Dante's Last Ice Cream

August 13, 2014

Begin Again (2014)

Filed under: Reseña — AGS @ 5:36 am

Acabo de salir del cine aquí en Westwood. No hay nada mejor que tener tres cines a la vuelta de la casa.

Por equivocación entramos a esta película semi-romántica, de aspiraciones de cine independiente. No estuvo mal. Tampoco hay mucho que decir. Vayan si quieren pasar el rato o ver una historia ligera, predecible, con alguna personita especial. La película trata de dos personajes en una encrucijada emocional que se re-descubren mediante la música. Ella es una cantautora al estilo de Katie Melua que corta con su novio, una estrella britpop. Él es un productor de discos cuya vida está en ruinas. Colmados por el mundo de las MALVADAS compañías disqueras, deciden grabar un disco artesanal en las calles de Nueva York. El resto es obvio, no lo arruino.

El estilo musical podría ser catalogado como hipster, pero no es otra cosa que el género adulto contemporáneo de nuestra era. Algo análogo se usó en la película “Her” del año pasado (lo que cantaba Siri/Scarlett Johansson).

Lo que me llamó la atención es lo que llamo el “fenómeno Glee”. No sé si recuerden, pero hace ya muchos posts (algo así como en 2010) me quejé de una tendencia cinematográfica que no me gusta. Comentaba que muchos videos musicales muestran SIMULACROS MALOS de ejecución musical. Es decir, cierto video de gente tocando o cantando se usa para evocar la idea de que alguien hace música en vivo, pero lo que escuchamos es una grabación de estudio que difícilmente podría emanar de los ejecutantes, o que en ocasiones ni siquiera le corresponde a lo que se observa. (En Glee esto pasa casi todo el tiempo. Se supone que los intérpretes no son profesionales y que en muchas ocasiones se están equivocando. En otras, se supone que el esfuerzo de la práctica ha dado buenos resultados. Sin embargo, lo que se escucha siempre es algo profesional y musicalmente apartado de la labor que se describe.)

Suelo dejar pasar esto, pero en esta película lo debo comentar. El argumento de Begin Again es que las grandes producciones ocultan la esencia emocional de la música y la producción personal del compositor. (Es un argumento viejísimo.) El propósito de grabar en una estación de metro, en el techo de un edificio, en un callejón con niños jugando, etc., es permitir que la banda suene espontánea, que los sonidos ambientales se mezclen con las canciones. (Hoy día está de moda el “arte sonoro”. Hay cantidad de exposiciones de esto en museos de arte contemporáneo; en esto derivó el concepto de “música ambiental” de los años setenta.)

Romanticismo gastado, pues. Lo que se privilegia es una supuesta autenticidad musical que emana de un espíritu emprendedor en comunión con el entorno y el pueblo, el ahora ubicuo 99%. Nada sorprendentemente, al final de la película, la cantautora (Keira Knightley) decide subir su disco a Soundcloud y venderlo por un dólar. (Para producirlo tuvo la suerte de contar con la ayuda de media docena de jóvenes músicos altruistas que no cobraron nada, ya fuese por fe ciega en el proyecto o por un deseo de formar hermandad.) Desde luego, todo sale bien y hay miles de descargas casi instantáneamente. Todos ganan excepto la malvada disquera. Up yours, 1%!

Todos hemos escuchado una versión de esta novedosa tendencia democrática, a veces exitosa. Suele venir acompañada de elogios populistas. Kickstarter… La pseudo revolución Twitter en Medio Oriente en 2011… Esta plática que dio Amanda Palmer para TED:

Con todos mis asegunes, me parece bien que se defienda una producción cultural más espontánea, flexible y democrática. ¿Por qué, entonces, el director de la película no es congruente con esos valores? ¿Por qué en vez de la supuesta música rústica de la banda nos ponen una pista de estudio tan sobre producida como cualquier otra? En esta película no experimentamos casi en ningún momento una sincronización audiovisual convincente. Simplemente nos venden la IDEA de que un sonido “auténticamente emotivo” está siendo producido por los personajes de la película. La forma de lograr la asociación es por medio de canciones como las que les acabo de compartir. O sea, la trova sigue siendo el sonido que se imagina como aquél anhelado y producido por el pueblo, por los jóvenes espontáneos de ideas revolucionarias… pero bien portados a fin de cuentas.

No acepto que me digan que “es sólo una película”. Precisamente porque es una película, más cosas son posibles. En muchos casos (no en éste) se usan equipos y estilos cinematográficos burdos que son congruentes con una trama que involucra a jóvenes inconformes con el sistema. (O sea, en lo que se llama cine de arte. Vean la película Funny Ha Ha de 2002.) Lo mismo podría hacerse con la pista sonora.

En cierto momento, el productor (Mark Ruffalo) manda al diablo a su socio capitalista y decide dirigir el disco enteramente por su cuenta. Dice algo así como “hoy día tenemos una Mac y buenos micrófonos, es todo lo que necesitamos”. Montan un estudio de grabación con cables caseros. No dudo que esto sea posible. Sin embargo ¿el resultado va a ser tan espontáneo al final del día? ¿No acabaremos con un sonido artesanal estándar facilitado por el software de Mac y compañía? ¿Toleraríamos en verdad un sonido artesanal imperfecto, con todos sus encantos y deficiencias? ¿O nos hemos acostumbrado ya a los simulacros?

January 10, 2013

Sophie’s Choice (1982)

Filed under: Reseña — AGS @ 11:22 pm

Se seguirá salvando del olvido durante muchos años gracias a la destacada actuación de Meryl Streep, una actriz que ha sido alabada en exceso pero que en este caso se desempeña a la perfección como Sophie. Para interpretar a una inmigrante polaca en Estados Unidos aprendió a decir frases en alemán, francés e inglés con acento polaco. Las enuncia muy convincentemente.

Los otros dos personajes no están tan bien logrados, pero se contagian de la energía de Streep y se vuelven convincentes. Por un lado está el galán energético: una fuerza de la naturaleza que, para su desgracia, sufre de trastorno bipolar y se lleva a su prometida Sophie entre las patas. Por otro lado está el narrador y protagonista: un escritor callado, sureño, que se enamora de Sophie y la utiliza como su musa. En este triángulo amoroso se nos va la mayor parte de la película, en “tiempo presente” (c. 1955-1960). Dos jóvenes estadounidenses han crecido en un país pacífico, aburrido, y no pueden desentrañar los enigmas y las dolencias de Sophie, que es casi casi una extraterrestre venida del Viejo Mundo aún devastado por la guerra.

La película se vuelve mucho más interesante a la mitad, cuando decide mostrarnos retazos del “tiempo anterior“. Sophie está aterrada con los fantasmas de su pasado y por eso no puede convencerse ni de vivir en paz, ni de establecerse, ni de contraer matrimonio, ni de tener hijos otra vez en Estados Unidos. En flashbacks vemos las causas de esta pesadumbre. Para sorpresa de todos, Sophie no fue una víctima más de los campos de concentración, sino la hija de uno de los académicos que defendieron el holocausto judío en Alemania. Se salvó gracias a su refinada educación burguesa y a una terrible decisión –Sophie’s Choice– que es demasiado impactante como para que una reseña se las arruine.

Vista en conjunto, la película es algo defectusa porque no logra unir a la perfección sus dos mitades. La Sophie de los años cuarenta no explica del todo a la del presente. El argumento subyacente parece ser que un trauma puede ser tan intenso que ni siquiera el propio mártir puede desentrañarse a si mismo sin destruirse en el proceso.

Esto me recuerda mucho a esa otra historia que ha tomado el lugar de Sophie’s Choice (y del Diario de Ana Frank, etc.) como LA obra de arte acerca de la Segunda Guerra Mundial y la memoria individual. Me refiero a “Maus“, la novela gráfica de Art Spiegelman en la que los judíos son ratones, los alemanes son gatos y los polacos son cerdos. En esa otra historia también hay dos momentos históricos inconexos. El protagonista, un joven escritor (que también es el autor) está tratando de unir esos dos momentos mediante testimonios incompletos y una que otra mentirita que con los años se ha convertido en hecho. A lo largo del recorrido, el escritor logra comprender las manías de su padre al relacionarlas con eventos que ocurrieron en el campo de concentración. En cambio, el escritor es incapaz de entender la depresión que desembocó en el suicidio de su madre (ya en Estados Unidos, mucho después de la liberación de 1945). No ayuda el hecho de que el papá quemó las cartas y documentos de ella años antes. Pero la verdadera razón de ser del enigma es que la mamá –como Sophie– era una mujer impenetrable, volcada hacia adentro, aniquilada espiritualmente a pesar de haber sobrevivido materialmente. (¿Sabían, por cierto, que este tema de la memoria distorsionada como fuente de la historia está muy de moda en la academia?)

El tema central es la idea de que los sobrevivientes de la guerra callan 85% de sus vivencias. Simplemente no las quieren contar.

La ironía es que el sufrimiento de los europeos durante los años del nazismo es probablemente el que más se conoce de todos. Está demasiado representado en todos los medios y a nivel mundial. Habrá quien me diga que el sufrimiento es universal, y que el mensaje de Sophie’s Choice y de Maus se puede extender a todas las guerras y todas las épocas. Pero no me convencería. Una y otra vez en Occidente queremos recrear el dolor de un solo holocausto, no el de otros.

