aquí viene lo bueno. La segunda cosa que quiero decir es que “Amores perros” fue quizá lo peor que le pudo ocurrir al cine mexicano (o bueno: a los directores fresita de la Ciudad de México con pretensiones de grandeza). En mi opinión, lo que pasó fue que “Amores perros” fue tan buena que todos los siguientes proyectos de alguno u otro modo buscaron imitarla. ¡Se había alcanzado un nuevo lenguaje genuinamente representativo de la “raza” y la “banda”! ¡Ahora todo había que hacerlo con un estilo artístico “rudimentario”, con mucha violencia, sexo y groserías gratuitas y con los mismos cinco actores! ¡Lo único que queremos ver es el contraste entre el mundo preciosista televiso y la vida miserable del lumpen! La verdad no funcionó: el “nuevo” cine mexicano rápidamente se llenó de fórmulas trilladas y guiones aburridos y poco “realistas” a comparación de la “cinta fuente”. Eso sí, qué bien aprovecharon para subirse al carro y sacar su lanita…

Como siempre es sólo una opinión y me encantará recibir comentarios. Por si alguien se desvió con mi sarcasmo, el punto central fue éste: “Amores perros” fue una muy buena película, y se tenía que hacer como se hizo. Pero pensar que de ahí se iba a poder sostener un estilo generacional o nacional fue una muy mala idea -que naturalmente fracasó.

7 de marzo (2010)

Alice in Wonderland

En el centro de este nuevo país de maravillas: un castillo respingón (blanco y puro) que recuerda a cierto logo comercial y un corsario deschavetado que lleva ya varios años muy de moda (noten que tanto en Piratas del Caribe como aquí, Depp interpreta un personaje débil y afeminado que es seducido y rescatado por mujeres de carácter fuerte e "in shining armor"). Disney juega sus cartas bien aún.

En el centro de este nuevo país de maravillas destacan dos elementos (ninguno llamado Alicia): un castillo respingón (blanco, puro) que recuerda a cierto logo comercial; un "corsario" deschavetado que lleva varios años de moda. Noten que tanto en "Piratas del Caribe" como aquí, Depp interpreta un personaje afeminado que es seducido e incluso "rescatado" por una mujer rubia determinada, "in shining armor". Disney sabe rebarajar sus cartas y recomponer sus viejas tonadas mejor aún que Burton.

Pues bien: ver esta película fue una pequeña odisea porque los cines estaban retacados, el día del estreno reservé boletos en español por accidente (según el cajero, pero a mí me parece sospechoso) y el maldito Cinemex se clavó treinta pesos por boleto cuando me los cambió para el día siguiente. (Ojo, todo mundo: los pases “Lo sentimos mucho” — ¡así se llaman! –no valen para funciones especiales o en 3-D).

¿Valió la pena emocionarse?

“Algo”, por un lado;  “no mucho”, por el otro. La respuesta es doble (al menos) porque el resultado varía según lo que se analice.

Si nos quedamos en el aspecto visual y de entretenimiento, creo que la mayoría aceptará que el producto final es bastante impresionante y que Hollywood está sacando material cada vez mejor logrado. El trabajo de producción es inmenso (notablemente detallista en ciertas escenas y vestuarios), la cinematografía está muy bien concebida, y el sonido es magnífico. (Con todo, me preocupa la tendencia a animar todo por computadora –hay todavía tanto por hacer con métodos tradicionales cuya gracia radica justamente en no crear efectos “hiper-reales” –y ciertamente el 3-D dejó mucho qué desear a comparación de la archimultimillonaria “Avatar”, sobre la cual probablemente ahondaré en otro post.)

