Dante's Last Ice Cream

January 30, 2011

Deje todo lo que está haciendo

Filed under: Comics,Reseña — AGS @ 9:45 pm

y póngase a leer comics dominicales!

Después de horas y horas y horas y horas acabo de terminar, para la siguiente semana, diez artículos académicos y un libro de 300 páginas. En las siguientes 24 horas, además, tengo que armar una reseña de 4000 palabras de dicho libro y una presentación de media hora con todo y acompañamiento audiovisual para el seminario de minimalismo (véase post anterior con todos esos números divertidos). [Nadie adivinó el significado de eso, por cierto, así que se perdieron el premio de diez mil millones de dólares. Qué pena.]

Pero bueno, para despejar un poco la cabeza (o para ejercitar las neuronas en un terreno distinto), y en lo que se cuece la pasta, no hay nada como compartir otra más de mis tiras cómicas preferidas.

Ésta es tan buena que se merece su entrada individual.

Es una lástima que no empecé a ver Cul de Sac desde antes de 2010. Estoy seguro que se me han ido historias y chistes buenísimos. Cuando la vi por primera vez hace ya algo de tiempo me pareció extraña y sin sentido –pero esa es justamente una de sus muchas gracias. Poniendo algo de atención, uno descubre que Richard Thompson es probablemente el caricaturista más completo (“redondo”) de esta generación, y el verdadero sucesor de Bill Watterson (Calvin y Hobbes) y todos los verdaderos maestros del género (por ejemplo: Schulz, Quino). Es interesante notar que todos ellos dibujaron niños pequeños con neurosis adultas. Hay muchas razones. A) Los niños son más “fáciles” de dibujar y ofrecen una amplísima “paleta” de expresividad corporal. B) Los niños son “adecuados” para un género artístico que todavía se considera infantil y meramente de entretenimiento. C) Los niños se prestan más fácilmente a historias de malos entendidos, imaginación desbordada, agresiones inocentes y todos los demás “nichos” y estereotipos humorísticos de la tira cómica desde su nacimiento. No hay que olvidar que Mickey y Donald, rufianes en un principio, no tenían más de catorce años. Sin embargo, los grandes maestros también entendieron que D) es posible criticar cualquier cosa si aparentas no poner una cara seria y que E) los problemas adultos (con todas sus facetas detestables y deprimentes) aparecen disminuídos, suavizados y ”caricaturizados” por medio de personajes “pequeños”. Es por eso que el resultado es divertido, incisivo y muy instructivo, todo a la vez. Es por medio del imposible contraste entre ingenuidad perdida e intelectualidad exagerada que estos caricaturistas proyectan sus deseos e inseguridades y nos ofrecen un espejo de una realidad adulta más compleja. Y, sin embargo, también saben expresar las ideas más simples, inocentes y simplonas:

Vean qué maestría. No sabría definirlo de otro modo. Casi casi puedo sentir cómo Alice Otterloop se tambalea enfrente de mí. Siento que estoy sentado a ras de suelo, infraganti (el típico papá con la videocámara), viendo cómo la niña tierna intenta caminar los 50 metros más cómicos de la tarde. Y, en el ejemplo previo, vean qué efectivo despliegue de emociones desfila por el rostro de Alice en tan solo cuatro cuadros. La niña pequeña 1) imparte consejo, 2) exclama, 3) contrasta la pose anterior y 4) es silenciada antes de volver al segundo inciso: una víctima de sus propias fantasías. En la “imitación” del animal veo cristalizada la imagen perfecta de una niña de cinco años: orgullosa de sus descubrimientos, creativa, exhuberante, ignorante de sus propias energías. El paso (encogimiento corporal) de 2 a 3 es fugaz porque probablemente la hija del caricaturista se mueve así de rápido en la realidad. (Algunos padres seguramente lo llamarán trastorno bipolar.) No obstante, a pesar del realismo que se nos presenta, la tira es absolutamente irreal. Es más: ni siquiera se expresa como una tira cómica (una irrealidad) convencional. El chiste no es un chiste, es más bien una situación cómica basada en una premisa que se ha venido desarrollando en tiras anteriores (básicamente: Alice descubre que el pangolín, un tipo de manis, es suficientemente cool y raro para ser el tema de su disfraz de Halloween y se dispone a averiguar todo acerca de él). El punchline es imperfecto: lo “normal” en el género hubiera sido que Alice se contradijera, o que un pangolín real apareciera y dijera algo ingenioso. Pero aquí la portadora del chiste es silenciada y el interlocutor (Dill) es tan ingenuo que es incapaz de emitir una respuesta efectiva: está completamente perdido en la fantasía que ha sido narrada y el punto de la censura –si es que fue hecha con ironía– le pasó desapercibido. Si nos reímos, lo hacemos como observadores en tercer plano y por todo lo que rodea a la situación, no por la situación en sí. Pero no estoy seguro si nos reímos como adultos orgullosos de las tonterías de sus hijos: la mayoría de los adultos que conozco no le encuentran la gracia a esto. (Claro que la mayoría de los adultos que conozco no tienen hijos…) Hay que ser o muy joven de corazón o muy vanguardista para reírse de un sinsentido, y a mi alrededor no veo que haya mucho ni de lo uno ni de lo otro.

Why? Why? ¿Por qué funciona tan bien? ¿Qué es Cul de Sac? Es una historia de niños en un suburbio del este de Estados Unidos, sí, pero no cualquier otra. Si uno lee Foxtrot, por ejemplo, uno está viendo sólo eso: un retrato familiar de la clase media, el show de Bill Cosby en tira cómica. ¡Mira! ¡Todo mundo cae en su lugar! Está el papá, harto de su trabajo e incomprendido por sus hijos, la mamá que se queda en casa escribiendo, el hijo mayor que busca entender a las mujeres, la hija con sus problemas hormonales, el niño geek con su computadora y su mascota idiosincrática. La fórmula se repite y se repite desde hace setenta años. Y es valiosa porque nos presenta un retrato honesto de la cultura y los temas populares de moda, si bien de una forma un tanto idealizada.

Pero los grandes maestros hacen más que eso, insisto. Sus “niños” no caen en los estereotipos esperados.