Como las generaciones cambian y el público se aburre, el tema se ha tenido que abordar de formas distintas con el paso del tiempo. I. La Segunda Guerra Mundial se recordaba como vivencia en el cine de la guerra y la posguerra, con bravura y mucha propaganda. II. Luego, en los sesenta y sesenta, llegaron las revisiones y las lecturas ambiguas y críticas (de la Segunda, de Corea, de Vietnam). III. Finalmente, a partir de los años noventa entramos en la etapa de la remembranza (memorial) y añoranza (i.e. la era de Spielberg, un director que ya no trata la guerra como una historia personal sino como legado nacional o colectivo). Sophie’s Choice y Maus están en la frontera entre las etapas II y III. Son productos modernos que alcanzan todavía a esbozar algo autobiográfico perdido en la neblina. Llegan a un equilibrio entre el padecimiento real y el mito. Por eso gustan: por un lado ya no lidian directamente con los avatares directos y evidentemente incómodos de la lucha armada (brazos por aquí, sangre por allá); por otro, todavía le dan un toque realista y humano a las secuelas indirectas de las masacres. (Películas posteriores simplemente “manufacturan” o “hiperbolizan” la sensación de esos dolores: Schindler’s List, Private Ryan, Band of Brothers, Forrest Gump, etc).

La historia cinemática de los judíos y la Segunda Guerra Mundial ha sido privilegiada y se ha permitido el lujo de evolucionar en nuestro pensar colectivo. No así la de las otras decenas y decenas de guerras contemporáneas que deberían interesarnos porque nos tocan de alguna u otra forma. Así como Sophie’s Choice exploraba las prerrogativas que tenían los sobrevivientes para callar en vista de que suficiente dolor se había mostrado y relatado, otras películas casi llegan al extremo de gritarnos para que alguien se digne a poner atención a guerras que apenas están en sus etapas de exploración histórica y mediática. Pienso por ejemplo en The Killing Fields (Cambodia), Hotel Rwanda, varias de los Balcanes.

Sophie’s Choice estaba bien en 1982. Pero que se siga meditando en el episodio de 1943-5 así de solemnemente treinta años después comienza a parecerme una forma de dogma religioso –sobre todo cuando hay mucho sufrimiento más relevante y contemporáneo. Es hora de empezar a explorar el resto del mundo. Miles de personas no tienen el lujo de recordar: todavía están gritando en el campo de batalla.

January 8, 2013

Luz silenciosa (2007)

Filed under: Reseña — AGS @ 4:10 am

Aunque lenta, no es una película densa. Tampoco críptica –con todo y su final ambiguo. Mucho menos inaccesible, a pesar de que algunos la catalogarán junto con el “cine de arte pretencioso”. Pero creo que sí es un proyecto que no puede dejar de ser incomprensible.

La experiencia de los menonitas de Chihuahua, rubios personajes que hablan en una peculiar combinación de alemán y holandés, está demasiado lejos de nosotros. A pesar de que viven en territorio mexicano mantienen una cosmovisión hermética y excéntrica. Es una situación fascinante si uno la pondera por más de dos segundos.

El problema no es ver una película que nos muestre una realidad desconocida. Adoro eso.

El problema es que dicha realidad seguramente también es desconocida en gran medida por el director de la película. No he visto otras películas de Reygadas, y no dudo que se haya puesto a investigar, pero la realidad es que su mirada sigue siendo la de un extranjero. No se puede evitar.

Y no es que la película carezca de méritos. Vale la pena verla. Quien tenga paciencia seguro la disfrutará: no hay muchas películas que tengan la audacia de prescindir de una banda sonora y de mostrar largas tomas de cinco o seis minutos en los que casi nada pasa activamente. Aquí en verdad nos tomamos el tiempo de ver el amanecer y el anochecer, de escuchar el río y las vacas, de analizar cómo las ordeñan, de comer en paz con la familia sin mucha conversación (y nada de alboroto). El propósito era compenetrarnos en una vida sencilla, aislada, puritana. Se logró bastante bien.

Me gusta también la economía de diálogo. Se dice lo necesario y con las palabras exactas. También se dice mucho con gestos y silencios. La idea cinematográfica es buena y su ejecución mejor aún. ¿Pero es ésta la vida de los menonitas y la idea que ellos tienen de su vida? ¿O es una visión romántica del noble campesino? Por desgracia yo no lo puedo saber. Tampoco puedo saber si el director lo sabe o si más bien se proyecta.

Por lo demás la historia no es demandante. En principio es un simple cuento de infidelidad y remordimiento. Un hombre ama a su familia pero también está enamorado carnal y espiritualmente de otra mujer. No sabe qué hacer. Su padre le dice que la tentación es del demonio, pero que errar es humano y que no se crucifique. De cualquier modo, la crisis ya no puede sostenerse más. De repente hay un accidente “afortunado”. El hombre tendría que sentirse liberado (la paz interna es un tema central). Pero su conciencia no se lo permite. Al final no acaba de quedar claro si simplemente se siente culpable o si se ha dado cuenta de que el amor verdadero era el que estaba amparado por su religión.

Sospecho que la respuesta está en una película danesa de 1955 en la cual se inspiró ésta. Al parecer ahí la idea es la misma y más clara. De cualquier modo, el mensaje es que a pesar del silencio hay mundos internos inmenos en cada persona: deseos, penas y fe. Esto es cine estoico y contemplativo. No muy apto para la generación Y.

Goodfellas (1990)

Filed under: Reseña — AGS @ 1:03 am

Para algunos la mejor película de gangsters. Pero para mí es incomprensible ponerla a la misma altura que El Padrino I/II.

De Niro lo hace bien como siempre pero, por mucho que se lo alabe, es claro que ya para entonces estaba actuando y reproduciendo “en automático” todo lo que había aprendido en películas anteriores como Taxi Driver, Raging Bull y el propio Padrino II.

No me extraña que ésta se considere la mejor película de Scorsese. Se pasa rapidísimo a pesar de su longitud. Hay situaciones realmente humorísticas. La cinematografía es impecable (quizá demasiado; más de esto en un momento).

Lo que más convence es el diálogo. Es obvio que todos los involucrados literalmente sabían de lo que estaban hablando, y de cómo lo decían. Al parecer hubo mucho banter improvisado que luego los escritores incorporaron al guión. Seguro se trata de un retrato bastante fiel de las familias italianas en Estados Unidos en los 50s y 60s. [En este sentido, "Hugo" no me pareció una excepción dentro del canon Scorsese: es básicamente una añoranza de juventud de un director que no quiere dejar atrás las décadas doradas del siglo veinte, ya sea en EU o Europa.]

Para mí el problema principal es que la película es demasiado teatral: demasiado nítida en su planteamiento, argumentación y conclusión. Se vanaglorea de sus supuestas transgresiones (mientras que el público seguramente ya desde entonces se sentía encantado de que le mostraran toda esa podredumbre pululando en sus lindos bares y suburbios). Ya sé lo que algunos dirán: “lo que pasa es que hoy día estamos acostumbrados a la violencia y a las historias de crimen en el cine y en la tele; ahora ya no nos impresiona, pero en su momento fue un shock ver una película así, de drogas y violencia, en un ambiente real y verídico”. Sí. Nadie duda que Goodfellas fue una película importante: es claro que muchos estereotipos salieron de aquí. (Tengo entendido que The Sopranos es prácticamente Goodfellas hecho serie, y que de hecho están a punto de recrear Goodfellas misma para televisión.) Pero me parece que no es que ahora ya aceptemos más realismo y violencia. El punto es que ahora estamos acostumbrados a OTRO tipo de retrato de realismo y violencia –uno que es a fin de cuentas igual de teatral y artificial.

Pienso por ejemplo en The Wire (y también en Breaking Bad, pero de ella no hablo porque la he visto menos). Se supone que The Wire es la mejor serie de tele de la historia y una de las más realistas. Me parece extraordinaria. Es muy real, muy ambiciosa, muy inteligente. Tiene un pacing que ninguna otra serie iguala. Ha envejecido bien: se siente como un retrato fiel de los años noventa (o de la idea que se comparte usualmente de los años noventa). Tengo entendido que plasma la vida en Baltimore a la perfección.

Pero no es real. En particular: su idea del crimen organizado no es real. Al contrario. Es ingenua. Terriblemente ingenua. Idiotamente ingenua. Es esta idea de que los problemas y las causas de violencia y criminalidad se reducen a un puñado de personajes que se desvían de una “norma”. Los traficantes y matones que nos muestran no son necesariamente “malos”, claro; la mayoría son, de hecho, personajes de carne y hueso con inteligencia, aspiraciones legítimas y hasta con una justificación personal o social de por qué escogieron su profesión ilegal.

¿Quién duda que existe gente así? ¿Quién duda que hay violencia así? ¿Quién duda que hay ambigüedades morales, corrupción, violencia policiaca, etc. que se retratan bien así? ¿Pero es éste EL problema de las drogas? ¿Si hubiera escuelas para todos y sistemas legales incorruptibles dejaría de haber Avon Barksdales o italianos o mexicanos mafiosos vendiendo droga y matándose entre si?

No. En primer lugar, porque se trata de un estilo de vida atractivo. El propio Ray Liotta en Goodfellas se une al grupo por diversión y status, y no precisamente por falta de oportunidades.

