Dante's Last Ice Cream

November 11, 2010

Contemplad mis bien ponderados planes casamenteros e imperiales

Filed under: Ideas brillantes — AGS @ 6:36 am

Si pensaban que mis planes para convertirme en El Supremo Gran Timonel estaban marchitos… ¡PENSABAN MAL!

Adquirir control mundial es algo más complicado de lo que uno podría suponer. Es necesario tener planes paralelos, todos en movimiento. Uno de ellos involucra incorporarse a algún linaje nobiliario.

Este último plan iba a la perfección hace unos cuantos años. Una prima mía en España (sobrina de mi papá), Laura Ponte (que es una despampanante modelo de Ralph Lauren y Valentino), se casó en 2004 con Beltrán Gómez-Acebo, hijo de la Infanta Pilar (Duquesa de Badajoz), hermana del mismísimo Rey Juan Carlos I de España. “¡Bueno!” pensé. “¡Ya la hice! ¡Ahora soy oficialmente primo de la sobrina del rey!” Simplemente hacía falta ir al viejo continente, presentarse como el interesante e ingenioso pariente lejano, y dejarse gradualmente adoptar por la realeza en uno de tantos brunches dominicales que deben tener todos esos nobles mimados en sus country clubs exclusivos donde hasta los caballos tienen valet. Tenía ya toda una estrategia preparada cuando ¡oh desilusión! descubrí que la pareja había optado por separarse a pesar de tener dos hijos. No sé cómo esté la situación actualmente, pero tengo entendido que esa puerta está cerrada. A los españoles eso de las mujeres liberales y los sobrinos divorciados no les ha de hacer mucha gracia.

Irrelevante. Las grandes mentes no nos dejamos vencer por pequeños contratiempos. Después de meditarlo durante algún tiempo he formulado un plan infalible que me garantizará control exclusivo sobre el trono mexicano y ligas con las dinastías europeas continentales y asiáticas. A partir de ahí todas las piezas caerán sucesivamente en su lugar y sólo será cuestión de tiempo para que el mundo se arrodille ante mí (bla bla bla y todas esas cosas que siguen usualmente).

Así va el asunto.

Como usted sabrá, sagaz y notable lector o lectora, hay cuatro linajes nobiliarios mexicanos. Todos siguen existiendo y son legítimos. Lamentablemente, todos han renunciado a sus derechos políticos por ese inconveniente y autoritario documento llamado “constitución”. Pero bueno, esa es una trivialidad que se puede solucionar más tarde. Vamos a lo importante.

Tercer imperio mexicano. Nuestros dos emperadores fueron hombres idealistas y benevolentes que fueron brutal e injustamente asesinados por militares y políticos fanáticos y poco visionarios. Tanto el congreso federalista como el gobierno de Juárez pensaron que dando fin a la figura imperial, símbolo del antiguo régimen, aniquilarían los ideales monárquicos en las tierras de Anáhuac. ¡Cobardes! Iturbide regresó porque quería ayudar a su país y fue traicionado. ¡Culebras! Maximiliano se preocupó genuinamente por comprender y mejorar las condiciones de sus dominios; se rindió en el campo de batalla y aun así fue ejecutado. ¡Ilusos! Es evidente que tras años de autoritarismo corporativo y farsa pseudo-democrática la gente está cansada de grupitos políticos poco inspiradores, auténticas sanguijuelas (sí: tú). Pueblo mexicano: lo que se necesita es el regreso de un ícono, un haz de luz: un noble príncipe en el sentido más maquiavélico que contenga los excesos y guíe mesurada y enfocadamente el rumbo del país.

¿Hay algún candidato? Sí y no. El heredero oficial del trono es (no miento) Maximiliano Gustav Richard Albrecht Agustín von Götzen-Iturbide (nacido en marzo de 1944). La historia quizá no sea conocida. Cuando Iturbide fue fusilado, su título pasó a su hermana Nicolasa (que murió en Europa) y a sus dos hijos. El primero fue uno de los ayudantes de campo de Simón Bolívar y luego fue diplomático mexicano en Londres y Washington. El segundo, Ángel, se casó con una estadounidense y tuvo un hijo que se llamó Agustín de Iturbide y Green. Este personaje, como muchos arribistas, se aproximó a la corte de Maximiliano I durante el segundo imperio. En un sagaz acto político, Maximiliano unió las dos familias al adoptar a este “Agustín III” (y a otro nieto gracias al cual la línea se mantiene).