(De cualquier modo, me declaro impresionado por los avances tecnológicos y reflexiono más sobre la línea del tiempo del cine que me es contemporáneo. ¿Cuándo empezó esta corriente de cine espectacular, masivo, totalizador? Habrá quien argumente que Hollywood siempre ha sido igual de ambicioso y gastador, citando como ejemplos los musicales excesivamente coreografiados de los años treinta y las películas de romanos. Otros pondrán el parteaguas más cerca de la era de la PC; alrededor de 1977, por ejemplo, con Star Wars. Yo pienso que los puntos de inflexión más recientes están en 1994 –Jurassic Park –y 2000-2001 –con el inicio de las sagas de fantasía/superhéroes que nos persiguen hasta la fecha con secuelas y secuelas y secuelas: HP, LotR, Spider-Man, Batman, la propia Piratas del Caribe, etc.)

Si nos concentramos en el personal involucrado, creo que se decepcionarán sobre todo los que no hayan notado (o no hayan querido notar) ciertos patrones consolidándose en la última década. Disto de ser el experto en este tema entre mis amigos, pero creo saber suficiente del director y del primer actor como para saber qué cosas bien cimentadas esperar y (sobre todo) qué novedades NO esperar. Depp es un actor harto versátil y carismático, pero lleva diez años reinventándose dentro de parámetros definidos  (a veces para bien, a veces para mal) y es natural que llegue a un límite personal y que ahora quiera explotar su status sin mayor aventura. Burton, por el contrario, lleva diez años sacando material que es, para decirlo cortesmente, débil y a veces deplorable (como en el caso del remake sin sentido de “Planet of the Apes”) –sobre todo si lo comparamos con las grandes cintas que lo llevaron al estrellato (Batman y Batman Returns, por ejemplo). Ésta es, en cierto sentido, su mejor y más consistente película en buen rato (quizá porque la adaptación del guión no fue sólo suya).

Se admiten comentarios, sobre todo con respecto a la relativamente aclamada Sweeney Todd –personaje cuya caracterización es igual de ambigua e incompleta que la del Sombrerero Loco, si lo piensan. (Por cierto, para empezar con la trivia: ¿sabían que uno de los villanos de Batman comic y Batman serie sesentera camp era el Sombrerero Loco?)

Muchos villanos del mundo Batman (yo calculo que son más de trescientos) probablemente nunca saldrán en un largometraje... y con razón, creo yo.

Muchos villanos del mundo Batman (yo calculo que son más de trescientos) probablemente nunca saldrán en un largometraje... y con razón, creo yo.

Para que se den una idea de este nuevo film: en Alice 2010 de Burton se combinan 1) el humor oscuro de siempre –aunque (sorprendentemente) esta vez sentí que faltaron atrevimientos sombríos –, 2) la estética fantástico-inocentona de “Big Fish” (film que a mí me pareció irrelevante, por cierto, a pesar de algunas buenas caracterizaciones), y 3) algunos “nods” dirigidos a la época “clásica ochentera” en la que Burton dibujaba decenas de personajes monstruosos, desadaptados, inseguros, pero ante todo originales, que ahora son simplemente reciclados. (Por ejemplo, Depp literalmente “tijeretea” el vestido miniatura de Alicia en cuestión de segundos y con gran maestría, para después perder todo interés en su trabajo –porque se vuelve forzado –y explotar en un arrebato de ira maniática. Todo encaja cual guante en el molde Edward Scissorhands.)

(Las nuevas creaciones monstruosas también dejan algo qué desear: los perros que hablan son sólo eso, perros que hablan; el Bandersnatch rayado con lengua de fuera parece salido de “Yellow Submarine” de 1968; y el Jabberwocky es, como bien señaló el compañero Makio, un Nazgul de Peter Jackson. Un jabberwocky,  por cierto, (EL jabberwocky, más bien) NO es un dragón; tiene elementos de lagartija voladora, pero es más “ambiguo” que eso en su descripción.) Cuando Terry Gilliam sacó la película Jabberwocky (su primer proyecto sin Monty Python) pensó en algo como esto:

Otra versión --también convencional --del monstruo. Las lecturas lógico-matemáticas de Through the Looking Glass no ven al "Jabberwock" como "algo" o "alguien", sino como un reto tan indeterminado y sin sentido como el poema que lleva su nombre. El jabberwocky es como la solución que no se ha encontrado para una proposición matemática después de décadas de lucha.