No, en segundo lugar, porque la criminalidad es un problema infinitamente más complejo. ¡Qué conveniente sería que pudiéramos rastrearlo a unos cuantos personajes y a unas cuantas zonas urbanas! Lo que productos como Goodfellas o The Wire intentan decirnos de algún modo es que se puede comprender “el mundo del crimen” o “el mundo de los policías y los ladrones” o “el mundo de las drogas” en una cajita, por aislado. A pesar de que muestran muchas complejidades burocráticas, institucionales y legales, nos convencen de que hay una explicación nítida de las cosas indeseables a nuestro alrededor (cosas que pueden distinguirse fácilmente como indeseables cuando en realidad esas cosas no existen). Scorsese va un paso más allá porque se divierte morbosamente con esas situaciones terribles. Pero eso es una mera cuestión de estilo. El argumento central de él y de muchos otros como él es que el crimen paga por un rato y que, cuando deja de pagar, no necesariamente quedan claras las lecciones morales porque las diversiones derivadas del crimen quizá valieron la pena para muchos, y son añoradas. Al final, “el sistema”, la ley y la policía han fallado en redimirlos y se han enlodado en el proceso. Y por eso nos encanta la idea. Por escapista. Por deseable. Los criminales son nuestros héroes, como algunos bandoleros en los viejos Westerns, al estilo de Robin Hood.

Quienes hayan estado siguiendo el “problema del narco” en el mundo real los últimos dos o tres años sabrán que la crisis tiene raíces históricas profundas y repercusiones globales. Las causas son múltiples, a veces incomprensibles. Es un caos. Aun así, los medios y el gobierno han manejado un único discurso del crimen organizado y la violencia que es tan nítido y teatral como el de las películas. Pero quienes hayan estado siguiendo los análisis más serios también sabrán que ese discurso es probablemente una fantasía que nos construimos para darle explicación a fenómenos que no acabamos de entender. Preferimos pensar que hay enemigos claros con motivaciones claras y que sólo nos faltan medios y voluntad para resolverlos. Es mucho más reconfortante pensar eso a darnos cuenta de que no hay nada realmente que podamos hacer para controlar a millones de personas agrupadas en grandes ciudades y con miles de motivos aleatorios para robar o matar.

En fin: ésa es mi crítica. Vemos cada día más películas de outlaws y ya nos sabemos de memoria la historia y los personajes. Jugamos a que nos escandalizamos, pero realmente ya lo tenemos todo saneado en la cabeza. Por lo tanto, nos olvidamos de los problemas reales y de fondo (y de la violencia real y palpable). (Y luego vamos como babosos a decirle a la gente que TIENE que ver Breaking Bad para entender el problema de la droga y de los más de 60,000 muertos. No hay cosa más terrible que algo que nos hace pensar que somos inteligentes y que entendemos algo cuando realmente nos lo pone en un platito para bebé con porciones comestibles.)

Goodfellas es una película buena, pero una de juguete. Un jueguito de policías y ladrones que sólo hace semblanzas individuales al menudeo y no destapa problema alguno. Al menos El Padrino tenía una visión histórica más entera y crítica de las familias de gangsters y su mercado cambiante.

En retrospectiva, The Departed le quedó mejor a Scorsese. Pienso que se merecía más el Oscar (no fue sólo un premio de consolación). Es algo más ambigua, y no trata tanto de “las familias del crimen” como de los límites del engaño y la confianza. Para un thriller bueno, ver The Departed. Para el same ol’ same 0l’ a gran escala: Goodfellas.

January 30, 2011

Deje todo lo que está haciendo

Filed under: Comics,Reseña — AGS @ 9:45 pm

y póngase a leer comics dominicales!

Después de horas y horas y horas y horas acabo de terminar, para la siguiente semana, diez artículos académicos y un libro de 300 páginas. En las siguientes 24 horas, además, tengo que armar una reseña de 4000 palabras de dicho libro y una presentación de media hora con todo y acompañamiento audiovisual para el seminario de minimalismo (véase post anterior con todos esos números divertidos). [Nadie adivinó el significado de eso, por cierto, así que se perdieron el premio de diez mil millones de dólares. Qué pena.]

Pero bueno, para despejar un poco la cabeza (o para ejercitar las neuronas en un terreno distinto), y en lo que se cuece la pasta, no hay nada como compartir otra más de mis tiras cómicas preferidas.

Ésta es tan buena que se merece su entrada individual.

Es una lástima que no empecé a ver Cul de Sac desde antes de 2010. Estoy seguro que se me han ido historias y chistes buenísimos. Cuando la vi por primera vez hace ya algo de tiempo me pareció extraña y sin sentido –pero esa es justamente una de sus muchas gracias. Poniendo algo de atención, uno descubre que Richard Thompson es probablemente el caricaturista más completo (“redondo”) de esta generación, y el verdadero sucesor de Bill Watterson (Calvin y Hobbes) y todos los verdaderos maestros del género (por ejemplo: Schulz, Quino). Es interesante notar que todos ellos dibujaron niños pequeños con neurosis adultas. Hay muchas razones. A) Los niños son más “fáciles” de dibujar y ofrecen una amplísima “paleta” de expresividad corporal. B) Los niños son “adecuados” para un género artístico que todavía se considera infantil y meramente de entretenimiento. C) Los niños se prestan más fácilmente a historias de malos entendidos, imaginación desbordada, agresiones inocentes y todos los demás “nichos” y estereotipos humorísticos de la tira cómica desde su nacimiento. No hay que olvidar que Mickey y Donald, rufianes en un principio, no tenían más de catorce años. Sin embargo, los grandes maestros también entendieron que D) es posible criticar cualquier cosa si aparentas no poner una cara seria y que E) los problemas adultos (con todas sus facetas detestables y deprimentes) aparecen disminuídos, suavizados y ”caricaturizados” por medio de personajes “pequeños”. Es por eso que el resultado es divertido, incisivo y muy instructivo, todo a la vez. Es por medio del imposible contraste entre ingenuidad perdida e intelectualidad exagerada que estos caricaturistas proyectan sus deseos e inseguridades y nos ofrecen un espejo de una realidad adulta más compleja. Y, sin embargo, también saben expresar las ideas más simples, inocentes y simplonas:

Vean qué maestría. No sabría definirlo de otro modo. Casi casi puedo sentir cómo Alice Otterloop se tambalea enfrente de mí. Siento que estoy sentado a ras de suelo, infraganti (el típico papá con la videocámara), viendo cómo la niña tierna intenta caminar los 50 metros más cómicos de la tarde. Y, en el ejemplo previo, vean qué efectivo despliegue de emociones desfila por el rostro de Alice en tan solo cuatro cuadros. La niña pequeña 1) imparte consejo, 2) exclama, 3) contrasta la pose anterior y 4) es silenciada antes de volver al segundo inciso: una víctima de sus propias fantasías. En la “imitación” del animal veo cristalizada la imagen perfecta de una niña de cinco años: orgullosa de sus descubrimientos, creativa, exhuberante, ignorante de sus propias energías. El paso (encogimiento corporal) de 2 a 3 es fugaz porque probablemente la hija del caricaturista se mueve así de rápido en la realidad. (Algunos padres seguramente lo llamarán trastorno bipolar.) No obstante, a pesar del realismo que se nos presenta, la tira es absolutamente irreal. Es más: ni siquiera se expresa como una tira cómica (una irrealidad) convencional. El chiste no es un chiste, es más bien una situación cómica basada en una premisa que se ha venido desarrollando en tiras anteriores (básicamente: Alice descubre que el pangolín, un tipo de manis, es suficientemente cool y raro para ser el tema de su disfraz de Halloween y se dispone a averiguar todo acerca de él). El punchline es imperfecto: lo “normal” en el género hubiera sido que Alice se contradijera, o que un pangolín real apareciera y dijera algo ingenioso. Pero aquí la portadora del chiste es silenciada y el interlocutor (Dill) es tan ingenuo que es incapaz de emitir una respuesta efectiva: está completamente perdido en la fantasía que ha sido narrada y el punto de la censura –si es que fue hecha con ironía– le pasó desapercibido. Si nos reímos, lo hacemos como observadores en tercer plano y por todo lo que rodea a la situación, no por la situación en sí. Pero no estoy seguro si nos reímos como adultos orgullosos de las tonterías de sus hijos: la mayoría de los adultos que conozco no le encuentran la gracia a esto. (Claro que la mayoría de los adultos que conozco no tienen hijos…) Hay que ser o muy joven de corazón o muy vanguardista para reírse de un sinsentido, y a mi alrededor no veo que haya mucho ni de lo uno ni de lo otro.

Why? Why? ¿Por qué funciona tan bien? ¿Qué es Cul de Sac? Es una historia de niños en un suburbio del este de Estados Unidos, sí, pero no cualquier otra. Si uno lee Foxtrot, por ejemplo, uno está viendo sólo eso: un retrato familiar de la clase media, el show de Bill Cosby en tira cómica. ¡Mira! ¡Todo mundo cae en su lugar! Está el papá, harto de su trabajo e incomprendido por sus hijos, la mamá que se queda en casa escribiendo, el hijo mayor que busca entender a las mujeres, la hija con sus problemas hormonales, el niño geek con su computadora y su mascota idiosincrática. La fórmula se repite y se repite desde hace setenta años. Y es valiosa porque nos presenta un retrato honesto de la cultura y los temas populares de moda, si bien de una forma un tanto idealizada.

Pero los grandes maestros hacen más que eso, insisto. Sus “niños” no caen en los estereotipos esperados.