Lamentablemente, Maximiliano también fue fusilado y Agustín nieto perdió legitimidad (aunque no su título). Cuando Agustín III murió sin descendencia, ya en el siglo XX, el título de Emperador de México quedó en manos de mujeres: María Josefa de Iturbide y Mikos y sus dos hijas, María Gizella y María Ana Tunkl. Maximiliano Götzen es hijo de la primera (María Gizella) y de un noble europeo; nació en Rumania, vive en Australia, se dedica a comprar yates y beber vino y seguramente no tiene ni la más remota idea de lo que es México. Esto es de hecho muy conveniente. Deja todo preparado para que le gane el trono de México en una mano “amistosa” de poker. Será probablemente como quitarle un comic de colección a un niño berrinchudo ignorante que quiere dinero para un videojuego. ¿Cómo precisamente, se pregunta usted? Pues muy fácil, respondo yo. Maximiliano tiene un hijo (nacido en 1992) y una hija (nacida en 1998). La madre es una noble croata-veneciana llamada Maria Anna de Franceschi. Qué conveniente ¿no? Imagínense cuántas bellas doncellas disponibles hay por ahí además de la propia hija, cuyo muy apropiado nombre es “Emanuela Charlotte” (tiene ahorita doce años; y no: no se escandalicen, bola de puritanos, que los matrimonios nobiliarios siempre han sido así de dispares en edad; y en seis años qué más dará cuántos años tenga cada quién). Además, aprentemente hay una sobrina (hija de la hermana de Maximiliano) que nació en 1985 y se llama Gizella MacAulay, así que ella tiene nuestra edad y seguramente habla con un cuco acento australiano. En resumen: basta con ir a Melbourne o a Venecia, cortejar a una de estas chavas, acercarse al buen Max y dejar que las copas hablen.

Para “stalkear” a la familia vean

http://www.casaimperial.org/donmaximiliano.htm

Neo huey tlatoahni. ¿Que el pueblo mexicano rechazaría rotundamente otro emperador blanquito y europeo? ¿¿Que la raza cósmica y los seguidores de Zapata quieren tierra y libertad y un morenito azteca?? Bueno, pues yo les tengo una propuesta todavía más atractiva. ¿Qué tal un pariente o descendiente del mismísimo Moctezuma, emperador original del imperio mexica? “Lo mataron a pedradas”, responderá usted. En efecto. Y los dos sucesores se murieron uno de viruela y el otro en condiciones misteriosas. ¡Pero el título y algunos de sus descendientes lejanos persisten! El primero estuvo vivo durante siglos y fue reconocido por Isabel II como un título nobiliario español en 1865. En ese año, Antonio María Moctezuma-Marcilla de Teruel y Navarro se volvió oficialmente (no miento) el “décimo cuarto conde del Ducado de Moctezuma de Tultengo”. El actual Conde de Moctezuma es José Juan Marcilla de Teruel-Moctezuma y Jiménez (desde 1992). De este personaje no se puede saber mucho por internet. Aparentemente vive en España, pero estoy seguro que alguno de sus hijos o sobrinos podría ser fácilmente adoptado por un servidor y su esposa de la familia Götzen-Iturbide. Y vaya: las damas de esa familia tampoco deben estar mal, dado que aparentemente descienden también de la duquesa de Alba por otra rama.

Sin embargo, el linaje mexica probablemente sea todavía más auténtico del lado del villano de villanos: Cortés. Recordemos que el malvado conquistador, después de matar a todo indio que encontró y de contar sus miles de lingotes de oro, violó a la purísima Malinche y se aprovechó de las hijas y sobrinas de Moctezuma, a la cuales llevó como rehenes a Cáceres. ¡Oh, bellaco! Pero no, en serio, Cortés y sus capitanes se casaron y vivieron con mujeres de nobleza indiana, y sus descendientes también están con nosotros por ahí, regados y regando más gente en el mundo. Los hijos de Cortés tienen el privilegio, más aún, de heredar su título (único en verdad; original de 1547) de “marqués del valle de Oaxaca”. Aunque la Corona le quitó a dicho marqués sus derechos políticos, aquí tampoco se perdió la tradición nobiliaria. Y aquí también, como en casos anteriores, entraron en juego las casas europeas: la hija de una de las marquesas del siglo diecisiete se casó con un tal Héctor Pignatelli, de familia italiana. Aunque el título no fue reconocido por cierto tiempo, fue rehabilitado en 1916 por Alfonso XIII. Gracias a esto, hay hoy día un marqués del valle de Oaxaca oficial viviendo en Italia. Se llama Nicolo Pignatelli Aragón Cortés. Ha estado casado dos veces (la segunda vez con una angloparlante) y tiene cuatro hijos, cincuentones y cuarentones. Al menos uno debe tener una hija interesante por ahí…  En pocas palabras, hay tela de donde cortar y hasta estaría dispuesto a compartir la disputa por el trono mexicano con algunos otros, sólo por diversión. (Claro está que, al final del día, tendría que matar a dicho competidor. De preferencia con tácticas comprobadas de los Borgia.)