Peanuts no es sólo la historia de unos niños de suburbio y un perro con personalidad: Peanuts es un agrio comentario de los orígenes de la soledad, la depresión, la inseguridad y la incomprensión entre clases sociales, un breve atisbo cincuentero de los problemas sociales que se denunciarán diez años después. Charlie Brown no es sólo un incompetente de buen corazón: es el hijo de un peluquero que probablemente nunca tendrá una oferta de trabajo en otra ciudad, como el padre de Linus y Lucy; que probablemente nunca tendrá un talento destacado, como Schroeder o Peppermint Patty; y que probablemente nunca acabará de satisfacer a una mascota que claramente adquirió sus gustos bohemios antes, ya sea en el criadero o mientras vivió con su mucho más opulenta pero muy enfermiza dueña anterior. (Todo es cierto y está en la tira. ¿Sabían que Snoopy tiene una colección de discos de jazz y música clásica junto a su mesa de billar?) Charlie Brown probablemente será un joven desadaptado toda su vida. No va a ser Kevin Arnold de los Años Maravillosos, conquistando chicas y preparándose para ser un escritor (ése es Linus). No va a ir a Woodstock en 1968 (Peppermint Patty) ni a unirse a una protesta estudiantil (Lucy). Se va a quedar en su one-horse town empacando cosas en un supermercado y manejando un camión porque esa es su situación académica y económica.

 

Mafalda no es sólo un retrato de la vida clasemediera en una ciudad argentina de los años sesenta: es un continuo comentario político y sociológico de esos años desde al menos seis intelectos o puntos de vista (Mafalda es la voz de la nueva generación educada y cosmopolita, los padres son la vieja generación Blue Collar que veranea en la playa una vez al año y que probablemente se reproducirá en Felipe, Manolito es la juventud tecnocrática-empresarial sin educación humanista, Libertad es la izquierda marxista, Miguelito es la filosofía clásica, Susanita es la respuesta al feminismo).

Y podríamos seguir. Calvin y Hobbes no es sólo sobre las aventuras de un niño con imaginación: es un diálogo personal entre el ego y el superego, entre la creación y la destrucción, entre el deseo de hacer lo que uno quiere por el bien intelectual propio y la necesidad social de contener dichos impulsos.

Pero basta por el momento, simplemente porque Mafalda y Calvin se merecen un análisis mucho más completo en otra ocasión. El punto es que todas estas tiras tienen contenido. Son valiosas porque sus personajes representan un arquetipo social que va más allá del estereotipo de edad. Y, magistralmente, estas tiras también son entretenidas porque no se toman en serio, o saben aparentar artísticamente que no deben ser tomadas tan en serio. Tienen sentido del humor. Y expresividad. Y de todos modos dicen algo real de su sociedad y su gente. Y todo en tres o cuatro cuadros. Ja. Y uno se pregunta, ante esta economía de medios, si tiene sentido escribir un artículo sociológico de treinta cuartillas con notas al pie de página…

Cul de Sac, con todo, es distinto. Como ya lo anticipé, el autor parece menos preocupado en analizar la política de sus tiempos –aunque ciertamente hay algo de “los niños de ahora saben demasiado por la tele y los videojuegos”– o en desmenuzar el inconsciente de sus niños –aunque el hermano mayor vive en su propio mundo misterioso, todavía más hermético que el de Calvin, y probablemente crezca como un psicópata. De hecho, la propia Alice no es tan inocente como aparenta.

Cul de sac es una tira compleja y posmoderna: es ecléctica, erudita, autoreferencial y consciente de la historia de la tira cómica (a veces hay referencias a estilos antiguos). Recoge el lenguaje y las ideas de sus predecesores pero agrega un toque de ridiculez e inocencia muy personal. No es divertida: es divertidísima 8 de cada 10 veces. Está a la altura. Seis estrellas. Vengan las antologías.

October 29, 2010

¡El blog vive!

Filed under: Comics,Reseña — AGS @ 6:05 am

No saben el paro cardiaco que me dio el otro día cuando vi que no se había pagado la “renta” de ofworldsandwoes.com y que en lugar del portal usual salía uno de una especie de universidad cristiana, o algo así.

El Último Helado de Dante ha estado en el congelador porque ha habido otros postres para degustar en estos últimos meses. (No muy variados, claro está: en la tierra del maple y los alces lo único dulce que se come es chocolate industrial, sobre todo si Halloween se acerca.) Pero no me preocupa. ¿Quién dijo, después de todo, que hay que engullirlo todo a grandes mordiscos? Lo bueno viene dosificadamente. Así que empecemos a saborear de nuevo el Helado con algunos bocados diversos.

(nom-nom-nom  sssslurp) (mmm… pistaaache)

Pistache. La vida canadiense es tan distinta a la gringa. ¿Cómo no notarlo? Digo. Son evidentemente una nación con claras distinciones culturales. Como por ejemplo la miel de maple, la bandera de la hoja de maple y la hoja de maple que imita a la bandera (que se pone amarilla, luego roja naranja, luego roja roja, y luego luego roja ya no estoy en el árbol antes de que te des cuenta). O como por ejemplo los alces y los castores. ¿Qué? ¿Qué esos no son realmente factores culturales distintivos? Qué insulto. Es obvio que del lado sur de la línea recta artificial que recorre cientos y cientos de kilómetros no hay árboles de maple ni castores ni amantes de hockey. Es obvio que el paisaje natural y humano es radicalmente distinto tan pronto llegas a la otra ribera del gran lago. ¿Pero quieren más? Pues hay mucho más. Mucho. Mucho en verdad. No podría parar de enumerar las diferencias con Estados Unidos. Como por ejemplo la guardia montada. O Bryan Adams. O una extraña pronunciación de la palabra “about” de la cual los canadienses aparentemente no se dan cuenta y se ofenden si lo mencionas. ¡Y el francés! Digo. No es como si los candienses de Ontario entiendan ni jota o les importe. Pero esta, señores, esta es una nación bicultural y bilingüe ¿sí? Así que respetemos sus tradiciones y el horrible acento del québécois y vayamos a otros asuntos no sin antes acabar mencionando a Tim Horton, que es la deidad local que otorga un +5 holy modifier a todos los que beben sus brebajes.

(No, seriously. Alguien tiene que hacer algo. Todos somos esclavos de Tim Horton. S.O.S. Send help! ¡Antes de que me descubran!)