Peanuts no es sólo la historia de unos niños de suburbio y un perro con personalidad: Peanuts es un agrio comentario de los orígenes de la soledad, la depresión, la inseguridad y la incomprensión entre clases sociales, un breve atisbo cincuentero de los problemas sociales que se denunciarán diez años después. Charlie Brown no es sólo un incompetente de buen corazón: es el hijo de un peluquero que probablemente nunca tendrá una oferta de trabajo en otra ciudad, como el padre de Linus y Lucy; que probablemente nunca tendrá un talento destacado, como Schroeder o Peppermint Patty; y que probablemente nunca acabará de satisfacer a una mascota que claramente adquirió sus gustos bohemios antes, ya sea en el criadero o mientras vivió con su mucho más opulenta pero muy enfermiza dueña anterior. (Todo es cierto y está en la tira. ¿Sabían que Snoopy tiene una colección de discos de jazz y música clásica junto a su mesa de billar?) Charlie Brown probablemente será un joven desadaptado toda su vida. No va a ser Kevin Arnold de los Años Maravillosos, conquistando chicas y preparándose para ser un escritor (ése es Linus). No va a ir a Woodstock en 1968 (Peppermint Patty) ni a unirse a una protesta estudiantil (Lucy). Se va a quedar en su one-horse town empacando cosas en un supermercado y manejando un camión porque esa es su situación académica y económica.

 

Mafalda no es sólo un retrato de la vida clasemediera en una ciudad argentina de los años sesenta: es un continuo comentario político y sociológico de esos años desde al menos seis intelectos o puntos de vista (Mafalda es la voz de la nueva generación educada y cosmopolita, los padres son la vieja generación Blue Collar que veranea en la playa una vez al año y que probablemente se reproducirá en Felipe, Manolito es la juventud tecnocrática-empresarial sin educación humanista, Libertad es la izquierda marxista, Miguelito es la filosofía clásica, Susanita es la respuesta al feminismo).

Y podríamos seguir. Calvin y Hobbes no es sólo sobre las aventuras de un niño con imaginación: es un diálogo personal entre el ego y el superego, entre la creación y la destrucción, entre el deseo de hacer lo que uno quiere por el bien intelectual propio y la necesidad social de contener dichos impulsos.

Pero basta por el momento, simplemente porque Mafalda y Calvin se merecen un análisis mucho más completo en otra ocasión. El punto es que todas estas tiras tienen contenido. Son valiosas porque sus personajes representan un arquetipo social que va más allá del estereotipo de edad. Y, magistralmente, estas tiras también son entretenidas porque no se toman en serio, o saben aparentar artísticamente que no deben ser tomadas tan en serio. Tienen sentido del humor. Y expresividad. Y de todos modos dicen algo real de su sociedad y su gente. Y todo en tres o cuatro cuadros. Ja. Y uno se pregunta, ante esta economía de medios, si tiene sentido escribir un artículo sociológico de treinta cuartillas con notas al pie de página…

Cul de Sac, con todo, es distinto. Como ya lo anticipé, el autor parece menos preocupado en analizar la política de sus tiempos –aunque ciertamente hay algo de “los niños de ahora saben demasiado por la tele y los videojuegos”– o en desmenuzar el inconsciente de sus niños –aunque el hermano mayor vive en su propio mundo misterioso, todavía más hermético que el de Calvin, y probablemente crezca como un psicópata. De hecho, la propia Alice no es tan inocente como aparenta.

Cul de sac es una tira compleja y posmoderna: es ecléctica, erudita, autoreferencial y consciente de la historia de la tira cómica (a veces hay referencias a estilos antiguos). Recoge el lenguaje y las ideas de sus predecesores pero agrega un toque de ridiculez e inocencia muy personal. No es divertida: es divertidísima 8 de cada 10 veces. Está a la altura. Seis estrellas. Vengan las antologías.

November 2, 2010

My thoughts exactly

Filed under: Personales,Rant,Reseña — AGS @ 1:37 am

En la Sesión, como en la vida, hay cosas que cambian y cosas que permanecen. Cosas que añoro del pasado lejano, cosas que extraño del pasado cercano y cosas que no me importa dejar atrás porque han llegado otras mejores. Los verdaderos amigos, por suerte, permanecen. Si no, no lo serían. Creo que es de las pocas verdades irrefutables.

Agradecí a muy poca gente cuando entregué la versión final de mi tesis. Ahí puse: gracias sobre todo a mi círculo de amigos cercanos, mi logro más valioso. Lo es.

Desde este país donde casi todo joven habla como una comedia televisiva de Warner Channel, extraño nuestro idioma –franco, maleable y relajado.

En medio de la pedantería, la franca mediocridad, el marxismo trasnochado y las aspiraciones fallidas y desubicadas –no me excluyo– extraño una tarde de risa franca y sano desentendimiento.

¡El juego es tan importante para la salud! No jugamos de niños para desarrollarnos: nos desarrollamos jugando todo el tiempo. No hay otra manera. El trabajo debe ser un juego. El deporte también. El sexo también. El que se toma en serio no ha aprendido nada (y no: no me excluyo). Y extraño volver a darme cuenta cada semana (al menos por unas horas) que entre nosotros no nos tomamos en serio porque ya pasamos esa etapa hace mucho. Coincidimos una y otra vez no porque tiramos dados, sino porque no nos debemos nada y porque no necesitamos probarnos nada. Y ahora sí estoy seguro de que eso es realmente una rareza.

Resiento a veces su indiferencia, sí (y sé que no es consciente); pero aprecio infinitamente su confianza. No serían mis amigos si no los resintiera. Los demás pueden irse al diablo.

Tras largas horas en carretera uno a veces voltea atrás, piensa en todo el trabajo realizado, todas las horas no dormidas, toda una historia personal de hartazgo que uno simplemente no puede compartir. Todos nos sentimos igual de importantes o desdichados. Todos somos héroes incomprendidos. Ningún hombre es una isla, pero ¿cómo puede ser un hombre otra cosa que una isla? Por más que escriba anécdotas y críticas aquí, ustedes no van a entenderme mejor y yo no voy a convencerme de que ustedes me entienden mejor. Y aun así escribo para ustedes. ¿Para quién más? En todo caso escribo para nadie: este diario llamado “blog” no es otra cosa que la pedantería de creer que uno le va a importar a más de un puñado de gente en el planeta.

La gente va y viene pero los amigos simplemente están. Están desperdigados, en tránsito o en el mismo lugar donde uno los deja, pero ahí están, material o imaginariamente, y eso me llena de tranquilidad.

*****

La Sesión ha cumplido funciones tan diversas en nuestra vida que verdaderamente pienso que sería justo hacer un análisis más cuidadoso. Ha sido un juego, una terapia, un paliativo, una costumbre, una necesidad, un fetiche, una salvación, un rito, una verdadera tradición. Depositamos tantas expectativas en una “mesa” conjunta que realmente es impresionante recordar cuántas veces realmente hemos podido coincidir en cuerpo y alma (porque reconozcámoslo: algunos a veces están ahí sólo por la aventura, otros por la historia, otros por el poder, otros por la competencia, otros por la inercia, otros por la oportunidad de hacer el ridículo justificadamente –lo llamamos “rol”). En los últimos cinco o seis años la sesión se convirtió para mí a veces en una rutina saludable y a veces en una obligación. Perdió cierto encanto, no lo voy a negar. Pero proseguí y espero proseguir porque reconozco su valor y sus valores, su capacidad de hacernos crecer, imaginar y pensar; su valor emotivo y social. Definitiva y literalmente siento que crecí con el juego y dentro del juego. Nunca voy a poder revivir esos primeros años (¡hace ya tanto tiempo!) cuando la inocente y maravillosa pasión de encontrarme con un dragón era suficiente para llenar mi día, mi semana, mi vida, mi mundo. Tiempo pasado. Pero años más tarde me reencontré con un espacio igual de interesante para reconstruir mundos y reglas, para narrar historias más complejas y menos “fantasiosas”, para encarnar todos los papeles no heróicos o estandarizados que uno deja de jugar al principio cuando uno es inexperto o simplemente prefiere los modelos sencillos y acartonados. (¿Será que entré en una etapa “deconstruida” o “posmoderna” del juego de rol?) 

 

Las cosas que nos llaman la atención pueden cambiar, pero al final siempre estamos ahí los mismos: reinventándonos, contándonos historias y aceptando que otros nos cuenten historias.

Tengo fe ciega en la Sesión (no en cualquier otra) porque ustedes están ahí. Lo que caiga en nuestras manos crecerá gracias a nuestro cuidado y cultivo, no importa lo que pase.

La Sesión funciona gracias a nosotros. No es al revés. Nunca ha sido al revés. Y sin embargo la Sesión ha sido el pretexto necesario para mantener ese “nosotros”. Hay tantos “nosotros” que se pierden, que se olvidan. Reconozcamos también que sin la Sesión no hubiera habido el mismo “nosotros”.

Con todo, creo que la materia prima ha decaído. A pesar del maravilloso trabajo de los Dungeon Masters creo que podemos reconocer que la cuarta edición simplemente ya no es lo mismo. Las reglas no sólo son sencillas sino que son simplistas. El arte está plastificado y estandarizado. Las tramas se han vuelto más “user friendly”, menos ofensivas. (¿Ciertos padres se ofenderían de igual modo hoy día, con estos libros menos contraculturales y heréticos?) Sobre todo, el medio ha cambiado –y el medio es el mensaje en muchos sentidos. Las laptops y los escenarios virtuales simplemente no pueden evocar la mágica sensación de los libros usados, las listas de hechizos, los dados salvadores rodando en la mesa, las velas y otras ambientaciones, las charlas filosóficas ultraterrenales y verdaderamente trascendentales. (Y eso no quiere decir que no haya videojuegos mágicos.) Vivimos una buena época en nuestra adolescencia. ¿Se imaginan los mismos resultados si D&D Advanced, Vampire y FFVII hubiesen sido cuarta edición y FFXIII?