Para ”stalkear” a esta familia vean: 

http://www.pignatelli.org/cortes.htm

Detalles sin trascendencia. ¿Que no estoy considerando el sistema político y todos sus componentes? ¿Que no soy conocido ni lo seré? ¿Que carecería de legitimidad? Irrelevante. Irrelevante verdaderamente. Además de que tengo muchos otros planes en marcha, el punto aquí es conseguir el título y la posición de alta dignidad (la marca, pues). La legitimidad no se construye. Eso es una ilusión que nos han querido hacer creer para que votemos y le demos dinero a unos cuantos grilleros bandidos que nos dan atole con el dedo con unas cuantas míseras obras públicas. La legitimidad se inventa y se presenta como un producto bien acabado. El punto es llegar a la esfera pública, verse carismático y “entrar en escena con un bang”. Para hacer eso hoy en día habría que conseguir una princesa despampanante (check), actualizar los logos (escudos) nobiliarios (fácil) y hacer una inteligente pero no demasiado costosa campaña publicitaria por internet (nudge nudge amigos computólogos). A partir de entonces sólo faltaría esperar algún impasse político de esos idiotas que llegan cada cierto par de años para vender la idea de que “nosotros sí sabemos porque somos lindos y nobles”. (Y no me digan que al público mexicano, adicto a las telenovelas baratas, no le enternecen los cuentos de hadas.) ¡Gran truco! No te impones: creas las condiciones para que el público ruegue que te impongas. Entonces simplemente llegas a la cima y te aseguras de modificar todas las reglas del juego para que ya no te puedan tumbar nunca más. Grandes líderes como Hitler y Mussolini lo sabían. Cierto país asiático que ya es la segunda potencia económica mundial llegó a ese estatus porque una figura llamada Mao usó este esquema. Los líderes de Corea del Norte son una dinastía familiar que sigue estos parámetros. ¿Qué ha cambiado desde los tiempos de Ramses II? Fuera de que Ramses era, además de venerado y noble, un dios, no mucho.

¿Un dios? ¡Qué buena idea! ¡El Supremo Gran Timonel también tiene que ser un dios! Pero toda esta bola de europeos con sus monarquías liberales y constitucionales ya están completamente secularizados. Hmm. Y no me interesa mucho juntarme con norcoreanos, jeques o sultanes. Por lo tanto, he decidido que una vez que sea aclamado Emperador de México y empiece a codearme con la realeza occidental usaré mis conexiones japonesas para ser adoptado por el actual emperador Heisei, Akihito, en su lecho de muerte. No tendré que convencerlo; simplemente bastará con conseguir su sello real y ponerlo en una carta donde me declare su hijo espiritual. De ese modo, estaré en igualdad de condiciones que el heredero, Naruhito, el futuro emperador del Japón. Los dos seremos, por tanto, divinos descendientes de Amaterasu. Eventualmente, Naruhito (que es mucho mayor que yo) morirá antes (quizá con cierto “empujoncito”). Su única hija, Aiko, aunque bien amada, obviamente no ascenderá al trono en esa sociedad machista. Yo la adoptaré de buena fe (¡cuántos hijos adoptivos tendré!) Entonces me convertiré en el legítimo emperador japonés, seré divino, y podré poner a millones de gentes a arrear piedras del tamaño de un tractor para construir estatuas mías. En tu cara, Ramses.

 Ya. Ya me callé. Pero estén advertidos.

[Ahora alguien ayúdeme a traducir esto al inglés para explicarle a cierta gente tonta por aquí que sí se puede ser español, japonés y mexicano.]

November 4, 2010

Genialidad

Filed under: Ideas brillantes — AGS @ 2:24 am

Canadá sí tiene o ha tenido algunas cosas y personajes fuera de serie. Muchos citan al inventor del teléfono en primer lugar. Otros piensan en David Suzuki. Yo quiero compartir a Glenn Gould, para quienes no lo conozcan.

Un debate recurrente no sólo de mis clases sino de la sociología en general es la capacidad del “agente” (dígase el artista) para sobrepasar o moverse independientemente de las “estructuras” (el entorno, la sociedad que lo rodea). El pensamiento contemporáneo, inevitablemente populista y democrático, insiste en que todos los artistas son a fin de cuenta obreros que trabajan en comunidad, postrados en instituciones y culturas que los definen. No es posible enaltecer a nadie: todos los artistas son igual de meritorios y analizables en el sentido de que operan bajo las mismas estructuras. La creatividad y la genialidad son conceptos construídos (imaginados) y una forma metafísica de elevar injustamente a unas cuantas obras y personajes burgueses con valores y una estética particular. Sin embargo, no hay científico social honesto que no reconozca, al final del día, que hay cuestiones artísticas que simplemente van más allá de tal explicación funcional.

Si tuviera que entrar a un debate académico tendría que dejar de lado los juicios de valor y las apreciaciones estéticas y concentrarme en argumentos y temáticas sometibles a análisis sociológico. Aquí, sin embargo, tengo la libertad de ofrecer mi opinión: los genios existen. Quizá su sociedad los formó, ya sea por alimentación o por oposición, pero ahí están, elevando los estándares por encima de la norma y la costumbre, sorprendiendo a chicos y grandes con sus brutalidades y excentricidades.

Hay cosas bellas y fuera de serie en el mundo, indebatiblemente, sin lugar a dudas. Y hay lugar para excelencia, aunque sea sólamente bajo parámetros previamente definidos. Si no aceptáramos esto caeríamos en un inevitable y horroroso nihilismo.