La vida en Londres es dinámica y entusiasta. ¿Quién quiere vivir en Londres cuando se puede vivir en Londres? A diferencia de Londres, Londres tiene todas las virtudes de la vida al aire libre. Ninguna otra. ¡¿Pero qué más podría quererse?! Vaya. Están las veredas junto al río, el río, los árboles, las casas suburbanas, los árboles, el río, las casas suburbanas, los coches, el río, los árboles. Bicicleteando por la ciudad me topo a veces con el río, muchos carros que odian a las bicicletas, algunos semáforos, el río, los árboles, las casas no tan suburbanas, las veredas junto al río, los supermercados, el río, los árboles y una que otra persona que de hecho se ha aventurado a salir a caminar. (Wooow) Esto es desarrollo. No sé si es calidad de vida. Y hay días bastante frescos (“esto es otoño ¿sí? pero con tintes invernales”). ¡Pero desarrollo a fin de cuentas! Si no: ¿por qué habría tal atractivo? 400,000 personas opinan que Londres es un buen lugar para vivir. Toda una conurbación conservadora. Lástima por esos colombianos inmigrantes…

 

Ir a una verdadera universidad a nivel posgrado es toda una experiencia distintiva. Los edificios decimonónicos emulan bien el ambiente ivy leaguer; casi no se nota que esos no son realmente ladrillos… Me encanta ver pasar las hordas de undergraduates: es casi tan inspirador como darles clase como Teaching Assistant (aka, esclavo de profesores vagos). Tanto potencial. Tantas cabezas privilegiadas. Es obvio que la vida primermundista les ha dejado tiempo para reflexionar largas horas delante de la televisión. (Sí, sí, ya sé qué es Jersey Shore. Es horrible.) ¡Y el trabajo! ¡Vaya! ¡Esto es trabajo! Kilos y kilos de lecturas a la semana, research papers para entregar en un par de meses, discusiones y presentaciones de seminario, debate académico. Claro. Es toda una novedad. Ya veo por qué la llaman maestría. “Maestría” es cuando tienes esta intensa carga de trabajo por tres semestres y medio. Duh. ¿Por qué fui tan idiota y escogí la licenciatura del Colegio? “Licenciatura”, claro está, es una intensa carga de trabajo equivalente a la de la maestría pero por ocho semestres. ¡Es obvio que es inferior! ¡Por eso estoy aquí! ¡Para obtener la educación que no puedo tener en mi país de cactus, calor insoportable y mujeres maquiladoras muertas en Juárez! Caramba…

Pero déjenme contarles acerca del programa académico. Resulta queLO SENTIMOS. LOS PROFESORES DE LA FACULTAD DE WESTERN ONTARIO ESTÁN A PUNTO DE IRSE A HUELGA. ESPERE PRÓXIMO AVISO.

Lo de la huelga es en serio.

Mejor olvidemos el trabajo y la política con más helado (luego sigo con eso):

(slurp, slurp, slurp. aaaaaaa. coco)

Coco. Para los que hayan estado viviendo en la luna los últimos tres o cuatro meses debo informarles que su servidor es toda una celebridad. Vaya. ¿Quién no estaría al tanto del programa cultural de la Secretaría de Relaciones que se transmite todos los martes en la mañana en AM? ¿Y quién no habría escuchado todos los jueves a las doce de la noche y seis de la mañana esas perspicaces cápsulas en las estaciones del IMER? Habría que ser todo un canadiense provinciano para no saber que AGS debutó en la radio en los últimos meses y sigue apareciendo de vez en cuando.

Pero bueno, los despistados podrán hacer patria y sentirse honrosos de unirse a los festejos del bicentenario/centenario al escuchar mis entrevistas con académicos realizadas en las instalaciones del Instituto Matías Romero y mis cápsulas históricas “Distintas versiones, una misma historia” realizadas en el Instituto Mexicano de la Radio. Las primeras están en la página del Matías Romero bajo Programa de Radio (columna izquierda); ya está saliendo el bloque de revolución. Las segundas están en http://www.radio2010.imer.gob.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=232&Itemid=158 ; sólo hay una que no se puede oír y otra más que no han subido. (Voten por mí, por cierto, del lado derecho en http://www.opus.imer.com.mx/index.php?option=com_poll&id=31:de-las-capsulas-o-programas-historicos-icual-le-gusta-mas) De las primeras ya hice un extenso comentario en este espacio. De las segundas tengo otras varias anécdotas, que puedo condensar así:

1) El proyecto de Distinas Versiones fue posible gracias a largas horas de tedio en el archivo histórico de la Secretaría, a proyectos alternos con la productora del IMER y a mucha, mucha suerte. Pero, créanlo o no, todo estuvo calculado. Como sabrán, el Dr. Garcíadiego tiene un reconocido programa de radio y muchos contactos. Al tanto de esto, su servidor se sometió como su ayudante indirecto malpagado y pasó varios meses de 2009 recopilando información sobre la labor diplomática de la legación mexicana en Francia durante el movimiento del 68. [De paso aprovechó para sacarle unos míseros centavos a un profesor de Kentucky a cambio de más horas tediosas recopilando información sobre la labor diplomática de Octavio Paz en India --antes de que el poeta laureado renunciara indignado por dicho movimiento del 68 (qué vida cómoda, caray).]

En el proceso, dicho Dr. no tuvo más remedio que recompensar una tarea diligente y menesterosa y responder a mis peticiones de que me presentara con gente del IMER –que a su vez no tuvo otra opción que recibir al estudiante recomendado de dicho Doctor. (Clever ain’t it?)

El estudiante recomendado tenía todo un proyecto de cápsulas de 200 años de historia de la música en México –pues el estudiante recomendado sabía que era el momento de explotar la euforia bicentenaria –pero se topó con pared por falta de recursos (maldita crisis) y el hecho de que ya había un proyecto de 500 años de historia de la música en México (damn). Entonces el estudiante tuvo que pasar el resto de 2009 en un risible proyecto de traducciones para el propio IMER que, sin embargo, no pagó tan mal. (El proyecto se llama México es mi Museo. Si usted pasea algún día por un monumento notable del país y ve el cartel correspondiente, gaste unos 15 pesos y marque el número telefónico: pida la opción en inglés y hay 40% de probabilidades de que el guión traducido sea mío.) Finalmente, a principios de 2010 el estudiante recomendado tenía credibilidad suficiente como atreverse a solicitar otro proyecto. Resultó que la “plaza” de Distintas Versiones (en su encarnación anterior) había quedado desalojada y que justo en ese momento estaban buscando reemplazo. “No te podemos pagar gran cosa, pero es un proyecto de buen tamaño.” Y así fue. El dinero no era importante, mientras que el trabajo lo pude moldear a mis gustos y necesidades, un tanto insubordinadamente.