El mundo (los mundos) en que crecimos están cada día más en riesgo, no sólo por el internet sino porque los tiempos en sí cambian. Y no es que todo pasado sea mejor, pero hay cosas que simplemente ya no vienen con la misma elegancia. Ustedes que lo han vivido, ayúdenme a mantener el espíritu y el recuerdo. La fantasía y la ciencia ficción que nosotros conocemos es tanto más que Harry Potter o Twilight …

¿A qué viene todo esto? En los últimos meses he descubierto a Ursula Le Guin y los Cuentos de Terramar. Reconozco que nunca los había leído con cuidado. Son historias pequeñas, ínfimas, nada claras. Y a la vez son los cuentos de fantasía más cuidadosos, elegantes y mágicos que he leído en mucho tiempo. En mi opinión, Le Guin gana porque da forma y fondo a sus personajes (no en balde es hija de antropólogos). Tolkien supo crear lenguajes y mundos increíbles pero nunca supo darles forma definitiva (siempre escribió de más, sin rumbo a veces). Lewis hizo de Narnia un mundo escapista altamente complejo y nada infantil, pero buscó dotarlo de demasiados significados; sobre todo, lo controló como dios omnipresente y asfixiante. Herbert llenó de hashish al mundo de Dune y nos proveyó de una filosofía holística, pero también de un escenario tan árido y poco sólido como las arenas de Arrakis. Pero Le Guin creó un mundo a partir de la perspectiva de personajes humanos y en constante aprendizaje emocional: personajes que saben que el mundo no se puede comprender o recorrer en su totalidad y que tienen que aprender a aceptarlo. Con una economía de palabras, Le Guin logra crear toda una cosmología que se le sale de las manos, que se siente libre de toda autoría, como un verdadero mito. Le Guin es una escritora prodigiosa.

Reconozcámoslo: la mayoría de los escenarios tipo D&D que jugamos, que leemos, que vemos en pantalla, que compramos como aventuras pre-hechas, que reproducimos en juegos como WoW no son otra cosa que refritos de estos autores. (Star Wars new? Not. Harry Potter original? My ass.) Estos autores son la fuente y estarán siempre a la vanguardia, manteniendo en pie el fondo del asunto, no sólo la superficie.

Le Guin escribió esto en 2001 para presentar una colección de pequeñas historias que revisaron un mundo que ya de por sí era revisionista de los estereotipos del género de fantasía:

“In the years since I began to write about Earthsea I’ve changed and so have the people who read the books. All times are changing times, but ours is one of massive, rapid moral and mental transformation. Archetypes turn into millstones, large simplicities get complicated, chaos becomes elegant, and what everybody knows is true turns out to be what some people used to think.

It’s unsettling. For all our delight in the impermanent, the entrancing flicker of electronics, we also long for the unalterable. We cherish the old stories for their changelessness. Arthur dreams eternally in Avalon. Bilbo can go there and back again and “there” is always the beloved Shire. Don Quixote sets out forever to kill a windmill…. So people turn to the realms of fantasy for stability, ancient truths, immutable simplicieties.

And the mills of capitalism provide them. Supply means demand. Fantasy becomes a commodity, an industry.

Commodified fantasy takes no risks: it invents nothing, but imitates and trivialises. It proceeds by depriving the old stories of their intellectual and ethical complexity, turning their action to violence, their actors to dolls, and their truth-telling to sentimental platitude. Heroes brandish their swords, lasers, wands, as mechanically as combine harvesters, reaping profits. Profoundly disturbing moral choices are sanitized, made cute, made safe. The passsionately conceived ideas of the great story-tellers are copied, stereotyped, reduced to toys, molded in bright-colored plastic, advertised, sold, junked, interchangeable.

What the commodifiers of fantasy count on and exploit is the insuperable imagination of the reader, child or adult, which gives even these dead thing life –of a sort, for a while.

Imagination like all living things lives now, and it lives with, from, on true change. Like all we do and have, it can be co-opted and degraded; but it survives commercial and didactic exploitation. The land outlasts the empires. The conquerors may leave desert where there was forest and meadow, but the rain will fall, the rivers will run to the sea. The unstable, mutable, untruthful realms of Once-upon-a-time are as much a part of human history and thought as the nations in our kaleidoscopic atlases, sometimes more enduring.

We have inhabited both the actual and the imaginary realms for a long time. But we don’t live in either place the way our parents did. Enchantment alters with age, and with age.

We know a dozen different Arthurs now, all of them true. The Shire changed irrevocably even in Bilbo’s lifetime. Don Quixote went riding out to Argentina and met Borges there. Plus c’est la même chose, plus ca change.”

Yo hubiera querido hacer una crítica así de buena de la cuarta edición de D&D y de toda la parafernalia que lo rodea. (Lo prometí hace algunos meses. También pienso que se podría hacer algo similar con el anime.) Pero mejor dejo que una maestra lo haga por mí. (En verdad hay que leer a esta autora. Escribe las oraciones más sencillamente bellas que hay.)

Sesión: lean la cita otra vez.

Se nos está prometiendo todo y nada a la vez. El cambio viene y la inocencia no se recupera. Pero el futuro es rescatable. Todo depende de cómo lo interpretemos y reconstruyamos. Todo depende de la responsabilidad que nos queramos atribuir como autores y vividores de magia y fantasía.

Tiempos van y vienen. Interpretaciones van y vienen. Pero las personas seguimos aquí reunidas en este mundo, por fortuna –o eso quiero creer. De nosotros depende que lo sepamos hacer fantástico otra vez.

October 29, 2010

¡El blog vive!

Filed under: Comics,Reseña — AGS @ 6:05 am

No saben el paro cardiaco que me dio el otro día cuando vi que no se había pagado la “renta” de ofworldsandwoes.com y que en lugar del portal usual salía uno de una especie de universidad cristiana, o algo así.

El Último Helado de Dante ha estado en el congelador porque ha habido otros postres para degustar en estos últimos meses. (No muy variados, claro está: en la tierra del maple y los alces lo único dulce que se come es chocolate industrial, sobre todo si Halloween se acerca.) Pero no me preocupa. ¿Quién dijo, después de todo, que hay que engullirlo todo a grandes mordiscos? Lo bueno viene dosificadamente. Así que empecemos a saborear de nuevo el Helado con algunos bocados diversos.

(nom-nom-nom  sssslurp) (mmm… pistaaache)

Pistache. La vida canadiense es tan distinta a la gringa. ¿Cómo no notarlo? Digo. Son evidentemente una nación con claras distinciones culturales. Como por ejemplo la miel de maple, la bandera de la hoja de maple y la hoja de maple que imita a la bandera (que se pone amarilla, luego roja naranja, luego roja roja, y luego luego roja ya no estoy en el árbol antes de que te des cuenta). O como por ejemplo los alces y los castores. ¿Qué? ¿Qué esos no son realmente factores culturales distintivos? Qué insulto. Es obvio que del lado sur de la línea recta artificial que recorre cientos y cientos de kilómetros no hay árboles de maple ni castores ni amantes de hockey. Es obvio que el paisaje natural y humano es radicalmente distinto tan pronto llegas a la otra ribera del gran lago. ¿Pero quieren más? Pues hay mucho más. Mucho. Mucho en verdad. No podría parar de enumerar las diferencias con Estados Unidos. Como por ejemplo la guardia montada. O Bryan Adams. O una extraña pronunciación de la palabra “about” de la cual los canadienses aparentemente no se dan cuenta y se ofenden si lo mencionas. ¡Y el francés! Digo. No es como si los candienses de Ontario entiendan ni jota o les importe. Pero esta, señores, esta es una nación bicultural y bilingüe ¿sí? Así que respetemos sus tradiciones y el horrible acento del québécois y vayamos a otros asuntos no sin antes acabar mencionando a Tim Horton, que es la deidad local que otorga un +5 holy modifier a todos los que beben sus brebajes.

(No, seriously. Alguien tiene que hacer algo. Todos somos esclavos de Tim Horton. S.O.S. Send help! ¡Antes de que me descubran!)

La vida en Londres es dinámica y entusiasta. ¿Quién quiere vivir en Londres cuando se puede vivir en Londres? A diferencia de Londres, Londres tiene todas las virtudes de la vida al aire libre. Ninguna otra. ¡¿Pero qué más podría quererse?! Vaya. Están las veredas junto al río, el río, los árboles, las casas suburbanas, los árboles, el río, las casas suburbanas, los coches, el río, los árboles. Bicicleteando por la ciudad me topo a veces con el río, muchos carros que odian a las bicicletas, algunos semáforos, el río, los árboles, las casas no tan suburbanas, las veredas junto al río, los supermercados, el río, los árboles y una que otra persona que de hecho se ha aventurado a salir a caminar. (Wooow) Esto es desarrollo. No sé si es calidad de vida. Y hay días bastante frescos (“esto es otoño ¿sí? pero con tintes invernales”). ¡Pero desarrollo a fin de cuentas! Si no: ¿por qué habría tal atractivo? 400,000 personas opinan que Londres es un buen lugar para vivir. Toda una conurbación conservadora. Lástima por esos colombianos inmigrantes…

 

Ir a una verdadera universidad a nivel posgrado es toda una experiencia distintiva. Los edificios decimonónicos emulan bien el ambiente ivy leaguer; casi no se nota que esos no son realmente ladrillos… Me encanta ver pasar las hordas de undergraduates: es casi tan inspirador como darles clase como Teaching Assistant (aka, esclavo de profesores vagos). Tanto potencial. Tantas cabezas privilegiadas. Es obvio que la vida primermundista les ha dejado tiempo para reflexionar largas horas delante de la televisión. (Sí, sí, ya sé qué es Jersey Shore. Es horrible.) ¡Y el trabajo! ¡Vaya! ¡Esto es trabajo! Kilos y kilos de lecturas a la semana, research papers para entregar en un par de meses, discusiones y presentaciones de seminario, debate académico. Claro. Es toda una novedad. Ya veo por qué la llaman maestría. “Maestría” es cuando tienes esta intensa carga de trabajo por tres semestres y medio. Duh. ¿Por qué fui tan idiota y escogí la licenciatura del Colegio? “Licenciatura”, claro está, es una intensa carga de trabajo equivalente a la de la maestría pero por ocho semestres. ¡Es obvio que es inferior! ¡Por eso estoy aquí! ¡Para obtener la educación que no puedo tener en mi país de cactus, calor insoportable y mujeres maquiladoras muertas en Juárez! Caramba…

Pero déjenme contarles acerca del programa académico. Resulta queLO SENTIMOS. LOS PROFESORES DE LA FACULTAD DE WESTERN ONTARIO ESTÁN A PUNTO DE IRSE A HUELGA. ESPERE PRÓXIMO AVISO.