Otra versión --también convencional --del monstruo. Las lecturas lógico-matemáticas de Through the Looking Glass no ven al "Jabberwock" como "algo" o "alguien", sino como un reto y una amenaza tan indeterminada y sin sentido como el poema que lleva su nombre. El jabberwocky es como la solución que no se ha encontrado para una de esas proposiciones matemáticas aparentemente obvias después de décadas de "batalla campal".

Así que, en efecto, ésta es una típica película de Tim Burton, con Helena Bonham-Carter “actuando” de bruja opresora irascible y con Danny Elfman haciendo de las suyas con sus seducciones rítmicas en las escenas de acción, para carcajada de varios miembros de la Sesión que fuimos a ver la película juntos. (Para unirse al chiste local, querido lector, basta con buscar “Tim Burton’s Formula” en la página de College Humor.com)

http://www.collegehumor.com/video:1929453

“Nada nuevo”, “poca osadía”. Ciertamente pudo haber más riesgos y reinvenciones grotescas: los niños aguantan lo que sea hoy día y –”no nos hagamos tarugos”, como decía el Chavo –estas películas ya no son para niños: son para los niños interiores de adultos inmaduros como tú y como yo que exigen exentricidades. Para empezar, consideren que hace ya más de diez años salió un tétrico juego de video en el que Alicia volvía a un amenazante mundo de las pesadillas:

Sí, también me gustan los videojuegos. ¿Y qué?

Sí, también me gustan los videojuegos. ¿Y qué?

Y sin embargo, a pesar de los clichés esperados, sentí cierta frescura del director, cierto gusto especial que deriva en algo a ratos encantador (aunque no por ello debe dejar de considerearse un proyecto desaprovechado in toto). ¿Cómo decir esto de otro modo? Burton se sentía todavía más artificial haciendo recreaciones radicalmente lúgubres de cuentos fantásticos de otro tipo que quizá no eran los más adecuados, como Willy Wonka y Sleepy Hollow (historia de la cual, por cierto, hay una adaptación en caricatura Disney de 1949 que es fiel, aceptable y que probablemente pocos conocerán; lleva el título de “The Adventures of Ichabod and Mr. Toad”). Por el contrario, creo que Burton aquí se sintió simultáneamente 1) liberado de su necesidad de hacer una reinvención extrema para probar algo nuevo, 2) gozoso de poder jugar con personajes más “elementales”, más “icónicos”, y 3) retado por tener que recrear y dar secuela a un celebérrimo (aunque no por ello leído necesariamente) cuento de “niños” –quizá el primero que se definió como tal en la literatura inglesa contemporánea.

(Esto es interesante y ameritaría más de mi parte: los cuentos “de niños” son una invención muy moderna; muchas de las historias que llamamos hoy infantiles no lo fueron durante siglos. Pero dejaremos esta cuestión para otro post.)

Es de esta última faceta –Alicia como historia –de la cual quiero hablar ahora. ¿Es ésta una buena adaptación y, sobre todo, una mejor o peor que otras? Difícil decir, a pesar de que (o precisamente porque) hay pocos libros que se hayan llevado tantas veces a la pantalla grande.  Sin contar montajes teatrales hay al menos doce largometrajes actuados de Alicia en el País de las Maravillas y muchas versiones (completas, editadas o adaptadas) en caricatura.

(De hecho, que yo sepa, Through the Looking Glass tiene su única adaptación casi completa –con casi todo el recorrido del tablero de ajedrez –en este último formato, la caricatura; creo que es de 1995. Y por cierto, para seguir con la trivia, Walt Disney (la persona) elaboró alguna vez decenas de cortos de “Alicia” en un fumadísimo mundo de las maravillas antes de ganarse la lotería con Mickey Mouse en los años veinte. Así que Walt se había “apropiado” del personaje mucho antes de la ingeniosa tonadita del “Feliz, feliz no cumpleaños”.)