[Al momento, la participación de AGS en el IMER está congelada por el sempiterno escepticismo de la productora. Pero un servidor espera que el buen desempeño de su "programa" lleve a que soliciten más cápsulas u otro proyecto. Mientras, el Dr. y yo mantenemos una relación plena de amor-odio que sinceramente ya no entiendo. Por un lado se rehusa a atender a una de mis entrevistas, por otro lado se chuta dos horas de mi examen profesional. Riddle me that. Por cierto, para ciertas personas que viven en cavernas o que de plano no me quieren felicitar, resulta que me titulé hace un par de meses. En unos días estará disponible la copia oficial de mi tesis "Origen y consolidación de dos sistemas americanos" en la biblioteca del Colegio.]

2) Hubo un momento de intensa preocupación creativa. ¿Cómo modificar el estilo de cápsulas altamente oficialistas? ¿Cómo no recurrir al mandato original, que simplemente era leer “citas contrastantes de un mismo evento”? (Sí, claro: como si se pudieran encontrar rápida y claramente citas de veinte segundos que demuestren versiones opuestas de eventos conocidos.) ¿Cómo alcanzar un equilibrio entre el rigor académico que me exijo y las necesidades didácticas y de difusión de la radio pública? Las soluciones no siempre fueron fáciles, pero espero haber dado variedad -distintas aproximaciones -a la idea de “distintas versiones”. A veces presenté distintas narraciones de episodios, pero también hubo distintas hipótesis, distintos puntos de vista, distintos estilos literarios, etcétera. Aunque no lo crean hubo mucha investigación detrás y aprendí y me divertí más de lo que esperaba, y ni siquiera me tuve que salir de los hechos “convencionales”, que son notablemente más debatibles y debatidos de lo que uno podría imaginarse. (Hay mucha más complejidad de la que presento en las cápsulas, que ya de por sí son largas. La sola historia cultural de la colonia temprana es fascinante.) 

Escribí en total veintidós guiones de los cuales se produjeron veinte. (Vaya que tomó tiempo; y los condenados el IMER de hecho querían treinta.) En total son más de cien minutos hablados. Como podrán suponer, al final ya tenía cierto “colmillo” para saber qué funcionaría mejor y qué no –fue mucha prueba y error –y por eso las capsulitas de los otros programas (los del Matías Romero) me quedaron mejor: las hice con más experiencia y con una línea conductora muy inspirada (citas de famosos) que se me ocurrió de repente. No todo fue propio, sin embargo. Agradezco enormemente el apoyo de mi padre sin el cual no hubiera acabado ninguno (ninguno) de los proyectos mencionados arriba a tiempo.

3) Finalmente, la producción. Fue menos “íntima” que con la del Matías. Básicamente llegaba y me lanzaba frente al micrófono en la cabina de grabación sin mucha retroalimentación. El personal está ocupado con decenas de proyectos y apenas y tenía un par de horas para atender a cada guionista. Como estaban en plena organización bicentenaria dejaron mis cápsulas para el final y yo de hecho no las oí sino hasta que salieron al aire. De cualquier modo, agradezco las molestias y el trabajo diligente (aunque desigual, aceptémoslo) de Enrique Gil y Pablo Pascual. El segundo casi consiguió ahogar mi voz, pero no lo logró. Y ya cambien sus ambientaciones de plebe y multitudes por favor; suenan a película mexicana de los años cuarenta :P

Bueno. Suficiente regodeo personal. Pero a veces es bueno engolosinarse un rato.

Finalmente (nom-nom-nom, crunch crunch, gulp)

Vainilla. Tengo mil ideas para el blog pero no mucho tiempo de llevarlas a cabo (y me temo que en noviembre nuevamente no voy a tener vida fuera de los libros). Me gustaría concentrarme en las cosas que gustan a los lectores, así que por favor hagan comentarios y hagan propuestas de temas (véase post anterior con los monitos de lego más abajo para los detalles). De lo contrario seguiré sacando mis collages postmodernos y mis rollos interminables. Por lo pronto, para no dejarlos sin algún dibujito divertido con ideas poco profundas, les presento otro de los comics que veo regularmente.

El Sr. Nanas (Bo) es más bueno que el pan. Es un ciudadano responsable, decente, sencillo y feliz. Lamentablemente vive rodeado de esos humanos neuróticos y no muy brillantes. Con todo, Bo logra adaptarse bastante bien y tiene toda la paciencia del mundo cuando resuelve o simplemente comenta los acontecimientos diversos que son notables por su inverosimilitud y simpleza.

 Dentro de un ambiente aparentemente cotidiano se presentan situaciones fantásticas realmente hilarantes, a veces surrealistas, y siempre algo filosóficas.

Y otras veces simplemente gozamos la existencia de Baby Karl.

 

No puedo ver a Baby Karl sin sonreír. Y deberían verlo trepar árboles…

Las grandes tiras cómicas se caracterizan por su aparente simpleza. Por una elegancia de trazo. El primer compositor “minimalista” autodeclarado, Eric Satie, dijo una vez: “ahí está la belleza: en las cosas que no hizo [el artista]“.

Así debe ser el blog, creo yo: sencillo, minimalista y directo pero con mucha reflexión por detrás -mucho diseño. Como un programa de radio o una tira cómica, debe alcanzar un equilibrio entre lo culto, lo informativo, lo informado, lo didáctico, lo sencillo, lo elaborado, lo entretenido y lo francamente inservible e irreverente. Respeto mucho los blogs políticos y politizados de algunos profesores, colegas y amigos (y felicidades por la continuidad de Ágora y Distintas Latitudes). Pero al final del día, después de huelgas, reflexiones posmodernas, trabajos malpagados y discusiones con gringos (bueno, bueno, “canadienses”) ignorantes, prefiero cerrar el día pensando en comics que me enseñan mucho más con menos palabras. ¿Usted qué opina?

May 30, 2010

Práctica que a mí también me molesta algo

Filed under: Comics,Rant — AGS @ 7:29 pm

Debo muchos posts, pero también sé que hay que poner cosas nuevas frecuentemente, así que voy a continuar con la práctica sencilla de los comics. En esta ocasión presento “Betty”, que trata de la “oh, muy difícil” vida de algunos middle-agers suburbanos en Estados Unidos. Las tramas son muy interesantes: ¿logrará Betty ver películas por internet? ¿podrá su amiga lidiar con dietas vegetarianas en cinco pasos sencillos? ¿podrá su hijo convencerla de comprar un iPad en vez de un Kindle?  Qué profundo, qué profundo. El comic es medianón, pero a veces me mantiene al día con el pensamiento gringo, tiene un dibujo agradable y muy de vez en cuando tiene buenas ideas.