En este encuentro singular, irrepetible, notable, devastador, un absoluto genio (chiflado) de la interpretación al teclado “dialoga” con EL genio de la composición musical europea y ofrece una versión magistral y, sobre todo, altamente original (por eso es genial) de una de las piezas y, en particular, de uno de los movimientos musicales más revolucionarios de la historia (el primero). Puede decirse que aquí se inventó el concierto de piano. El Último Helado de Dante da la bienvenida a esta ejecución no fechada del quinto concierto de Brandenburgo. Para ver a lo que me refiero en concreto (tip para todos los impacientes que no quieren escuchar más de tres minutos) basta ver el inicio del segundo video (que tiene el final del primer movimiento).

July 9, 2010

De tretas mercadotécnicas, tragedias gastronómicas y blogs a su medida

Filed under: Ideas brillantes,Preguntas al foro,Rant,Reseña — AGS @ 8:38 pm

Un buen amigo mío y reciente lector de este espacio sugiere un ejercicio divertido que además puede atraer más “clientela” e incluso ayudar a definir un tema general para este blog.

Por otra parte, a medida que lo pienso, me convenzo más y más de que no tener un tema definido también tiene sus ventajas –sobre todo flexibilidad y la posible vinculación de muchos temas. Pero el ejercicio propuesto también puede contribuir a una mayor variedad, así que consideren lo siguiente.

 

 *** *** *** ***

 

NOTIFICACIÓN

En concordancia con lo establecido en algún reglamento obtuso que no nos interesa leer (¿a alguien de veras le interesa respetar las leyes señor Dungeon Master?) a partir de julio de 2010 se empiezan a recibir    temas divertidos para posts potenciales.

No se trata solamente de un: “escribe de autos! me gustan los autos!”.

Se trata más bien de algún tipo de reto: “escribe de autos sin usar la letra ‘a’ “

O de una sugerencia peculiar: “Los automóviles amarillos son nocivos para la salud. Desarrolla” o “escribe de autos y camellos”

¿O qué tal algún tipo de cadáver exquisito en el que alguien pone una frase y la vamos continuando juntos?   “Estaba a punto de estacionar el auto cuando caí en la cuenta de que yo no tengo auto…”

O en fin, para inspirar mi espíritu criticón: “¿Qué opinas de mi corbata?”

¡Posts a la medida!  Muy adecuado para estos tiempos en que nos gusta tener todo individualizado.

Pido tener gorro de chef

Pido tener gorro de chef

¡Ahí está! Supongan que alguien me pide escribir sobre el fetiche de tener todo extremadamente individualizado. Empezaría diciendo que el tema sería magnífico como base para una historia cultural del siglo veinte o para una historia del comercio o la mercadotecnia. (El título de la tesis sería algo así como “Having Your Own Style Chosen. Individualizing Consumer Trends in the Twentieth Century or: How CEOs Learned to Stop Worrying and Make Me Feel Special”).

Piénsenlo: cuando empezó la primera revolución industrial todo mundo usaba más o menos los mismos productos; el punto de producir en masa era sacar la mayor cantidad de unidades idénticas (y si se quería variedad o individualidad mejor le pedías a la abuela que diseñara algo bonito para tus calcetines). 

A medida que avanzó el siglo diecinueve los productos industriales se fueron destinando a países y sectores sociales más definidos y diferenciando de acuerdo a los gustos cambiantes de la elite económica (pensemos en relojes, billeteras, corbatas, perfumes, candelabros, lingerie). En concreto: la producción se comenzó a clasificar.

y luego perdieron todo tipo de clase...

y luego perdió todo tipo de clase...

Todo producto nuevo ha pasado por un proceso similar (y cada vez de forma más veloz): al principio había un mismo Ford T para todo mundo; hoy tengo que enterarme de cuál es la diferencia entre un Yaris G4500 y un Yaris H2751.3 equipado pero sin aire acondicionado. (Bueno, al menos a lo último le entiendo.) En el siglo veinte, en Occidente, presenciamos un desarrollo explosivo de este fenómeno no sólo por el aumento poblacional y por un culto exacerbado al liberalismo, el individualismo y la experimentación

Línea transversal (1923)

Línea transversal (1923)

sino también por una mayor complejidad ideológica y social que “exigió” (¿nos impuso?) más categorías nacionales, sociales e incluso vitales … y por tanto necesidades distintas.

Antes del siglo veinte los niños tenían cara de adultos (no es que fueran malos dibujantes)

Antes del siglo veinte los niños tenían cara de adultos (no es que fueran malos dibujantes)

El infante consumista es una creación victoriana mientras que el adolescente, consumista o no, es una creación –horrible –de mediados de siglo veinte. (Shock para los gringos y pudorosos: antes, y todavía hoy en muchos lados, a los trece uno es adulto, trabaja 10 horas y tiene relaciones sexuales legales.)