Qué curioso: Alicia, una actriz real, entraba al mundo de las maravillas de las caricaturas. Walt tenía un estilo torpe y ya desde entonces le pagaba mal a sus artistas (¿explotación infantil, anyone?), pero no se puede decir que no tenía visión.

Qué curioso: Alicia, una actriz real, entraba al mundo de las maravillas en caricatura. Walt tenía un estilo torpe y ya desde entonces le pagaba mal a sus artistas (¿explotación infantil, anyone?), pero no se puede decir que no tenía visión. (Sin embargo, Max Fleischer y otros ya habían combinado animación y gente unos cuantos años antes.)

Yo no he visto ni la mitad de las películas de Alicia. Propongo conseguirlas y organizar un maratón porque se ven GENIALES. Tan sólo consideren que una versión es del genio animador checo Jan Svankmajer (1988), o que podemos toparnos con escenas encantadoras como ésta de ¡1910!

Awwwwwwwwwwwwwwwww. (Cute)

Awwwwwwwwwwwwwwwww. (Cute)

A pesar de no haber visto todas las películas, una investigación superficial me lleva a suponer que las versiones en blanco en negro, de ser originales, no lo fueron por el rediseño de personajes, que en general (y como hoy) se apegaron más o menos  a los íconos desarrollados en el siglo diecinueve (y que, curiosamente, Disney casi no cambió, como suele hacerlo casi siempre).

La imagen original de John Tenniel ¡de 1864-5! Este estilo ha acompañado a los libros por más de cien años.

El estilo de John Tenniel (1864) ha acompañado los libros por 150 años.

Revamp de Peter Newell a fines de los 1890s.

"Revamp" de Peter Newell a fines de los 1890s. Las poses son casi idénticas a las de Tenniel.

Fiesta del té imaginada por el legendario Arthur Rackham ¡en 1907! ¿Alguien duda el significado de "clásico"?

Fiesta del té "vuelta a imaginar" por el legendario Arthur Rackham en 1907. Ya entonces había un parámetro "clásico".

¿A ver cuántos se sabían ésta? Brooke Shields (jovencísima) fue la invitada más joven del show de los Muppets, y todos sus sketches fueron como Alicia.

¿A ver cuántos se sabían ésta? Brooke Shields (alguna vez una niña tierna) fue la invitada más joven del show de los Muppets, y todos sus sketches fueron como Alicia. Gonzo era el sombrero loco (no shit, Sherlock).

La idea es la misma, a pesar de la sensación "animalitos en el bosque", herencia de Blanca Nieves.

La idea es la misma, a pesar de la sensación "animalitos en el bosque", herencia de Blanca Nieves.