Una de las cosas que me gusta de los comics es que pintan verdades complejas con unas cuantas líneas y dibujos (Quino, el de Mafalda, era un genio para eso). Una idea que requeriría dos o tres párrafos escritos es transmitida en menos de diez segundos. Hay gente (usualmente ya grande) que sorprendentemente experimenta dificultades viendo “novela gráfica”: dice que nomás no capta los chistes. (Lo he escuchado, lo juro.) Parte del problema es leer el texto separado de los dibujos: pero el comic se tiene que ver en conjunto –”desde lejos” para apreciarse completo, como un cuadro impresionista. Pero bueno, más ejemplos de eso en otra ocasión. Aquí tenemos un comic de estilo “mimo” que espero casi todos apreciarán instantáneamente.

No sé cómo se llama la amiga de Betty, pero encarna muchos de los vicios de las feministas solteras y la verdad no me cae muy bien. Betty (la güera) calla sabiamente. Las dos, sin embargo, comen pastelitos muy a gusto.

No sé cómo se llama la amiga de Betty, pero encarna muchos de los vicios de las feministas solteras y la verdad no me cae muy bien. Betty (la güera) calla sabiamente. Las dos, sin embargo, comen pastelitos muy a gusto.

Lo del smiley face es muy cierto. Me ha tocado varias veces en el Messenger y en mensajes de texto de celular. En mi opinión, una carita feliz después de un mensaje enojado, crítico o desaprobador sólo lo hace más agresivo, pero hay quien piensa que es necesario para “suavizar”. Lo mismo ocurre con otras muletillas: lol, jajaja, todo tipo de saludos corteses y el clásico “me pareció interesante” que se usa cuando quieres decirle a alguien que “NO me pareció interesante”, “me aburrió”, “no me interesó”, “no lo vi” o “te quiero criticar (aquello de lo que hablamos) pero no hallo manera de empezar sin que te ofendas”.

No desapruebo estas prácticas. Todos las llegamos a usar. Sólo las hago notar :)

May 16, 2010

Por qué odio “Baldo”

Filed under: Comics,Ongoing,Rant — AGS @ 5:01 pm

Se lo ganaron. Los dos chicanos que son autores de la más popular tira cómica de chicanos llevan años sintiéndose superiores porque “educan” y acercan al pueblo estadounidense a la cultura hispanoamericana. Bueno, pues esta será mi manera (en constante ampliación) de decirles que son un de par de mamones ignorantes sin gracia.

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Claro: cuando mi automóvil tenga rabia, no dudaré en decirle a mi acompañante que “mi coche está incendiado”. Irá seguido de un “yo quiero Taco Bell” y “mi casa is su casa”.

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!Ah pero por supuesto! Los chicanos que están viendo el mundial en este preciso momento piensan que los padres fundadores se vestían como Viruta y Capulina y que gritaban como el Che. ¡Y claro! TODOS los latinos se identifican con un “¡Viva la revolución!” ¿Qué no es lo que hacemos todo el día? ¿Ponernos colores extravagantes, sonar unas maracas, ser ruidosos y violar la ley?

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Obvio. ¿No ven lo clara y fielmente que se representa en esta tira la permanencia de la cultura mexicana en Estados Unidos? Sus chistes de vida “latina” son bien originales y no tienen NADA qué ver con los de otros comics. Hombre: no es como si Baldo fuera un güey con preocupaciones banales de chico suburbano como las de Jeremy (el chavo güero que aparece arriba, el de Zits). ¡Véanlo! ¡Es tan mexicano! ¡Come “mermelada de jalapeño”! ¡Yummie!

May 10, 2010

Graffiti sofisticado

Filed under: Comics,Preguntas al foro — AGS @ 8:13 pm

Sé que mis lectores viven en zonas bonitas de la ciudad, pero de todos modos voy a preguntar: 

 ¿Se han fijado en el graffiti que nos rodea? 

(Yo no lo puedo ignorar ya que vivo al lado de una secundaria y enfrente de una prepa. Mi casa es víctima constante; les encanta el azul por algún motivo.) 

Desde luego predominan los rayones coloridos, las palabras ofensivas, los “te amo yuyis”, las palabras incomprensibles con letras gordas gordas gordas (probablemente son mensajes entre bandas) y los dibujitos de monstruos y humanoides. (Es notable la influencia del anime, por cierto.) 

Sin embargo, también hay graffiti de mayor calidad y creo que es justo distinguirlo (el talento que se requiere para hacer dibujos bien hechos y proporcionados a gran escala, de noche y furtivamente no es algo tan común). Obviamente no se llega a los niveles artísticos de Philadelphia y otras ciudades en E.U. donde hay genios del spray y los gobiernos locales construyen paredes especiales para quienes quieran expresarse de ese modo “contracultural”, pero en México también salen algunas sorpresas de vez en cuando. 

En particular: ¿alguien sabe cuál es el origen del pequeño graffiti político que suele aparecer en postes y cajas de luz, semáforos y algunas bardas? Es claramente la obra de un grupo más educado y sofisticado que no sólo sale a rayar casas a diestra y siniestra y al “ahí se va”, sino que prepara una plantilla para reproducir la imagen en muchos lugares estratégicos. (La plantilla probablemente es un pedazo de papel en el que se recortan las partes que componen la imagen: cuando se coloca sobre cualquier superficie y se rocía, la pintura sólo pinta lo que queda descubierto por los espacios recortados y el resultado es un “graffiti” nítido y bien definido.) 

Dicha imagen, además, va acompañada de algún mensaje legible con algún recado satírico o conscientizador, usualmente de tipo socio-político. Por ejemplo, aparece una imagen (muy bien hecha) de algún personaje contemporáneo capitalista posando como el Che Guevara; abajo, irónica e imposiblemente, dice “Revolución”.  Otro ejemplo: sale una granada y abajo un texto que dice “¿Esto es cultura?”. 

No he podido sacar foto cuando me los encuentro, pero el estilo visual es algo así: 

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Ojalá alguien pueda proporcionar más información sobre esto. Búsquenlos por si no se han fijado y ¡viva la revolución social! 

Update octubre 2010

Finalmente he dado con el nombre de esta técnica. Se llama estarcido (en inglés stencil), una “técnica artística de decoración en que una plantilla con un dibujo recortado es usada para aplicar pintura, lanzándola a través de dicho recorte, obteniéndose un dibujo con esa forma” (Wikipedia). En años recientes (1990s para acá) se ha usado como “Street Art”, “Sticker/Paper Graffiti” o “Post-Graffiti” (idea original de artistas callejeros de Londres, Barcelona, Berlín y Sao Paulo). Sin embargo, la tradición de la plantilla de arte popular con tintes políticos e irónicos viene de los años sesenta, tanto en el nuevo como el viejo continente. Aquí hay otras muestras de semejantes “intervenciones urbanas”: 

 (Por cierto. Re-lean 1984. El problema no es el Eye in the Sky, sino el “Escape from Freedom” de Fromm) 

  

 

Nuevamente, pienso que en la Ciudad de México hay ejemplos magníficos -no sé si importados o no.   

