Dante's Last Ice Cream

August 13, 2014

Begin Again (2014)

Filed under: Reseña — AGS @ 5:36 am

Acabo de salir del cine aquí en Westwood. No hay nada mejor que tener tres cines a la vuelta de la casa.

Por equivocación entramos a esta película semi-romántica, de aspiraciones de cine independiente. No estuvo mal. Tampoco hay mucho que decir. Vayan si quieren pasar el rato o ver una historia ligera, predecible, con alguna personita especial. La película trata de dos personajes en una encrucijada emocional que se re-descubren mediante la música. Ella es una cantautora al estilo de Katie Melua que corta con su novio, una estrella britpop. Él es un productor de discos cuya vida está en ruinas. Colmados por el mundo de las MALVADAS compañías disqueras, deciden grabar un disco artesanal en las calles de Nueva York. El resto es obvio, no lo arruino.

El estilo musical podría ser catalogado como hipster, pero no es otra cosa que el género adulto contemporáneo de nuestra era. Algo análogo se usó en la película “Her” del año pasado (lo que cantaba Siri/Scarlett Johansson).

Lo que me llamó la atención es lo que llamo el “fenómeno Glee”. No sé si recuerden, pero hace ya muchos posts (algo así como en 2010) me quejé de una tendencia cinematográfica que no me gusta. Comentaba que muchos videos musicales muestran SIMULACROS MALOS de ejecución musical. Es decir, cierto video de gente tocando o cantando se usa para evocar la idea de que alguien hace música en vivo, pero lo que escuchamos es una grabación de estudio que difícilmente podría emanar de los ejecutantes, o que en ocasiones ni siquiera le corresponde a lo que se observa. (En Glee esto pasa casi todo el tiempo. Se supone que los intérpretes no son profesionales y que en muchas ocasiones se están equivocando. En otras, se supone que el esfuerzo de la práctica ha dado buenos resultados. Sin embargo, lo que se escucha siempre es algo profesional y musicalmente apartado de la labor que se describe.)

Suelo dejar pasar esto, pero en esta película lo debo comentar. El argumento de Begin Again es que las grandes producciones ocultan la esencia emocional de la música y la producción personal del compositor. (Es un argumento viejísimo.) El propósito de grabar en una estación de metro, en el techo de un edificio, en un callejón con niños jugando, etc., es permitir que la banda suene espontánea, que los sonidos ambientales se mezclen con las canciones. (Hoy día está de moda el “arte sonoro”. Hay cantidad de exposiciones de esto en museos de arte contemporáneo; en esto derivó el concepto de “música ambiental” de los años setenta.)

Romanticismo gastado, pues. Lo que se privilegia es una supuesta autenticidad musical que emana de un espíritu emprendedor en comunión con el entorno y el pueblo, el ahora ubicuo 99%. Nada sorprendentemente, al final de la película, la cantautora (Keira Knightley) decide subir su disco a Soundcloud y venderlo por un dólar. (Para producirlo tuvo la suerte de contar con la ayuda de media docena de jóvenes músicos altruistas que no cobraron nada, ya fuese por fe ciega en el proyecto o por un deseo de formar hermandad.) Desde luego, todo sale bien y hay miles de descargas casi instantáneamente. Todos ganan excepto la malvada disquera. Up yours, 1%!

Todos hemos escuchado una versión de esta novedosa tendencia democrática, a veces exitosa. Suele venir acompañada de elogios populistas. Kickstarter… La pseudo revolución Twitter en Medio Oriente en 2011… Esta plática que dio Amanda Palmer para TED:

Con todos mis asegunes, me parece bien que se defienda una producción cultural más espontánea, flexible y democrática. ¿Por qué, entonces, el director de la película no es congruente con esos valores? ¿Por qué en vez de la supuesta música rústica de la banda nos ponen una pista de estudio tan sobre producida como cualquier otra? En esta película no experimentamos casi en ningún momento una sincronización audiovisual convincente. Simplemente nos venden la IDEA de que un sonido “auténticamente emotivo” está siendo producido por los personajes de la película. La forma de lograr la asociación es por medio de canciones como las que les acabo de compartir. O sea, la trova sigue siendo el sonido que se imagina como aquél anhelado y producido por el pueblo, por los jóvenes espontáneos de ideas revolucionarias… pero bien portados a fin de cuentas.

No acepto que me digan que “es sólo una película”. Precisamente porque es una película, más cosas son posibles. En muchos casos (no en éste) se usan equipos y estilos cinematográficos burdos que son congruentes con una trama que involucra a jóvenes inconformes con el sistema. (O sea, en lo que se llama cine de arte. Vean la película Funny Ha Ha de 2002.) Lo mismo podría hacerse con la pista sonora.

En cierto momento, el productor (Mark Ruffalo) manda al diablo a su socio capitalista y decide dirigir el disco enteramente por su cuenta. Dice algo así como “hoy día tenemos una Mac y buenos micrófonos, es todo lo que necesitamos”. Montan un estudio de grabación con cables caseros. No dudo que esto sea posible. Sin embargo ¿el resultado va a ser tan espontáneo al final del día? ¿No acabaremos con un sonido artesanal estándar facilitado por el software de Mac y compañía? ¿Toleraríamos en verdad un sonido artesanal imperfecto, con todos sus encantos y deficiencias? ¿O nos hemos acostumbrado ya a los simulacros?

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