Lo de la huelga es en serio.

Mejor olvidemos el trabajo y la política con más helado (luego sigo con eso):

(slurp, slurp, slurp. aaaaaaa. coco)

Coco. Para los que hayan estado viviendo en la luna los últimos tres o cuatro meses debo informarles que su servidor es toda una celebridad. Vaya. ¿Quién no estaría al tanto del programa cultural de la Secretaría de Relaciones que se transmite todos los martes en la mañana en AM? ¿Y quién no habría escuchado todos los jueves a las doce de la noche y seis de la mañana esas perspicaces cápsulas en las estaciones del IMER? Habría que ser todo un canadiense provinciano para no saber que AGS debutó en la radio en los últimos meses y sigue apareciendo de vez en cuando.

Pero bueno, los despistados podrán hacer patria y sentirse honrosos de unirse a los festejos del bicentenario/centenario al escuchar mis entrevistas con académicos realizadas en las instalaciones del Instituto Matías Romero y mis cápsulas históricas “Distintas versiones, una misma historia” realizadas en el Instituto Mexicano de la Radio. Las primeras están en la página del Matías Romero bajo Programa de Radio (columna izquierda); ya está saliendo el bloque de revolución. Las segundas están en http://www.radio2010.imer.gob.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=232&Itemid=158 ; sólo hay una que no se puede oír y otra más que no han subido. (Voten por mí, por cierto, del lado derecho en http://www.opus.imer.com.mx/index.php?option=com_poll&id=31:de-las-capsulas-o-programas-historicos-icual-le-gusta-mas) De las primeras ya hice un extenso comentario en este espacio. De las segundas tengo otras varias anécdotas, que puedo condensar así:

1) El proyecto de Distinas Versiones fue posible gracias a largas horas de tedio en el archivo histórico de la Secretaría, a proyectos alternos con la productora del IMER y a mucha, mucha suerte. Pero, créanlo o no, todo estuvo calculado. Como sabrán, el Dr. Garcíadiego tiene un reconocido programa de radio y muchos contactos. Al tanto de esto, su servidor se sometió como su ayudante indirecto malpagado y pasó varios meses de 2009 recopilando información sobre la labor diplomática de la legación mexicana en Francia durante el movimiento del 68. [De paso aprovechó para sacarle unos míseros centavos a un profesor de Kentucky a cambio de más horas tediosas recopilando información sobre la labor diplomática de Octavio Paz en India --antes de que el poeta laureado renunciara indignado por dicho movimiento del 68 (qué vida cómoda, caray).]

En el proceso, dicho Dr. no tuvo más remedio que recompensar una tarea diligente y menesterosa y responder a mis peticiones de que me presentara con gente del IMER –que a su vez no tuvo otra opción que recibir al estudiante recomendado de dicho Doctor. (Clever ain’t it?)

El estudiante recomendado tenía todo un proyecto de cápsulas de 200 años de historia de la música en México –pues el estudiante recomendado sabía que era el momento de explotar la euforia bicentenaria –pero se topó con pared por falta de recursos (maldita crisis) y el hecho de que ya había un proyecto de 500 años de historia de la música en México (damn). Entonces el estudiante tuvo que pasar el resto de 2009 en un risible proyecto de traducciones para el propio IMER que, sin embargo, no pagó tan mal. (El proyecto se llama México es mi Museo. Si usted pasea algún día por un monumento notable del país y ve el cartel correspondiente, gaste unos 15 pesos y marque el número telefónico: pida la opción en inglés y hay 40% de probabilidades de que el guión traducido sea mío.) Finalmente, a principios de 2010 el estudiante recomendado tenía credibilidad suficiente como atreverse a solicitar otro proyecto. Resultó que la “plaza” de Distintas Versiones (en su encarnación anterior) había quedado desalojada y que justo en ese momento estaban buscando reemplazo. “No te podemos pagar gran cosa, pero es un proyecto de buen tamaño.” Y así fue. El dinero no era importante, mientras que el trabajo lo pude moldear a mis gustos y necesidades, un tanto insubordinadamente.

[Al momento, la participación de AGS en el IMER está congelada por el sempiterno escepticismo de la productora. Pero un servidor espera que el buen desempeño de su "programa" lleve a que soliciten más cápsulas u otro proyecto. Mientras, el Dr. y yo mantenemos una relación plena de amor-odio que sinceramente ya no entiendo. Por un lado se rehusa a atender a una de mis entrevistas, por otro lado se chuta dos horas de mi examen profesional. Riddle me that. Por cierto, para ciertas personas que viven en cavernas o que de plano no me quieren felicitar, resulta que me titulé hace un par de meses. En unos días estará disponible la copia oficial de mi tesis "Origen y consolidación de dos sistemas americanos" en la biblioteca del Colegio.]

2) Hubo un momento de intensa preocupación creativa. ¿Cómo modificar el estilo de cápsulas altamente oficialistas? ¿Cómo no recurrir al mandato original, que simplemente era leer “citas contrastantes de un mismo evento”? (Sí, claro: como si se pudieran encontrar rápida y claramente citas de veinte segundos que demuestren versiones opuestas de eventos conocidos.) ¿Cómo alcanzar un equilibrio entre el rigor académico que me exijo y las necesidades didácticas y de difusión de la radio pública? Las soluciones no siempre fueron fáciles, pero espero haber dado variedad -distintas aproximaciones -a la idea de “distintas versiones”. A veces presenté distintas narraciones de episodios, pero también hubo distintas hipótesis, distintos puntos de vista, distintos estilos literarios, etcétera. Aunque no lo crean hubo mucha investigación detrás y aprendí y me divertí más de lo que esperaba, y ni siquiera me tuve que salir de los hechos “convencionales”, que son notablemente más debatibles y debatidos de lo que uno podría imaginarse. (Hay mucha más complejidad de la que presento en las cápsulas, que ya de por sí son largas. La sola historia cultural de la colonia temprana es fascinante.) 

Escribí en total veintidós guiones de los cuales se produjeron veinte. (Vaya que tomó tiempo; y los condenados el IMER de hecho querían treinta.) En total son más de cien minutos hablados. Como podrán suponer, al final ya tenía cierto “colmillo” para saber qué funcionaría mejor y qué no –fue mucha prueba y error –y por eso las capsulitas de los otros programas (los del Matías Romero) me quedaron mejor: las hice con más experiencia y con una línea conductora muy inspirada (citas de famosos) que se me ocurrió de repente. No todo fue propio, sin embargo. Agradezco enormemente el apoyo de mi padre sin el cual no hubiera acabado ninguno (ninguno) de los proyectos mencionados arriba a tiempo.

3) Finalmente, la producción. Fue menos “íntima” que con la del Matías. Básicamente llegaba y me lanzaba frente al micrófono en la cabina de grabación sin mucha retroalimentación. El personal está ocupado con decenas de proyectos y apenas y tenía un par de horas para atender a cada guionista. Como estaban en plena organización bicentenaria dejaron mis cápsulas para el final y yo de hecho no las oí sino hasta que salieron al aire. De cualquier modo, agradezco las molestias y el trabajo diligente (aunque desigual, aceptémoslo) de Enrique Gil y Pablo Pascual. El segundo casi consiguió ahogar mi voz, pero no lo logró. Y ya cambien sus ambientaciones de plebe y multitudes por favor; suenan a película mexicana de los años cuarenta :P

Bueno. Suficiente regodeo personal. Pero a veces es bueno engolosinarse un rato.

Finalmente (nom-nom-nom, crunch crunch, gulp)

Vainilla. Tengo mil ideas para el blog pero no mucho tiempo de llevarlas a cabo (y me temo que en noviembre nuevamente no voy a tener vida fuera de los libros). Me gustaría concentrarme en las cosas que gustan a los lectores, así que por favor hagan comentarios y hagan propuestas de temas (véase post anterior con los monitos de lego más abajo para los detalles). De lo contrario seguiré sacando mis collages postmodernos y mis rollos interminables. Por lo pronto, para no dejarlos sin algún dibujito divertido con ideas poco profundas, les presento otro de los comics que veo regularmente.

El Sr. Nanas (Bo) es más bueno que el pan. Es un ciudadano responsable, decente, sencillo y feliz. Lamentablemente vive rodeado de esos humanos neuróticos y no muy brillantes. Con todo, Bo logra adaptarse bastante bien y tiene toda la paciencia del mundo cuando resuelve o simplemente comenta los acontecimientos diversos que son notables por su inverosimilitud y simpleza.

 Dentro de un ambiente aparentemente cotidiano se presentan situaciones fantásticas realmente hilarantes, a veces surrealistas, y siempre algo filosóficas.

Y otras veces simplemente gozamos la existencia de Baby Karl.