   

April 19, 2010

El uso de términos “correctos” puede llegar a ser lo menos correcto

Filed under: Comics,Rant — AGS @ 11:37 pm

Conciliar dos o más puntos de vista es difícil cuando cada lado (o al menos uno) está convencido de que tiene toda la razón.

El caso se complica cuando una de las dos partes entiende mal la postura de su contraparte y se aboca a atacarla o criticarla con vehemencia, pero con las herramientas equivocadas (como cuando se quiere clavar un tornillo).

Lo peor es cuando la parte en cuestión adopta una actitud “digna” y “educadora”: ya no sólo se trata de estar en desacuerdo con la postura contraria, sino de “comprenderla” y “tolerarla” condescendientemente y de corregirla desde un alto y muy atractivo pedestal moral. (Ser un verdadero crítico implica saber cuándo no escalar a ese pedestal junto con la mayoría.)

Aunque bienintencionado, un esfuerzo de “corrección” mal encaminado (o sea, corregir algo mal entendido inicialmente) puede contribuir muchísimo a deseducar o maleducar a la sociedad, empeorando el problema original hasta un punto en que hay un virtual diálogo de ignorancias alrededor de un diálogo de sordos. (Simbolizo muchos de los debates en los que participo con arqueros dispersos, cada uno en su parcela cercada y todos con los ojos vendados disparando sin dirección exacta tan pronto escuchan algo que no les convence.)

“Deconstruir” debates mal fundados y malinterpretados es probablemente la tarea académica más importante, más difícil y más olvidada.

Ya se imaginarán la cantidad de bilis que genero…

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Hace menos de una década la gente bebía vasos de agua. Me consta que cuando era niño mi madre me ofrecía vasos de leche y que los restaurantes promocionaban vasos de refresco.

En algún momento me debo haber saltado un informe presidencial o un edicto de algún grupo de venerables académicos de la lengua porque de repente resultó que yo y mi amigo Cervantes llevábamos siglos hablando (y bebiendo) incorrectamente: realmente habíamos estado tomando vasos CON agua porque CONtenían agua y no estaban hechos DE agua (duuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuh! los vasos no pueden ser de agua porque el agua no es solidaaaaaaa; hubieras estudiado químicaaaaaaaa; el contenido del vaso es líquidoooooooo).

Caray, don Miguel de Unamuno: ¿cómo NO se nos había ocurrido eso? (“No lo sé, Alejandro. Qué deshonra la nuestra y qué bien merecida tenemos la lección.”)

Perdone que lo interrumpa, sr. Borges (¿Borgues?), pero ya era hora de que estos chavales de la generación X y la generación Y nos iluminaran con su erudición y suspicacia. (“Tiene usted toda la razón, joven. Ya mismo dejo de escribir mis cuentitos y me doy de latigazos por incluir en ellos a gentes que beben copas de vino y que ponen a sus creaciones literarias a beber copas de vino mientras imaginan mundos alternos donde también se beben infinitas copas de vino”.)

Ya no voy a salir a comer con usted sr. García Lorca; el mesero nos vio con cara de risa porque usted pidió vasos de agua y no vasos con agua. (“¿El mesero no nos aprueba y nos corrige con su educación de secundaria abierta? ¡Mi soledad sin descanso! ¡Oh ciudad de los gitanos! Dejémosle ahora el 20% de la cuenta como propina para que no nos mire feo. En cuanto al error de expresión que azota al mundo, canto: he cerrado mi balcón porque no quiero ír el llanto, pero por detrás de los grises muros no se oye otra cosa que el llanto. ¡Llanto!”)

Persona que pides vasos con agua: ESTÁS MAL.

Detente antes de cambiar de página.

Enójate.

Indígnate.

Racionaliza.

Respira.

Persona que pides vasos con agua. Con todo respeto: ESTÁS MAL.

Quizá todos tus colegas lo digan así.

Quizá tu jefe lo apruebe y por eso seas su favorito.

Quizá ya se lo enseñaste a tus hijos.

Quizá tu presentador de noticias o comentarista deportivo favorito usa la expresión.

Pero: persona que pides vasos con agua: ESTÁS MAL y haces el ridículo cuando quieres corregir lo que no tiene que ser corregido.

Para ser claros: no es que estés mal en tu razonamiento cartesiano desapegado de toda experiencia histórica. Pero sí estás mal en pensar que tu posición es la única válida y en forzar a los demás a usar una expresión innecesaria y culturalmente incorrecta.

No importa el material o el estado de la materia. Sabemos que el vaso (o a la copa o el tarro) no está HECHO de agua. No somos idiotas. Ocurre que el vaso también se entiende como una MEDIDA volumétrica. En el pasado no había la precisión neurótica de hoy día (los niños de primaria no tenían reglitas de plástico con decímetros y centímetros con las cuales disparar proyectiles en clase). Las distancias se medían (y miden) en días y pies, las telas con antebrazos y palmas, las cantidades líquidas en vasos y toneles. Aunque ha habido muchas modificaciones y estandarizaciones, las expresiones quedan y así se usan porque SON correctas, incluso si “lógicamente” no lo parece o si ciertas prácticas entran en desuso. Así que cuando Harry Potter y compañía llegan al pub de Madam Rosmerta fíjense por qué piden pints y glasses OF (no WITH) butterbeer expresándose de la misma forma: glass (vaso) tiene una función tradicional de medición idéntica a pinta, litro o galón.

¿Les parece raro? ¿A poco ustedes no piden fracciones de “tanques” de gasolina del mismo modo que piden “litros”? Cuando pides “medio tanque” no estás pidiendo un recipiente de metal…

Y el petróleo, por cierto, se mide en unidades volumétricas llamadas “barriles” que no necesariamente se tienen que almacenar físicamente en contenedores de esa naturaleza. Hay “barriles de gasolina” que fluyen por los oleductos y se compran con ese nombre. (Lamento aniquilar la fantasía de alguien que imagina bodegas llenas de pesados barriles de petróleo.)