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Esta perspectiva histórico-visual no sólo sirve para llenar mi blog de dibujitos (lo cual me hace muy feliz :P ), sino que verdaderamente pone las cosas en perspectiva. Incluso si la recreación de Burton pudo ser mejor, concedámosle que pocos se han atrevido a hacer la mitad de lo que él propone. (En este sentido, apruebo la propuesta general del mismo modo que apruebo los revamps de Sherlock Holmes y James Bond: con entendimiento de que el público pide imágenes como las que estamos obteniendo, pero con el conocimiento de lo que ha habido antes y de todo lo mejor que podría llegar a ser.) Con todo, encuentro criticable (PRECAUCIÓN: SPOILERS): que el Conejo Blanco haya dejado de ser un neurótico y sea más bien un PUSSY; que el Dodo sólo salga al principio y no tenga ninguna frase relevante; que el Gato Risón no se haya revelado como una deidad o algo todavía más fumado (pensé que iba a ser el malo) –aunque adoré la escena de la media luna; que la Liebre de Marzo se jale las orejas como Tribilín (parece tonta, no loca); y que no salieran personajes como el Carpintero y la Morsa (¡los que se comen a las ostritas! ¡no saben cómo me enternece eso todavía!), la Mock Turtle, la Duquesa con su bebé llorón o el senil Caballero Blanco (que debió ser el interés romántico natural de Alicia). En cuanto a acciones y momentos particulares lamenté que no hubiera rimas o acertijos inteligentes; que la Reina de Corazones no gritara convincentemente su frase característica (aunque su cabeza agrandada evoca bien las ilustraciones de Tenniel); y que Wonderland se mostrara como una Middle Earth despoblada, cuando el segundo libro nos da a entender que tiene poblaciones, locomotoras, barcos, etc. (¿quizá todos murieron en el incendio?).  Con lo demás no tuve problemas que me quiten el sueño, y a mí no me pareció mala la intervención de Anne Hathaway.

Al final, sin embargo, nuestro juicio de la adaptación debe centrarse en el guión y la historia. Aunque el primero sufre por razones diversas, comunes a muchas películas del género (dependencia absoluta en los elementos visuales, falta de diálogo y por tanto de caracterización, una aversión a hacer escenas continuas de más de tres o cuatro minutos), he de defender esta película por lo que se PROPUSO hacer con la historia (incluso si la ejecución fue deficiente). (¡MÁS SPOILERS!.) Esta Alicia de Burton es una media adaptación, porque cuenta lo que ocurre cuando nuestra heroína regresa al país de las maravillas después de trece años, como una señorita prácticamente adulta (a punto de casarse y ser infeliz) y sin un recuerdo claro de su primera visita al país de las maravillas. Algunas escenas en dicho país se reviven más o menos idénticas, otras son totalmente nuevas debido a que el país entero ha caído bajo la “tiranía de Corazones” (jeje) a la cual sólo le falta un último jaque mate para consolidarse: que la Reina de Corazones mate a la Reina Blanca.

(Por cierto, la dicotomía no es tan maniquea en Through the Looking Glass: las dos reinas son igual de exasperantes. Y por cierto: ¿sabían que la baraja original no siempre tuvo corazones. Pero bueno, ya voy a dejar de divagar por hoy.)

La idea me parece muy buena y conduce a consecuencias interesantes, algunas de las cuales sí están en la película, a pesar de que no se hacen muy explícitas. Por ejemplo, la Reina de Corazones quizá no grite tan convincentemente porque en el fondo está dudando de las ventajas de estar en la cima después de haber arrasado a sus enemigos y decapitado a su consorte: es un personaje en busca de amor que acaba traicionado (y al final muestra el sentimiento que contuvo durante toda una vida). ¡Ah! ¡Y Alicia! ¿Qué no hemos mencionado a Alicia en 25 párrafos? Bueno, ocurre que la chica no dice mucho en la película, pero yo lo interpreté (o racionalicé :P ) como un símbolo de madurez, de que el personaje lleva años aislado emocionalmente y en continua reflexión personal.

La pequeña Alicia de la historia original escapó a sus “sueños” una tarde de verano en que la desatención de sus padres y hermana le permitieron perseguir un conejo blanco

(el cual en los años sesenta fue interpretado como una droga que te lleva a un “rabbit hole” psicodélico. La idea fue de Grace Slick de Jefferson Airplane. Su canción “White Rabbit” está en el Surrealistic Pillow de 1967 y es una clara muestra del amor de los hippies por…..¡ya! ¡no más divagaciones!)