Todo no parecido con la actualidad es lamentablemente coincidente

Todo no parecido con la actualidad es lamentablemente coincidente

 

Esto fue brillante en los noventa: la creación de la moda pre-teen. (Por si nuestros padres no hubieran tenido suficiente con videojuegos cada vez más caros)

Esto fue brillante en los noventa: la creación de la moda pre-teen. (Por si nuestros padres no hubieran tenido suficiente con videojuegos cada vez más caros)

Nuestros padres en su juventud se preocupaban por la variedad de distintos tapices para sus sillones, por el diseño general de su casa, por su guardaropa, su carro y unos cuantos aditamentos. Nosotros nos preocupamos por todo eso todavía pero también por el diseño de la funda de nuestro ipod, por las configuraciones de nuestro web-browser, por el modelo específico de nuestros tenis, por el tipo de cubitos de hielo que queremos que haga nuestro refrigerador, por la edición de colección de la re-edición de 2006 del DVD remasterizado de la película de culto de los años ochenta, por la grabación “bootleg” del concierto específico al que atendimos, por nuestra propia selección de estaciones de radio en el coche, por el ringtone de cada uno de nuestros contactos, por las actualizaciones de las páginas web que consultamos día a día…  

Incluso el sistema educativo se ha vuelto un infierno. Antes eras abogado, contador, ingeniero, médico y ya. Ahora sigues siendo eso básicamente, pero eres “ejecutivo en coordinación de recursos humanos”, “ingeniero en industria espacial cibernáutica”, “programador de software aplicado al diseño gráfico”, “blogger de productos cosméticos faciales”. ¿No creen que la cantidad de carreras, escuelas y títulos disponibles es algo a veces ridículo?

Sólo hay una cosa que tiene más variedad tramposa; sólo hay una industria que  es infinitamente superior vendiendo una y otra vez el producto de siempre pero adornado con un montón de adendos insignificantes para hacerte sentir alguien con control y voz dentro del sistema.

Coffee Shop Wars (oh no!)

Coffee Shop Wars (oh no!)

 ¡Wow! ¡Vean lo que puedo comprar en un Starbucks por el precio de una baguette!  Se trata de un:

“Double Chocolate Chip Mocha Frappuccino®!!!  A creamy blend of rich mocha-flavored sauce, chocolaty chips, milk and ice. Topped with sweetened whipped cream and mocha drizzle.”  Tan mono que te lo comes con la vista con todo y calorías. 

 Tan mono que te lo comes con todo y calorías de sólo verlo.

Yeah! ¿Lo tengo que pedir diciendo el nombre completo y sonando como esa mujer joven, plena y reconfortadora de los anuncios? Wow! ¿Puedo escoger mi propio vaso temático reciclable? ¿Y la cantidad EXACTA de chispas y chochos que me gusta? ¿Y de paso voy a estar consumiendo un producto “orgánico” y ayudando a los niños de la selva? ¡Qué increíble manera de refrescarme en el verano! ¡Qué detalle más maravilloso para alegrar mi día!

Ok , estoy yendo un poco lejos. No quiero sonar tan amargado como Woody Allen en esa película AntZ (se llamaba así porque él era la hormiga ‘Z’ en medio de la colonia de hormigas todas iguales dentro de la cual quería individualizarse). Es más, el otro día fue al Society y pedí uno de estos brevajes y admito que son tediosa pero adictivamente ricos y azucarados (al menos hasta que el frappe se atora irremediablemente en el popote o hasta que ya sólo queda agua ultra diluída). Pero la verdad es que es un concepto demasiado “cute” para mi gusto.

De hecho, si desde el inicio me hubieran pedido escribir sobre “nuestros fetiches individualizadores” Y de “perky coffee beverages”, tendría el derecho de hacer la siguiente digresión:

¿Qué pasa con el café y el chocolate hoy día? Los dos productos se han afresado terriblemente a lo largo de la historia, en mi opinión. Por un lado tenemos al café, ese noble grano que en sus zonas árabes de origen se sigue consumiendo mascado o bebido sin ningún aditamento (y cualquiera que sepa lo que es un café árabe espeso auténtico sabe que ésa es la única forma de tomar café; de hecho, si alguien quiere matarme no tiene más que ofrecerme un café americano bien diluído y con mucha azúcar; pienso que el café americano es parte de la conspiración para que sigamos “felices” y despiertos trabajando en las líneas de producción).

I like my coffee Turkish as my ... coffee?

I like my coffee Turkish as my ... coffee?

Por otro lado tenemos al chocolate, esa estupenda aportación precolombina que también a veces sigue mascándose y bebiéndose sin ningún aditamento. ¿Y qué es lo que pasa? Pues que llegan los europeos y que deciden endulzar y agregar leche a diestra y siniestra para que ambos productos sean más suaves, tentadores y adictivos al paladar. ¿Y qué es lo que pasa después? Pues que los gringos juntan el café y el chocolate en un mismo producto para que el consumo sea más eficiente, y para que haya muchas más posibles combinaciones que agreguen variedad a la experiencia degustativa.

Sólo tengo una cosa qué decir al respecto: ¡somos una bola de NENAS!  Si tuviéramos que volver a sobrevivir fuera de la civilización no aguantaríamos nada porque “las bayas estarían amargas”.