Además el lenguaje no es ni tiene que ser correcto. Por ejemplo, ¿por qué “sientes” que tienes que estudiar si lo que realmente pasa es que “piensas” que debes hacerlo? ¿Por qué cuando te arrolla el tren dices que “te lleva el tren”? (¿Dónde te llevó?) ¿Por qué cuando “te lleva el tren” figurativamente lo sustituyes diciendo que “te lleva la chingada”? (¿A dónde? ¿Quién la “chingó”?)  ¿Por que estabas “de paso” por aquí si nunca te bajaste del carro a dar pasos? ¿Por qué te das baños “de tina”? (No te estás bañando con la tina, sino con el agua.) ¿Por qué cuando te levantas te “pones de pie”? (¿Qué pones? ¿Qué no te estás apoyando SOBRE dos pies? Y por cierto: ¿por qué se “pone esfuerzo” en algo?) ¿Por qué te “pones en contacto a través” del correo electrónico si nunca cruzas algo (como cuando te “abres paso a través” de la jungla)? Ah, ¿y por qué usas una “llave de tuercas” si la llave no está hecha de tuercas sino PARA las tuercas?

Así hablamos. “Incorrectamente” y dando variedad a las preposiciones. Se llama arte, costumbre y cultura. Hay cosas que no es necesario corregir. Mejor aboquen sus esfuerzos a aminorar el cambio climático. O a mejorar la vialidad. O a enseñarle a los niños y ciertos adultos a no cometer faltas de ortografía (eso sí sería útil).

Si tanto exigen corrección absoluta al menos sean congruentes y compren ahora botellas CON vino, latas CON pintura, frascos CON perfume. ¿Siempre son igual de correctitos con lo que dicen o lo del “vaso con agua” es sólo una modita pa sentirse importantes?

Lamentablemente el “virus” del vaso con agua se extiende y es posible que el uso se haga tan generalizado como para volverse norma de facto. Entonces ya no habrá nada qué discutir, pero la parte “menos correcta” (muy digna, eso sí) habrá ganado por las razones y argumentos equivocados sin siquiera entender que “the point was entirely missed”.

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Hay muchos otros casos de “correcciones” malencaminadas que empeoran una situación. En esta ocasión quiero platicar de una más, que tiene que ver con algunas facetas de lo “políticamente correcto” que tanto juega parte de nuestra cotidianeidad hoy día tanto para bien como para mal. Piénsenlo: por cada persona que supuestamente ya no está siendo ofendida por alguna palabra o expresión (digo supuestamente pues el hecho de que no se escuchen públicamente no quiere decir que no sigan siendo usadas o pensadas) hay otra persona cuya libertad de expresión está siendo cuartada de alguna u otra forma. Es tan extremo y dañino perpetuar estereotipos injustos como prohibir todo tipo de reconocimiento explícito (o humorístico) de lo diferente.  ¿Qué es peor? ¿Vivir en un mundo donde las cosas se dicen de frente o uno en el que todo se compone superficialmente maquillando con eufemismos y en el que se niegan las realidades de nuestra historia y nuestra cultura? La solución a la injusticia y la incomprensión no es la restricción sino el conocimiento. (Ciertamente me parece ridículo multar o encarcelar a alguien por negar el holocausto nazi. ¿Y de veras alguien todavía se ofende con dibujos al estilo de Memín Pinguín que, justificables o no, son parte íntegra del pasado?)

México tendrá muchos defectos pero históricamente ha sido una sociedad muy tolerante de sus diferencias. Contrario a lo que comunmente se piensa, la sociedad colonial no estuvo funcionalmente fragmentada (las pinturas de castas evocan la ira de muchos: pero no deberían, pues eran sólo una fantasía “ilustrada” y nunca hubo tal cosa como un “saltatrás”) y siempre hubo espacios de ascenso social, aunque fuesen limitados. El México independiente, por su parte, continuó edificando una sociedad incluyente basada en ideas de mestizaje y ciudadanía. México ciertamente fue más inclusivo (ojo: no quiere decir igualitario) a comparación de países que mantuvieron la esclavitud por muchas décadas más o por países que buscaron una aniquilación a gran escala de sus minorías (Estados Unidos, Brasil, Argentina). Es sólo en años recientes que el debate del multiculturalismo ha aflorado de una forma en extremo divisiva que lleva a pensar en las diferencias (étnicas y regionales) por encima de las coincidencias, generando descontentos y problemas que en cierto sentido no lo eran (piénsese por ejemplo en cómo los neo-zapatistas consiguieron una legislación excepcional para algunos pueblos en Chiapas en los últimos quince años -algo que nunca había ocurrido en este país y que fue notablemente anticonstitucional). No se me malinterprete: no me paro en defensa del nacionalismo ni ignoro la riqueza y diversidad de nuestra gente. Reconozco las injusticias y desigualdades socioeconómicas y entiendo los reclamos. Sin embargo, sí me parece dañino que dichos reclamos se enmarquen en un modelo importado que no se corresponde con nuestra realidad (y que se usen argumentos “indigenistas” de forma manipuladora).

El modelo de “política local” que predomina hoy día es el de las experiencias coloniales anglosajonas (Estados Unidos, Canadá, Australia). Como bien se sabe, la colonización en esos casos fue absolutamente excluyente de las poblaciones indígenas (relativamente poco numerosas) a las cuales agredió. El mestizaje ocurrió, pero nunca alcanzó niveles significativos o simbólicos. Las poblaciones siempre se reconocieron como entes separados con culturas irreconciliables. No en balde persisten los reclamos de tribus bien identificadas de First Nations, Native Americans, aborígenes, maori, etc. que, al haber ido adquiriendo más poder con los años, han reclamado mayor autonomía frente al “estado invasor”, su Otro bien definido.

