Dante's Last Ice Cream

January 10, 2013

Sophie’s Choice (1982)

Filed under: Reseña — AGS @ 11:22 pm

Se seguirá salvando del olvido durante muchos años gracias a la destacada actuación de Meryl Streep, una actriz que ha sido alabada en exceso pero que en este caso se desempeña a la perfección como Sophie. Para interpretar a una inmigrante polaca en Estados Unidos aprendió a decir frases en alemán, francés e inglés con acento polaco. Las enuncia muy convincentemente.

Los otros dos personajes no están tan bien logrados, pero se contagian de la energía de Streep y se vuelven convincentes. Por un lado está el galán energético: una fuerza de la naturaleza que, para su desgracia, sufre de trastorno bipolar y se lleva a su prometida Sophie entre las patas. Por otro lado está el narrador y protagonista: un escritor callado, sureño, que se enamora de Sophie y la utiliza como su musa. En este triángulo amoroso se nos va la mayor parte de la película, en “tiempo presente” (c. 1955-1960). Dos jóvenes estadounidenses han crecido en un país pacífico, aburrido, y no pueden desentrañar los enigmas y las dolencias de Sophie, que es casi casi una extraterrestre venida del Viejo Mundo aún devastado por la guerra.

La película se vuelve mucho más interesante a la mitad, cuando decide mostrarnos retazos del “tiempo anterior“. Sophie está aterrada con los fantasmas de su pasado y por eso no puede convencerse ni de vivir en paz, ni de establecerse, ni de contraer matrimonio, ni de tener hijos otra vez en Estados Unidos. En flashbacks vemos las causas de esta pesadumbre. Para sorpresa de todos, Sophie no fue una víctima más de los campos de concentración, sino la hija de uno de los académicos que defendieron el holocausto judío en Alemania. Se salvó gracias a su refinada educación burguesa y a una terrible decisión –Sophie’s Choice– que es demasiado impactante como para que una reseña se las arruine.

Vista en conjunto, la película es algo defectusa porque no logra unir a la perfección sus dos mitades. La Sophie de los años cuarenta no explica del todo a la del presente. El argumento subyacente parece ser que un trauma puede ser tan intenso que ni siquiera el propio mártir puede desentrañarse a si mismo sin destruirse en el proceso.

Esto me recuerda mucho a esa otra historia que ha tomado el lugar de Sophie’s Choice (y del Diario de Ana Frank, etc.) como LA obra de arte acerca de la Segunda Guerra Mundial y la memoria individual. Me refiero a “Maus“, la novela gráfica de Art Spiegelman en la que los judíos son ratones, los alemanes son gatos y los polacos son cerdos. En esa otra historia también hay dos momentos históricos inconexos. El protagonista, un joven escritor (que también es el autor) está tratando de unir esos dos momentos mediante testimonios incompletos y una que otra mentirita que con los años se ha convertido en hecho. A lo largo del recorrido, el escritor logra comprender las manías de su padre al relacionarlas con eventos que ocurrieron en el campo de concentración. En cambio, el escritor es incapaz de entender la depresión que desembocó en el suicidio de su madre (ya en Estados Unidos, mucho después de la liberación de 1945). No ayuda el hecho de que el papá quemó las cartas y documentos de ella años antes. Pero la verdadera razón de ser del enigma es que la mamá –como Sophie– era una mujer impenetrable, volcada hacia adentro, aniquilada espiritualmente a pesar de haber sobrevivido materialmente. (¿Sabían, por cierto, que este tema de la memoria distorsionada como fuente de la historia está muy de moda en la academia?)

El tema central es la idea de que los sobrevivientes de la guerra callan 85% de sus vivencias. Simplemente no las quieren contar.

La ironía es que el sufrimiento de los europeos durante los años del nazismo es probablemente el que más se conoce de todos. Está demasiado representado en todos los medios y a nivel mundial. Habrá quien me diga que el sufrimiento es universal, y que el mensaje de Sophie’s Choice y de Maus se puede extender a todas las guerras y todas las épocas. Pero no me convencería. Una y otra vez en Occidente queremos recrear el dolor de un solo holocausto, no el de otros.

Como las generaciones cambian y el público se aburre, el tema se ha tenido que abordar de formas distintas con el paso del tiempo. I. La Segunda Guerra Mundial se recordaba como vivencia en el cine de la guerra y la posguerra, con bravura y mucha propaganda. II. Luego, en los sesenta y sesenta, llegaron las revisiones y las lecturas ambiguas y críticas (de la Segunda, de Corea, de Vietnam). III. Finalmente, a partir de los años noventa entramos en la etapa de la remembranza (memorial) y añoranza (i.e. la era de Spielberg, un director que ya no trata la guerra como una historia personal sino como legado nacional o colectivo). Sophie’s Choice y Maus están en la frontera entre las etapas II y III. Son productos modernos que alcanzan todavía a esbozar algo autobiográfico perdido en la neblina. Llegan a un equilibrio entre el padecimiento real y el mito. Por eso gustan: por un lado ya no lidian directamente con los avatares directos y evidentemente incómodos de la lucha armada (brazos por aquí, sangre por allá); por otro, todavía le dan un toque realista y humano a las secuelas indirectas de las masacres. (Películas posteriores simplemente “manufacturan” o “hiperbolizan” la sensación de esos dolores: Schindler’s List, Private Ryan, Band of Brothers, Forrest Gump, etc).

La historia cinemática de los judíos y la Segunda Guerra Mundial ha sido privilegiada y se ha permitido el lujo de evolucionar en nuestro pensar colectivo. No así la de las otras decenas y decenas de guerras contemporáneas que deberían interesarnos porque nos tocan de alguna u otra forma. Así como Sophie’s Choice exploraba las prerrogativas que tenían los sobrevivientes para callar en vista de que suficiente dolor se había mostrado y relatado, otras películas casi llegan al extremo de gritarnos para que alguien se digne a poner atención a guerras que apenas están en sus etapas de exploración histórica y mediática. Pienso por ejemplo en The Killing Fields (Cambodia), Hotel Rwanda, varias de los Balcanes.

Sophie’s Choice estaba bien en 1982. Pero que se siga meditando en el episodio de 1943-5 así de solemnemente treinta años después comienza a parecerme una forma de dogma religioso –sobre todo cuando hay mucho sufrimiento más relevante y contemporáneo. Es hora de empezar a explorar el resto del mundo. Miles de personas no tienen el lujo de recordar: todavía están gritando en el campo de batalla.

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