Además, hay algo mucho peor que ha resultado de la tendencia anterior. Me refiero a la gradual pérdida de la diversidad de sabores y experiencias culinarias. Parece irónico que en una época supuestamente globalizada sea cada vez menor la posibilidad de encontrar productos y sabores realmente originales por debajo de todo el teatro mercadotécnico de las compañías monopólicas (y eso incluye a las naturistas y orgánicas). (Vaya: a lo mucho nos salen con un refresco sabor guaraná cada tres años.)

Esto es un fenómeno sobre todo de la ciudad (donde nos dejan con la carne, las tortillas, las frutas y las verduras más minúsculas y sin sabor que encuentran). No es lo peor. Ya de por sí tenemos poca variedad de productos y encima nosotros mismos nos imponemos un rango limitadísimo de sabores. Por ejemplo, empezamos a solamente disfrutar las cosas con queso o  a las cosas dulces y cremosas. Y de entre ellas acabamos prefiriendo: ¡Starbucks!  ¿Soy el único que recuerda que la opinión popular inicial consideraba pésimo ese producto?  Y nada ha cambiado fuera de la mercadotecnia y difusión del mismo, para volver a la discusión principal. Nos hemos acostumbrado a lo que nos ofrecen en parte porque no buscamos otras cosas y en parte porque no están disponibles, pero también porque CREEMOS (como bien nos quieren hacer creer) que realmente disfrutamos de una gran variedad. Y entonces llevamos a las generaciones más jóvenes (los ahora niños y adolescentes) a tomar un café o un chocolate amargo que no sea como el de estas cadenas (o como el de Hershey’s o el Tin Larín) y nos salen con un “¡qué extraño!”. Of all the ironies.

En fin, en mi eterna determinación de ir en contra del mundo he de decir que no estoy conforme con muchos de estos desarrollos. Son muestra de una sociedad conformista y autocomplaciente que al mismo tiempo cree que tiene muchas opciones y que no puede dejar de consumir porque se deja impresionar con variaciones minúsculas que asociamos con la felicidad. Por ejemplo, sale un iPad y todos queremos uno a pesar de que sabemos que es innecesario, que será obsoleto en cuestión de meses y que sus funciones son básicamente las mismas que las de otros aparatos.  

En mi opinión, mejor gastamos el dinero catando una botella de vino única e irrepetible, y buscando su maridaje culinario exótico y fuera de serie. En efecto, escapar de lo rutinario es posible todavía pero requiere dinero. La producción en masa, individualizada o no, sigue siendo más económica y sencilla. Pero eso ya lo sabíamos, supongo.

*** *** *** ***

Pues bien. Mi amigo (el que mencioné al principio) sugirió en una muy amena charla que escribiera, entre otras cosas, sobre mí, sobre blogs y sus retos, sobre la variedad de temas, sobre la mercadotecnia y sobre el significado de degustar un buen vino. A ver si otro día se me ocurre qué decir de relaciones, jeje.

 Por lo pronto manden sus sugerencias de temas. Y por favor: disfruten el internet, sus gadgets, su café nice y su especialización profesional y laboral, pero nada más no se vayan con la finta.

June 12, 2010

Definitivamente ya no los hacen como antes

Filed under: Ideas brillantes — AGS @ 6:42 pm

¿Por qué vale la pena recordar los setenta? Respuesta: Galley-o-hoop-hoop

Se aceptan comentarios sobre mi madurez pero -advertencia – a Jim Henson NADIE lo toca (que en paz descanse en el cielo Muppet).

May 9, 2010

Sorprendente

Filed under: Ideas brillantes — AGS @ 3:26 am

Hace no demasiados años usaba el internet poco -en parte porque en mi casa no teníamos y en parte porque todavía no era el adicto de hoy en día. Ciertamente no sabía lo que era messenger o skype, y muchas páginas frecuentadas y actividades “en línea” me eran desconocidas. Me acuerdo que la primera vez que me topé con páginas al estilo de Yahoo Answers pensé: “qué tontería”.  (Ahora reconozco la utilidad -limitada -de esas páginas pero entonces era más escéptico de las virtudes del internet.)

(Mi amigo Ocelopan, por cierto, hizo notar el otro día que el encuentro de Sudo con cualquier innovación atraviesa por tres etapas: 1. rechazo rotundo y crítica devastadora, 2. determinación de jamás unirse al rebaño que usa el producto, 3. eventual aceptación del mismo. Mi amigo Ocelopan me conoce desde hace más de quince años.)

Bueno, el caso es que para burlarme del sistema de Yahoo Answers y de los que participaban en él rápidamente me inscribí y busqué una pregunta ridícula y sin sentido como: “¿cuál es el autor más famoso de libros?”

Acto seguido proporcioné una respuesta boba y sarcástica: “No se cómo se llama pero a mí me inspira el autor de Quién se ha llevado mi Queso. Es una gran obra literaria, digna de compararse con Milton o Wordsworth.”