Visto de este modo no debe sorprendernos que los habitantes de esos países no entiendan una realidad como la mexicana en donde la población (infinitamente mayor y organizada desde el comienzo en pueblos, no tribus) se mezcló de inmediato, y donde el despojo fue de una naturaleza muy distinta. La colonización de México no se efectuó por medio de contratos con “naciones” indígenas soberanas, sino con inclusión de todos los sujetos y luego ciudadanos bajo una misma corona o gobierno que brindó igualdad de protecciones (y eventualmente obligaciones). Y en México rara vez se separó o “reservó” a gente de acuerdo a planteamientos étnicos o raciales. Hoy ciertamente no pensamos en esos términos: hay gente más o menos blanca pero quiero creer que todavía no llegamos a distinguir entre Negros, Blancos, Asiáticos, Indígenas, etc. En otras palabras, el punto es que las identidades de distintos grupos en México no han sido tradicionalmente politizadas como en el mundo anglosajón (lo cual no es ni bueno ni malo, sólo es). [Ciertamente es incómodo: un servidor no sabría si definirse como Latino, Asian o White en gringolandia.] Ahora que empiezan a politizarse, las identidades locales se postran en modelos de lucha y reivindicación diseñados en otros contextos sin conocimiento de la historia o la política local. Por eso suena falsa, en mi opinión, la forma en que algunos piensan en defender los derechos históricos de “los indígenas” en México como si fueran los de los African American en Estados Unidos o los negros en Sudáfrica. (Incluso en esos otros casos la realidad es más compleja de lo que se pinta, pero eso es tema aparte.) La realidad sociológica y jurídica mexicana es totalmente otra y eso IMPORTA: no se puede meter a los tarascos y a los zulu en la misma bolsa. Desde luego que hay que buscar la justicia social y la defensa de las tradiciones. Pero hay que tener mucho cuidado, pues ¿quiénes son los indígenas en México después de 500 años de historia compartida? ¿Los que hablan otro idioma? ¿Los que se “sienten” distintos? ¿Los de piel menos clara? El tema es complejo y no debe simplificarse con comentarios ardidos referentes a 1521 o con visiones maniqueas de “blancos” vs. “indígenas”. A veces pienso que simplemente se está evadiendo el término “pobre” para no sonar ni clasista ni populista (idea que irónicamente suele provenir de gente extremadamente clasista y populista). En cambio sí está siempre bien visto criticar al white supremacist…

Estos temas de identidades harto complejos ya de por sí llevan a constantes malentendidos entre países y dentro de los propios países, pero creo que todo se está complicando aún más con el “political correctness”. Algo que supuestamente busca corregir incomprensiones raciales está generando todavía más engaños e ignorancia. Dos casos recientes:

Hace no mucho estuve en Houston y Nueva Orléans en compañía de personal del consulado mexicano en esas ciudades. Durante algún tiempo mis acompañantes habían hecho referencia a los “morenitos” y yo no había alcanzado a entender de qué hablaban. En algún momento, al transitar por la calle, comenté que en Luisiana ciertamente se sentía más la presencia de los negros a comparación de Texas, a lo cual mis compañeros respondieron que “en efecto, y que por eso la relación entre  “morenitos” y latinoamericanos era más complicada en el Deep South”. Sorprendido, pregunté por qué los negros (los Negros, los afroamericanos) habían acabado siendo “morenitos” de esa forma coloquial entre los miembros del consulado (¿y quizá entre algunos “latinos”?). La respuesta era sencilla. Incialmente se les decía “negros” pero eso había desatado muchos problemas porque “negro” (Black, un denominador aceptable) se confundía con “nigger”, que es un término despectivo. La solución entonces era hablar de morenitos y no ofender a nadie auditivamente. Sí claro; pero ahora, aunque todos estuvieran contentos, la situación era peor en el fondo porque ni los unos ni los otros se daba cuenta de que “morenito” se traduce como “darkie” o “brownie” -algo que ningún afroamericano aceptaría y con toda razón. La falta de comunicación llevó en este caso particular a una solución inconscientemente más racista y ofensiva. Tan fácil que hubiera sido remitirse a un diccionario… Y en general pienso que otra vez se está evadiendo el punto principal: no se trata meramente de “dejar de ofender”: se trata de entenderse de verdad, no de establecer barreras todavía más contundentes entre grupos. Lamentablemente, la sociedad estadounidense (y la de muchos otros lados) parece dirigirse, como ya comenté, hacia una fragmentación creciente y cada vez más consciente.

Mientras, del otro lado de la frontera, mi padre continúa una batalla de décadas para corregir las nociones básicas del estudio de la organización política e institucional local en el México colonial (hace unos días acudí a una presentación suya en la Academia de la Historia). Temo decir que sus esfuerzos no han sido suficientes. Después de varias publicaciones las ideas mal impartidas en las primarias permanecen y generan mayor polémica de la que pudiera esperarse para un tema tan aparentemente lejano (es como si los franceses se enardecieran por hablar de la organización política en el medioevo). ¿A qué me refiero en concreto? Bueno, pues resulta que la mayor parte del país estaba organizada en torno a figuras políticas corporativas llamadas “pueblos de indios”, que eran de cierta forma herederos de los señoríos prehispánicos y antecesores directos de los municipios. El quid es el uso de las palabras: “pueblo” no es un caserío sino una organización política con autogobierno; e “indios” no es “indígena” (palabra moderna) sino una simple designación de los naturales de un pueblo (que podían ser blancos, negros, mestizos, mulatos, etc. y no sólo indios, que era como se les llamaba entonces a los súbditos en los pueblos, sin ningún afán ofensivo). No me meteré en todos los detalles y malentendidos. Sólo diré que el público rabió: oír la palabra “indio” despertaba el resentimiento de gente que obviamente ha escuchado la palabra en contextos menos elegantes (pensemos en “naco”). Lo correcto, clamaron muchos, es hablar de “indígenas” o “naciones” oprimidas por “los blancos” y buscar su reivindicación, ideas que se salían completamente de los fines institucionales de la presentación (y que de hecho no son incompatibles con los étnicos). Las inquietudes de la sociedad mexicana, sin embargo, se muestran claras. Hay un gran resentimiento popular. Y aceptar que la sociedad mexicana siempre estuvo bien integrada es inaceptable para muchos porque va en contra de la historia oficial y de las visiones románticas, activistas y reivindicadoras heredadas del modelo anglosajón ya referido (claro, con sus tintes marxistas e indigenistas). Parece ser, por tanto, que es justificable negar el rigor en el estudio de nuestra experiencia histórica (y el uso de las palabras correctas en ese contexto: “indio”) con tal de seguir alimentando una ideología política y socialmente correcta. Nuevamente pierde la postura científica en aras de la opinión de una mayoría que está convencida de manejar la única verdad ante cualquier indagación relacionada o no relacionada (el martillo queriendo clavar el tornillo).

¿Lo anterior sonó complejo? Lo es. Pero nunca lo entenderemos mejor si no aceptamos que las “correcciones” a veces no corrigen y que la lucha por hablar, pensar y actuar de veras correctamente debe continuar. Esto es aplicable a muchas situaciones: por ejemplo, esperemos que algún día corrijan las “correcciones” viales en División del Norte. Pero ese es otro tema. Por lo tanto, me despido ya (porque de otro modo me pegan). Keep on ranting.

ScreenHunter_04 Apr. 19 19.22

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