Si bien sabemos que Lewis Carroll era un hombre modesto que amaba a su familia y que escribió sus cuentos para jugar con la lógica y entretener a sus niñas (como el difunto padre de Alicia en la película), una relectura del libro me lleva a concluir que la niña del libro, más que soñadora y dispersa, es una niña triste, abandonada y aburrida cuyo último recurso es hablar con su gatita Dinnah. Durante la aventura, no pasa un sólo momento sin que la pequeñita deje de clamar por orden y razón ante las acciones y frases caóticas de los personajes que conoce. (La excepción es el Gato Risón, que siempre está más cuerdo de lo que parece.)

(¡Por cierto! Hablando de gatos risueños, ¿saben qué es un “lol cat”? ¡Yo aprendí hace poco! Es una imagen de…¡perdón! ¡divago! pero les dejo una foto…)

OFF WID HIZ HED!

OFF WID HIZ HED!

La niña bien educada y bien amaestrada (y bastante parlanchina –aunque ciertamente “polite”) no tiene más remedio que imponer la rígida mentalidad victoriana que ha heredado a mucho de lo que ve. Desde luego, Lewis Carroll pretendía poner en un pedestal intelectual a los niños, pintando un cuadro en el que éstos se vuelven verdaderos maestros de otros todavía más “niños” que ellos, como el Sombrerero. (En su idea fundamental lo apoyaré siempre: los niños no son tontos, gente.) También, claro, quería “echar a volar la imaginación”, pero el hecho de que al final Alicia se despierta (de una pesadilla, recuérdese), vuelve a la realidad y va a su casa a ser regañada nos deja bien en claro cuáles son los espacios apropiados para lo absurdo: los solitarios, somnolientos e inconscientes. (Alicia cumplirá el mismo ciclo en la segunda parte de la historia, sólo que esta vez siguiendo a su reflejo. ¿No les digo que la niña estaba aburrida…?)

Alicia “aprende” poco y “crece” poco en la historia original (a pesar de galletas, hongos y pócimas) porque el cuento es un escape sin trama verdadera. Alicia en el país de las maravillas es un juego sin moral o moraleja. Hay poca maduración del personaje a lo largo de sus pocas páginas porque ese personaje ya ha sido el más maduro desde el principio (y en sus propios términos, pues la niña está sola y no tiene a nadie cuerdo con quien compartir cualquier aprendizaje).

(Otra razón, por cierto –¡lo siento, lo siento! — por la cual Spirited Away de Miyazaki no es NADA como Alicia: Chihiro es una historia de total maduración personal y aceptación (¿confrontación?) de lo místico, Alicia una de negación de la realidad y juego momentáneo con lo irracional.)

Así pues, según la visión de Burton, Alicia lleva trece años plantada en la realidad después del viaje clásico. Ha crecido sin comprensión o amigos, sometida a las convenciones de su clase y su sexo y sin desarrollar un auténtico poder de decisión y, por tanto, una personalidad definida (¿de ahí su silencio?). El regreso al país de las maravillas se convierte entonces, ahora sí, en un viaje de crecimiento en el que el personaje aprende a hacer cosas según su propia convicción e intuición (aunque cierto rollo profético sirve de ayuda, y aunque la rendición sin explicación de las tropas enemigas es un tipo de deus ex machina). En el trayecto, Alicia se reencuentra con personajes que ya no le quedan tan “grandes” o “lejanos”, y que ya puede tratar como adultos. Es como si Burton sugiriera que una niñita que veía a adultos deschavetados se vuelve una joven mujer que ya comprende la necesidad adulta de comportarse alocadamente para evitar la verdadera locura (y ése es justamente el mensaje del padre cuando dice que “procura pensar en seis cosas imposibles antes del desayuno” o del Sombrerero cuando sabe que no hay respuesta a su adivinanza y se alegra por ello). El mejor ejemplo de lo anterior (sin contar el apego emocional que Alicia y el Sombrerero desarrollan): la Oruga deja de ser pedante y se convierte en un mentor comprensivo que renace cual mariposa. Alicia es como la joven que descubre que su abuelo tiene cosas interesantes qué decir, después de toda una infancia de ignorarlo o burlarse de él.