 

No puedo ver a Baby Karl sin sonreír. Y deberían verlo trepar árboles…

Las grandes tiras cómicas se caracterizan por su aparente simpleza. Por una elegancia de trazo. El primer compositor “minimalista” autodeclarado, Eric Satie, dijo una vez: “ahí está la belleza: en las cosas que no hizo [el artista]“.

Así debe ser el blog, creo yo: sencillo, minimalista y directo pero con mucha reflexión por detrás -mucho diseño. Como un programa de radio o una tira cómica, debe alcanzar un equilibrio entre lo culto, lo informativo, lo informado, lo didáctico, lo sencillo, lo elaborado, lo entretenido y lo francamente inservible e irreverente. Respeto mucho los blogs políticos y politizados de algunos profesores, colegas y amigos (y felicidades por la continuidad de Ágora y Distintas Latitudes). Pero al final del día, después de huelgas, reflexiones posmodernas, trabajos malpagados y discusiones con gringos (bueno, bueno, “canadienses”) ignorantes, prefiero cerrar el día pensando en comics que me enseñan mucho más con menos palabras. ¿Usted qué opina?

July 9, 2010

De tretas mercadotécnicas, tragedias gastronómicas y blogs a su medida

Filed under: Ideas brillantes,Preguntas al foro,Rant,Reseña — AGS @ 8:38 pm

Un buen amigo mío y reciente lector de este espacio sugiere un ejercicio divertido que además puede atraer más “clientela” e incluso ayudar a definir un tema general para este blog.

Por otra parte, a medida que lo pienso, me convenzo más y más de que no tener un tema definido también tiene sus ventajas –sobre todo flexibilidad y la posible vinculación de muchos temas. Pero el ejercicio propuesto también puede contribuir a una mayor variedad, así que consideren lo siguiente.

 

 *** *** *** ***

 

NOTIFICACIÓN

En concordancia con lo establecido en algún reglamento obtuso que no nos interesa leer (¿a alguien de veras le interesa respetar las leyes señor Dungeon Master?) a partir de julio de 2010 se empiezan a recibir    temas divertidos para posts potenciales.

No se trata solamente de un: “escribe de autos! me gustan los autos!”.

Se trata más bien de algún tipo de reto: “escribe de autos sin usar la letra ‘a’ “

O de una sugerencia peculiar: “Los automóviles amarillos son nocivos para la salud. Desarrolla” o “escribe de autos y camellos”

¿O qué tal algún tipo de cadáver exquisito en el que alguien pone una frase y la vamos continuando juntos?   “Estaba a punto de estacionar el auto cuando caí en la cuenta de que yo no tengo auto…”

O en fin, para inspirar mi espíritu criticón: “¿Qué opinas de mi corbata?”

¡Posts a la medida!  Muy adecuado para estos tiempos en que nos gusta tener todo individualizado.

Pido tener gorro de chef

Pido tener gorro de chef

¡Ahí está! Supongan que alguien me pide escribir sobre el fetiche de tener todo extremadamente individualizado. Empezaría diciendo que el tema sería magnífico como base para una historia cultural del siglo veinte o para una historia del comercio o la mercadotecnia. (El título de la tesis sería algo así como “Having Your Own Style Chosen. Individualizing Consumer Trends in the Twentieth Century or: How CEOs Learned to Stop Worrying and Make Me Feel Special”).

Piénsenlo: cuando empezó la primera revolución industrial todo mundo usaba más o menos los mismos productos; el punto de producir en masa era sacar la mayor cantidad de unidades idénticas (y si se quería variedad o individualidad mejor le pedías a la abuela que diseñara algo bonito para tus calcetines). 

A medida que avanzó el siglo diecinueve los productos industriales se fueron destinando a países y sectores sociales más definidos y diferenciando de acuerdo a los gustos cambiantes de la elite económica (pensemos en relojes, billeteras, corbatas, perfumes, candelabros, lingerie). En concreto: la producción se comenzó a clasificar.

y luego perdieron todo tipo de clase...

y luego perdió todo tipo de clase...

Todo producto nuevo ha pasado por un proceso similar (y cada vez de forma más veloz): al principio había un mismo Ford T para todo mundo; hoy tengo que enterarme de cuál es la diferencia entre un Yaris G4500 y un Yaris H2751.3 equipado pero sin aire acondicionado. (Bueno, al menos a lo último le entiendo.) En el siglo veinte, en Occidente, presenciamos un desarrollo explosivo de este fenómeno no sólo por el aumento poblacional y por un culto exacerbado al liberalismo, el individualismo y la experimentación

Línea transversal (1923)

Línea transversal (1923)

sino también por una mayor complejidad ideológica y social que “exigió” (¿nos impuso?) más categorías nacionales, sociales e incluso vitales … y por tanto necesidades distintas.

Antes del siglo veinte los niños tenían cara de adultos (no es que fueran malos dibujantes)

Antes del siglo veinte los niños tenían cara de adultos (no es que fueran malos dibujantes)

El infante consumista es una creación victoriana mientras que el adolescente, consumista o no, es una creación –horrible –de mediados de siglo veinte. (Shock para los gringos y pudorosos: antes, y todavía hoy en muchos lados, a los trece uno es adulto, trabaja 10 horas y tiene relaciones sexuales legales.)

Todo no parecido con la actualidad es lamentablemente coincidente

Todo no parecido con la actualidad es lamentablemente coincidente

 

Esto fue brillante en los noventa: la creación de la moda pre-teen. (Por si nuestros padres no hubieran tenido suficiente con videojuegos cada vez más caros)

Esto fue brillante en los noventa: la creación de la moda pre-teen. (Por si nuestros padres no hubieran tenido suficiente con videojuegos cada vez más caros)

Nuestros padres en su juventud se preocupaban por la variedad de distintos tapices para sus sillones, por el diseño general de su casa, por su guardaropa, su carro y unos cuantos aditamentos. Nosotros nos preocupamos por todo eso todavía pero también por el diseño de la funda de nuestro ipod, por las configuraciones de nuestro web-browser, por el modelo específico de nuestros tenis, por el tipo de cubitos de hielo que queremos que haga nuestro refrigerador, por la edición de colección de la re-edición de 2006 del DVD remasterizado de la película de culto de los años ochenta, por la grabación “bootleg” del concierto específico al que atendimos, por nuestra propia selección de estaciones de radio en el coche, por el ringtone de cada uno de nuestros contactos, por las actualizaciones de las páginas web que consultamos día a día…  

Incluso el sistema educativo se ha vuelto un infierno. Antes eras abogado, contador, ingeniero, médico y ya. Ahora sigues siendo eso básicamente, pero eres “ejecutivo en coordinación de recursos humanos”, “ingeniero en industria espacial cibernáutica”, “programador de software aplicado al diseño gráfico”, “blogger de productos cosméticos faciales”. ¿No creen que la cantidad de carreras, escuelas y títulos disponibles es algo a veces ridículo?

Sólo hay una cosa que tiene más variedad tramposa; sólo hay una industria que  es infinitamente superior vendiendo una y otra vez el producto de siempre pero adornado con un montón de adendos insignificantes para hacerte sentir alguien con control y voz dentro del sistema.

Coffee Shop Wars (oh no!)

Coffee Shop Wars (oh no!)

 ¡Wow! ¡Vean lo que puedo comprar en un Starbucks por el precio de una baguette!  Se trata de un:

“Double Chocolate Chip Mocha Frappuccino®!!!  A creamy blend of rich mocha-flavored sauce, chocolaty chips, milk and ice. Topped with sweetened whipped cream and mocha drizzle.”  Tan mono que te lo comes con la vista con todo y calorías. 

 Tan mono que te lo comes con todo y calorías de sólo verlo.

Yeah! ¿Lo tengo que pedir diciendo el nombre completo y sonando como esa mujer joven, plena y reconfortadora de los anuncios? Wow! ¿Puedo escoger mi propio vaso temático reciclable? ¿Y la cantidad EXACTA de chispas y chochos que me gusta? ¿Y de paso voy a estar consumiendo un producto “orgánico” y ayudando a los niños de la selva? ¡Qué increíble manera de refrescarme en el verano! ¡Qué detalle más maravilloso para alegrar mi día!

Ok , estoy yendo un poco lejos. No quiero sonar tan amargado como Woody Allen en esa película AntZ (se llamaba así porque él era la hormiga ‘Z’ en medio de la colonia de hormigas todas iguales dentro de la cual quería individualizarse). Es más, el otro día fue al Society y pedí uno de estos brevajes y admito que son tediosa pero adictivamente ricos y azucarados (al menos hasta que el frappe se atora irremediablemente en el popote o hasta que ya sólo queda agua ultra diluída). Pero la verdad es que es un concepto demasiado “cute” para mi gusto.

De hecho, si desde el inicio me hubieran pedido escribir sobre “nuestros fetiches individualizadores” Y de “perky coffee beverages”, tendría el derecho de hacer la siguiente digresión:

¿Qué pasa con el café y el chocolate hoy día? Los dos productos se han afresado terriblemente a lo largo de la historia, en mi opinión. Por un lado tenemos al café, ese noble grano que en sus zonas árabes de origen se sigue consumiendo mascado o bebido sin ningún aditamento (y cualquiera que sepa lo que es un café árabe espeso auténtico sabe que ésa es la única forma de tomar café; de hecho, si alguien quiere matarme no tiene más que ofrecerme un café americano bien diluído y con mucha azúcar; pienso que el café americano es parte de la conspiración para que sigamos “felices” y despiertos trabajando en las líneas de producción).

I like my coffee Turkish as my ... coffee?

I like my coffee Turkish as my ... coffee?