Y luego pasaron tres años donde me olvidé completamente del asunto. Hoy por azares del destino busqué mi nombre completo en internet y Google me remitió a esa vieja entrada en Yahoo Answers. Para mi sorpresa me encontré con casi doscientas respuestas de gente muy seria y claramente sin nada mejor qué hacer. Enjoy!

http://espanol.answers.yahoo.com/question/index?qid=20061127151446AAhq1ar

March 2, 2010

Si usted desea hacerse millonario e incluirme…

Filed under: Ideas brillantes — AGS @ 2:26 am

Hoy tenía que comer fuera y, dada la desidia, mi mala ubicación y falta de creatividad, acabé en un Sanborns.

(Al menos no fue un Vips o un California, en los que cada vez pagas más y te dan peor pan. Aunque definitivamente lo que más odio es un Bisquets, Bisquets, Bisquets, Bisquets, Bisquets… bueno, ésos.)

Sanborns no es un paraíso gastronómico. No lo será nunca, por más que algún ejecutivo que no come en Sanborns le pague a un montón de publicistas juniors y chefs vacas sagradas para que nos hagan creer que dicho restaurant nos trae las auténticas recetas caseras de la abuela Yeya en Michoacán. ¿¡Qué de veras creen que voy a ordenar un platillo sólo porque tiene un nombre exótico y una descripción antojadiza como:  “suculento trozo de carne de (pueblo con nombre extraño) gratinado con pasitas, almendras y deliciosa salsa de hierbas finas al estilo (nombre pomposo en francés), decorado con cilantro y una cereza”?!?! (Malditos: lo saben.)

¡Mmmmmm! ¡Irresistible! Son las flautas de siempre, con la tortilla rancia y tatemadita, acompañadas de suculentos retazos de lechuga empapada y dos sopes riquísimos que no llegan ni a la mitad del tamaño de los de la foto. Todo en un muy mexicano plato artesano-industrial. ¡Para chuparse los dedos!

¡Mmmmmm! ¡Irresistible! Son las flautas de siempre, con la tortilla rancia y tatemadita, acompañadas de suculentos retazos de lechuga empapada y dos sopes riquísimos que no llegan ni a la mitad del tamaño de los de la foto. Todo en un muy mexicano plato artesano-industrial. ¡Para chuparse los dedos!

Sin embargo, Sanborns no es tampoco la peor opción para ir a comer o cenar. Si evadimos el PÉSIMO café americano, aprendemos a decir que “no” a los dieciocho cocktails de bienvenida de forma eficiente, y no nos ofende que vistan a las meseras de cuarenta años como si fueran muñecas de trapo de gusto indigenista (¿alguien realmente piensa que el naranja, el blanco y el azul son colores mexicanos?), Sanborns se vuelve una opción aceptable para todo tipo de ocasión. Incluso si ya no abre a las dos de la mañana sigue siendo un conveniente salvavidas.

Parte del éxito es que Sanborns es más que un restaurant. ¡Es una tienda! No…. ¡es una farmacia! ¡No! ¡Es una librería! ¡Noooo! ¡Es…!

algo muy extraño en verdad.

Noten la arroba (signo de modernidad). Los tecolotitos al fin tendrán algo más que hacer en sus noches desveladas.

Noten la arroba (signo de modernidad). Los tecolotitos al fin tendrán algo más que hacer en sus noches desveladas.

Hace unos meses que estuve en Buenos Aires, me puse a pensar en las convenientes particularidades de un Sanborns y se las comenté a mi pa mientras cenábamos cualquier cosa después de haber deambulado durante más de una hora sin encontrar muchas opciones donde comer. Él estuvo de acuerdo. Sanborns es siempre un “último recurso” muy útil (quizá más que el McDonalds o el restaurant estilo Toks –al menos en las ciudades más grandes). Es una opción que (creo) sólo está disponible en nuestro país. En esa ocasión no pudimos pensar en algo que siquiera se le pareciera en este u otro contienente.

Y es cuando reflexioné y encontré la posible razón: Sanborns es, conceptualmente, una PÉSIMA idea. Es un restaurant ligado a una tienda que vende de todo, sin clientela bien definida y sin presunción real de tener “clase” o “estilo”.

Imaginemos un mundo en el que Sanborns nunca existió (y, por tanto, un mundo en el que no nos topamos siempre con las tres o cuatro fotografías harto reproducidas de los Zapatistas desayunando en el Centro en 1915).

¿Se imaginan lo que pensaban las meseras? Quizá algunas no volvieron a ser vistas una vez que los soldados se acabaron su café con leche...

¿Se imaginan lo que pensaban las meseras? Quizá algunas no volvieron a ser vistas una vez que los soldados se acabaron su café con leche...

Este sería el posible diálogo inicial entre A) el empresario inversor tipo Slim y B) la persona que tiene la idea del Sanborns por primera vez, sólo que hoy en día.

(Abre telón.)

A: Me dice que tiene una buena idea para un negocio

B: En efecto, es la mejor idea de todas. Va a ser un “hitazo”. Va a haber un “Pepe” en cada tercer esquina de cada avenida primaria de cada ciudad en el país.

A: ¿Ah sí? ¿Qué va a vender?

B: En lugar de responderle inmediatamente, quiero que usted se ponga en el lugar de un potencial comprador clasemediero que está dispuesto a adquirir tanto productos indispensables para la vida cotidiana como productos un poco más lujosos que se le presentan repentinamente a buen precio.