En fin, estoy seguro que ni el propio Burton pensó algunas de estas cosas, pero a mí me las hizo pensar y creo que eso amerita una calificación de “pase”. Eso sí, siempre hay manera de mejorar (esperamos otras versiones, garantizamos que las habrá). En todo caso, me sorprende que el sombrerero no haya cruzado al otro mundo al final para unirse como “corsario” a la tripulación del barco y como amante de la supuesta protagonista (muchos lo hubieran aprobado). Pero evidentemente Depp queda mejor como solitario chiflado y Alicia como una mujer independiente y en paz con sus fantasmas. Cheers for that.

(P.D. ¡Ah! Y no dejen de rentar en Blockbuster mi versión favorita de Alicia, y la más completa (creo), que se hizo en colaboración con Jim Henson Studios en 1999)

The Girl who Fell from the Sky

The Girl who Fell from the Sky

2-3 de marzo (2010)

“Scratch My Back”

La portada lo dice todo: sofisticación, reflexión, ternura amarga ("poignancy")

La portada lo dice todo: sofisticación, reflexión, ternura amarga y muy estudiada ("poignancy"), una pasión profunda que corre por las venas (es un eritrocito a fin de cuentas ¿no?)

Peter Gabriel (ex vocalista y compositor de Genesis 1967-1974, fundador de WOMAD, Real World Records y Witness) sacó hace una semana (y hoy en Norteamérica) el octavo “Peter Gabriel” –casi ocho años después del séptimo “Peter Gabriel” (el “Up” que originó el Growing Up Tour de 2002) y prácticamente treinta después del primer “Peter Gabriel” (el no oficialmente llamado “Car” de 1977).

¿Mucho Peter Gabriel? Lamentablemente no: PG es de esas personalidades muy solicitadas y a la vez conscientemente aisladas que se esmeran en dejar a su devoto público queriendo más, siempre más. (Lo bueno debe venir en cantidades moderadas, como una copita de chartreuse, pero el señor a veces se manda un poco.) Esa manía de “tomarse su tiempo” le ha venido creciendo con los años: en un principio, el todavía joven Rael-Mojo (dos de sus alter-egos) se sentía tan reconocido, talentoso y superior que ni siquiera consideraba importante ponerle título a sus discos; “Peter Gabriel” sería, según su creador homónimo, el equivalente a una revista literaria que sacaría diez nuevas canciones a un paso regular. Al principio logró su cometido: los primeros cuatro “volúmenes” (más uno en vivo) se integraron en un lapso de cinco años, dando como resultado dos “mezcolanzas” maravillosas (“Car” y “Scratch”), un clásico del art rock de los ochenta (“Melt”), y una de las primeras incursiones en la música “world” simultáneamente exitosa y popular (“Security”).

Después de eso, sin embargo, hubo problemas y transformaciones: Gabriel fue aclamado como una estrella pop (sin su consentimiento, creo) y eso llevó a predecibles (des)ajustes y malentendidos. Atravesó por un doloroso divorcio, se involucró en proyectos alternos (festivales de música, proyectos humanitarios, soundtracks, multimedia, promoción de artistas de otros países), y cedió ante las disqueras que exigían títulos individuales para “Peter Gabriel”. El quinto volumen se llamó “So” (seguido de “Us”, “Up” y, algún día, “I/O”)  con lo cual ya se imaginarán qué tipo de mente tiene PG: ingeniosa, contestataria, brillante, crecientemente exigente. En efecto, dadas las demandas que se ha impuesto en el estudio, cada uno de estos álbumes está separado por al menos siete años y por 20,000 leguas de transformación conceptual (uno fue un hit parade, otro un auto psicoanálisis, otro una muy malentendida y extraordinaria reinvención espiritual y de imagen).