Por otro lado tenemos al chocolate, esa estupenda aportación precolombina que también a veces sigue mascándose y bebiéndose sin ningún aditamento. ¿Y qué es lo que pasa? Pues que llegan los europeos y que deciden endulzar y agregar leche a diestra y siniestra para que ambos productos sean más suaves, tentadores y adictivos al paladar. ¿Y qué es lo que pasa después? Pues que los gringos juntan el café y el chocolate en un mismo producto para que el consumo sea más eficiente, y para que haya muchas más posibles combinaciones que agreguen variedad a la experiencia degustativa.

Sólo tengo una cosa qué decir al respecto: ¡somos una bola de NENAS!  Si tuviéramos que volver a sobrevivir fuera de la civilización no aguantaríamos nada porque “las bayas estarían amargas”.

Además, hay algo mucho peor que ha resultado de la tendencia anterior. Me refiero a la gradual pérdida de la diversidad de sabores y experiencias culinarias. Parece irónico que en una época supuestamente globalizada sea cada vez menor la posibilidad de encontrar productos y sabores realmente originales por debajo de todo el teatro mercadotécnico de las compañías monopólicas (y eso incluye a las naturistas y orgánicas). (Vaya: a lo mucho nos salen con un refresco sabor guaraná cada tres años.)

Esto es un fenómeno sobre todo de la ciudad (donde nos dejan con la carne, las tortillas, las frutas y las verduras más minúsculas y sin sabor que encuentran). No es lo peor. Ya de por sí tenemos poca variedad de productos y encima nosotros mismos nos imponemos un rango limitadísimo de sabores. Por ejemplo, empezamos a solamente disfrutar las cosas con queso o  a las cosas dulces y cremosas. Y de entre ellas acabamos prefiriendo: ¡Starbucks!  ¿Soy el único que recuerda que la opinión popular inicial consideraba pésimo ese producto?  Y nada ha cambiado fuera de la mercadotecnia y difusión del mismo, para volver a la discusión principal. Nos hemos acostumbrado a lo que nos ofrecen en parte porque no buscamos otras cosas y en parte porque no están disponibles, pero también porque CREEMOS (como bien nos quieren hacer creer) que realmente disfrutamos de una gran variedad. Y entonces llevamos a las generaciones más jóvenes (los ahora niños y adolescentes) a tomar un café o un chocolate amargo que no sea como el de estas cadenas (o como el de Hershey’s o el Tin Larín) y nos salen con un “¡qué extraño!”. Of all the ironies.

En fin, en mi eterna determinación de ir en contra del mundo he de decir que no estoy conforme con muchos de estos desarrollos. Son muestra de una sociedad conformista y autocomplaciente que al mismo tiempo cree que tiene muchas opciones y que no puede dejar de consumir porque se deja impresionar con variaciones minúsculas que asociamos con la felicidad. Por ejemplo, sale un iPad y todos queremos uno a pesar de que sabemos que es innecesario, que será obsoleto en cuestión de meses y que sus funciones son básicamente las mismas que las de otros aparatos.  

En mi opinión, mejor gastamos el dinero catando una botella de vino única e irrepetible, y buscando su maridaje culinario exótico y fuera de serie. En efecto, escapar de lo rutinario es posible todavía pero requiere dinero. La producción en masa, individualizada o no, sigue siendo más económica y sencilla. Pero eso ya lo sabíamos, supongo.

*** *** *** ***

Pues bien. Mi amigo (el que mencioné al principio) sugirió en una muy amena charla que escribiera, entre otras cosas, sobre mí, sobre blogs y sus retos, sobre la variedad de temas, sobre la mercadotecnia y sobre el significado de degustar un buen vino. A ver si otro día se me ocurre qué decir de relaciones, jeje.

 Por lo pronto manden sus sugerencias de temas. Y por favor: disfruten el internet, sus gadgets, su café nice y su especialización profesional y laboral, pero nada más no se vayan con la finta.

July 7, 2010

La ociosidad, madre de todos los videos editados

Filed under: Reseña — AGS @ 3:45 pm

 

Para quienes no me han escuchado alabar a Mystery Guitar Man, aquí les dejo uno de sus mejores videos. Yo no me he suscrito a su canal de Youtube porque no lo acostumbro, pero ustedes pueden hacerlo y ayudarlo a permanecer en el top 10 de “artistas” online más “seguidos”. Yo creo que se lo merece. Es divertido, modesto, ocurrente y extremadamente trabajador. (Y sí: trabajar no sólo implica ir todos los días a una oficina.) Sobre todo, tiene una preparación musical de primera (y versátil), y yo sospecho que si se esmerara estudiando guitarra tanto como se esmera editando stop-motion con su MacBook podría tocar cosas “verdaderamente”. Aun así, no cualquiera arma sinfoniettas en su sala con vasitos o vuvuzelas, así que mis respetos y felicitações Mystery Guitar Man. Sólo no te quites los lentes.

La tonadita que está usted ahora tarareando, por si no lo sabe, es la overtura a Guillermo Tell de Rossini (1829) -el tema asociado al Llanero Solitario. Comparemos con una versión estándar:

 

con la transcripción al piano de Liszt (1838) tocada por Kemal Gekic:

 

y con un par de versiones no estándar:

de las cuales mi preferida es ésta, sin duda el mejor corto animado de la Walt Disney (1935) –el primero a color -y uno de los mejores de todos los tiempos (se dice que el director de orquesta Arturo Toscanini se entusiasmó tanto cuando vio esto en el cine que se levantó aplaudiendo y pidió que lo volvieran a proyectar):

Noten cómo Donald (todavía en su versión de The Wise Little Hen) no sólo le roba la escena a Mickey desde entonces (así sería hasta los años cincuenta) sino que, genialmente, encuentra la relación temática y armónica entre el motivo principal de la overtura y “Turkey in the Straw”, una tonada folclórica estadounidense que se rastrea también a principios del siglo diecinueve. El famoso tema de “qué hermoso, está amaneciendo” también es de la overtura (tercera parte) y se llama Ranz des Vaches. En cuanto a la secuencia final, la de la tormenta (segunda parte de la overtura), recuérdeme alguien seguir esto con una reseña de “Gauche the cellist” de Studio Ghibli.

Finalmente, recordando un post de hace algunos meses, fíjense cómo en esta caricatura, a pesar de que obviamente no se dibuja fielmente la ejecución de los instrumentos, sí hay una clara conciencia de caricaturizar su interpretación tanto de forma dramática como didáctica. Es una educación de primera que mis hijos o sobrinos tienen garantizada.

June 7, 2010

¿Está usted comiendo bien y barato? Reconsidere.

Filed under: Reseña — AGS @ 3:37 am

Esto va a romper con mi política de no mandar gente a lugares pequeños en los que de por sí ya cuesta trabajo encontrar lugar, pero cierto deber cívico-culinario me lo exige.

Si no lo conocen, háganle un favor a su paladar y vayan al Centro Cultural Universitario a comer en el Azul y Oro. No se arrepentirán. El lugar es sencillo, cálido, completamente relajado (nada de manteles o poses) y una de las joyitas gastronómicas de esta ciudad -y probablemente del país. (El chef sale en revistas y todo eso.) Comerán casi siempre junto a profesores.

Sí, ya sabemos que la UNAM está detrás del ochenta y quién sabe cuánto porciento de la investigación científica del país, pero si yo fuera el rector créanme que en primer lugar estaría presumiendo la sala Neza de conciertos y este restaurant mexicano-internacional (y muy a veces el equipo de fut).

Algunos dirán que es algo caro. Y no, no es lo más económico, pero tampoco es algo exorbitante (uno come MUY bien por ciento cincuenta pesos) y créanme cuando digo que tiene la mejor relación calidad-precio que van a encontrar. (Olvídense, desde luego, de mamonerías ridículamente caras como el Villa María o Los Danzantes.) Eso sí: sólo aceptan efectivo. Aviso porque ya una vez cometí el oso de presumir el restaurante y llevar a alguien para luego tener que echarme para atrás avergonzado.

Los que ya lo conozcan dense una vuelta este mes. Además de las delicias nouveau cuisine bien logradas de siempre van a encontrarse con el ya recurrente festival regional, que ahora es de Oaxaca. El menú de temporada es enorme y está lleno de novedades por explorar. Las recetas se investigan “académicamente” y los ingredientes se traen directo de la región.

En particular, he de defender el magistral mole almendrado sin chile que probé el día de hoy, distinguido como uno de los siete moles raros del país. No alcancé a distinguir todo, pero me parece que se elabora con distintos tipos de nueces y frutas secas (pasas en particular). El color es café-anaranjado, la textura algo tersa y el sabor dulce sin ser empalagoso, todo muy equilibrado. Lo sirven sobre pierna y muslo abundante acompañado de aceitunas, alcaparras, pasas, arroz y tortillas caseras. Como entrada pueden pedir un tamal amarillito y de postre unos triangulitos de mousse de guanábana bañados con dulce de zapote. (Así es: sufran.)

Sólo un favor: este es un regalo para mis lectores y sus amistades. No lo difundan demasiado porque luego resulta contraproducente. Ejemplo A: yo y otros recomendamos de más El Convite. Más gente empezó a ir, cada vez era más difícil encontrar mesa, los dueños empezaron a tener delirios de grandeza, ampliaron el lugar, le quitaron el encanto y por atender más gente decayó algo la calidad de la comida, la bebida y la música.

(Claro que si alguien quiere otras recomendaciones tendrá que sobornarme o invitarme la comida. ¿Quién me lleva al Azul y Oro la próxima semana?  :P )

Y sí, el camino a mi corazón pasa por mi estómago.

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