A: ¿Quiere que yo le pregunte qué venden, como si llegara por primera vez?

B: (repentinamente, adoptando una voz afectada) ¡Buenos días! ¿En qué le puedo ayudar “caballero”?

[Señores: ¿no se les hace curioso que les digan "caballeros", por cierto?]

A: Muy bien, muy bien. Seguiremos el juego. (Cambia la voz.) ¿Venden televisiones? ¿Electrónicos?

B: Sí.

A: ¿Juguetes?

B: Sí.

A: Libros, revistas.

B: Así es.

A: Maletas, botiquines, paraguas…

B: Por supuesto.

A: Pasteles, billeteras, relojes finos, habanos importados…

B: Ajá.

A: (¿Tiene sentido que siga preguntando?)

B: (Quizá.)

A: [.....] ¿Medias femeninas? ¿Algo de ropa?

B: Sí…

A: Celulares, discos, videojuegos, películas…

B: ¡Sí! ¡Sí! ¡Todo eso y más! ¡”Sólo sólo Pepe” será el slogan!

¡A mí también me encuentras en Sanborns! Es tradición desde 1992.

¡A mí también me encuentras en Sanborns! Es tradición desde 1992.

A: A ver. Calma. Vamos a ver: está proponiendo poner un super de clase. Un tipo Wal-Mart o Costco, pues, pero menos multitudinario. O quizá una especie de farmacia o “convenience store” como las gringas…

B: No, claro que no. Qué tontería. ¿Qué no me está escuchando?

A: Sí, sí, lo escucho: venden de todo para una emergencia o un viaje largo en la ciudad o en carretera: medicinas, llaveros, recargas de celular, refrescos…

B: No, no, refrescos nunca. [...] Nunca.

A: ¿No venden refrescos? ¿Botanas?

B: Sólo chocolatería fina y dulces selectos importados a precios inflados.

A: Pero… ¿papas sabritas?

B: No, qué absurdo.

A: ¿Absurdo? A ver: la mayor parte de la gente que entra a una tienda de esa naturaleza busca papas y refrescos. ¡Son los productos más populares en el mercado!

B: No en “Pepe”. Porque la gente que va a “Pepe” se va a quedar husmeando los productos (que siempre tienen la opción de ser pagados en cómodas mensualidades, por cierto) y haciendo hambre en lo que espera.

A: ¿En lo que espera qué?

B: Pasar a comer.

A: ¿En dónde, por Dios?

B: En el restaurant-bar del Pepe, donde el cliente podrá tomar una copa mientra ve el partido con sus amigos del trabajo (wink wink) o mientras disfruta con su familia los platillos mexicanos más característicos.

A: ¿Como cuáles?

B: [....] Enchiladas suizas.

A: Enchiladas suizas.

B: Le quedan buenísimas a mi muchacha, y ya me dio la receta. Dice que su abuela les puso así porque llevan mucho queso, y ya ve usted que los suizos…

A: A ver. A ver. Déjeme ver bien. Usted propone abrir un restaurant bar al lado de una tienda.

B: Sí, yo pienso que la mejor disposición es poner la entrada del restaurant junto a las películas en promoción, los peluches de San Valentín y las pelotas de playa.

A: [...] ¿Y además de todo es un restaurant familiar, al que iría en un domingo?

B: ¡O también a la hora de comer, en horas de oficina!

A: ¿Quién va a querer comprar una televisión a las tres de la tarde en horas hábiles?

B: Bueeeno, quizá televisiones no, ¿pero qué tal la última novela de Dan Brown? ¿Eh? ¿Eh? ¿Qué tal? Para que el burócrata presuma que lee novelas de misterio en inglés en sus ratos libres. (Sonríe orgulloso)

A: [...] Lárguese de mi oficina.

(exeunt)

[Acto seguido, A le roba la idea a B sin pagar regalías]

Y sin embargo se mueve. La idea es tan estrafalaria que funciona a la perfección y es parte indiscutible de la vida cotidiana de un chilango promedio. Está tan arraigada en nuestra mentalidad que no podemos siquiera explicársela a un extranjero. Hace unos meses llevé a Teotihuacán a un amigo de Estados Unidos. Ni él ni su esposa habían estado en México. En la noche, de regreso, me pidieron que los llevara a comprar algunas chácharas y a cenar. Sugerí Sanborns y lo describí. No me creyeron hasta que lo vieron. “They REALLY do sell everything!”

Bueno, no todo. ¿Saben lo endemoniadamente complicado que es conseguir agujetas en esta ciudad? Pero bueno, esa es otra historia.

Point being: ¿quieren lanzar un negocio exitoso en otros países latinoamericanos? (En EU y Canadá quizá no, porque su dinámica de compras es otra.) Pues consigan un par de espacios relativamente modestos en lugares céntricos de Buenos Aires, Santiago, Río y Lima y echen a volar el proyecto. Eso sí: si le ponen “Pepe”, yo quiero mi diez por ciento.

Pronto en su Sanborns favorito.

Pronto en su Sanborns favorito.

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