Peter Gabriel: diva, perfeccionista. Todo se le perdona cuando resulta evidente que su talento no cede, que su buen gusto se refina y que todavía quedan artistas que se exigen y respetan incluso por encima de lo que demanden tanto alabadores como detractores. (Que digan lo que quieran. El hombre tiene material con el cual defender su status: en otro post hablaré de sus videos, sus soundtracks, sus espectáculos visionarios, su “Big Blue Ball”, su Nobel honorario, su codeo con Nelson Mandela, su reciente Grammy que no fue también Oscar porque ya sabemos cómo son esas cosas.)

Y ahora llega “Scratch My Back”, un álbum de covers de artistas viejos y nuevos (entre ellos Neil Young, Paul Simon, David Bowie, Randy Newman, Talking Heads, Arcade Fire y Radiohead) que presuntamente vendrá seguido de una contraparte (“I’ll Scratch Yours”) con covers de PG (y se rumora que del Genesis “clásico”) interpretados por dichos artistas. La respuesta inmediata ha sido polémica y a veces tajante: sondeando las críticas, uno se encuentra o con seguidores ciegamente fieles o con comentarios devastadores. Más de la mitad opina que 1) el disco es depresivo, 2) las canciones son depresivas, 3) el hecho de que esperamos tanto por “esto” es depresivo, 4) queremos canciones originales (aunque un buen cover es, en cierto sentido, una canción original: pensemos en “A Little Help from My Friends” de Joe Cocker –el cover de la canción clásica de los Beatles con el que iniciaba “The Wonder Years”), 5) es un sacrilegio hacer covers con una orquesta de cámara y piano sin nada de guitarras o batería, 6) “qué hueva sentarse a meditar”.

No voy a caer en la inmediatez. Ya escuché el disco dos veces, pero no voy a decir cosas definitivas sin dejar pasar un buen rato. Aun así, tenía que escribir algo porque me está encantando. Apruebo el concepto, las canciones, el estilo “devastador” con el cual las abordó y, sobre todo, el deseo del “autor” de reinventarse y de reinventar las piezas de forma que se aprecien los “huesos desnudos” de ambos. La letra irónica de una canción como “Boy in the Bubble” en cierto sentido estaba perdida (o diluída) en su bailable versión original de 1983 (en “Graceland”, otro disco fundamental de la “world music”), y es este NUEVO tono “depresivo” (pero que se vuelve “hermoso”, según yo, después de varias escuchadas) el que le saca su verdadero significado al texto de Simon.

Los críticos de "Boy in the Bubble" olvidan que el propio autor de esa canción se reinventó completamente en este disco en el que sus letras ya conocidas (desde Simon y Garfunkel) fueron ahora acompañadas por ritmos y coros sudafricanos. A la fecha todavía no sé si Simon estaba siendo irónico o realmente encontró su tierra prometida en ese mundo musical. (Simon fue el primer occidental en volver a tocar en Sudáfrica a pesar del apartheid, por cierto.)

Los críticos de "The Boy in the Bubble" de PG olvidan que el propio autor de esa canción se reinventó radicalmente en este disco, en el que su ya conocido estilo poético (desde Simon y Garfunkel) estuvo ahora acompañado de ritmos y coros sudafricanos (Ladysmith Black Mambazo). A la fecha todavía no sé si Simon estaba siendo irónico o si realmente encontró (temporalmente) una tierra prometida en tal mundo musical. (Simon fue el primer occidental en volver a armar un concierto en Sudáfrica a pesar del apartheid, y con eso ayudó a "internacionalizar" y concientizar ese problema.)

¿Sombrío? Sí. ¿No para escuchas casuales y no iniciados? For sure. ¿Monótono? A ratos, sobre todo al final, cuando se cae un poco. Pero son la osadía, la calidad y la calidez sutil (que tarda en madurar en nuestro interior –pero que eventualmente florece) lo que hace a un servidor sonreír, poner el disco otra vez, y rogar porque no pasen otros siete años antes de que venga más, más, más “Peter Gabriel” por favor!

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