Dante's Last Ice Cream

November 2, 2010

My thoughts exactly

Filed under: Personales,Rant,Reseña — AGS @ 1:37 am

En la Sesión, como en la vida, hay cosas que cambian y cosas que permanecen. Cosas que añoro del pasado lejano, cosas que extraño del pasado cercano y cosas que no me importa dejar atrás porque han llegado otras mejores. Los verdaderos amigos, por suerte, permanecen. Si no, no lo serían. Creo que es de las pocas verdades irrefutables.

Agradecí a muy poca gente cuando entregué la versión final de mi tesis. Ahí puse: gracias sobre todo a mi círculo de amigos cercanos, mi logro más valioso. Lo es.

Desde este país donde casi todo joven habla como una comedia televisiva de Warner Channel, extraño nuestro idioma –franco, maleable y relajado.

En medio de la pedantería, la franca mediocridad, el marxismo trasnochado y las aspiraciones fallidas y desubicadas –no me excluyo– extraño una tarde de risa franca y sano desentendimiento.

¡El juego es tan importante para la salud! No jugamos de niños para desarrollarnos: nos desarrollamos jugando todo el tiempo. No hay otra manera. El trabajo debe ser un juego. El deporte también. El sexo también. El que se toma en serio no ha aprendido nada (y no: no me excluyo). Y extraño volver a darme cuenta cada semana (al menos por unas horas) que entre nosotros no nos tomamos en serio porque ya pasamos esa etapa hace mucho. Coincidimos una y otra vez no porque tiramos dados, sino porque no nos debemos nada y porque no necesitamos probarnos nada. Y ahora sí estoy seguro de que eso es realmente una rareza.

Resiento a veces su indiferencia, sí (y sé que no es consciente); pero aprecio infinitamente su confianza. No serían mis amigos si no los resintiera. Los demás pueden irse al diablo.

Tras largas horas en carretera uno a veces voltea atrás, piensa en todo el trabajo realizado, todas las horas no dormidas, toda una historia personal de hartazgo que uno simplemente no puede compartir. Todos nos sentimos igual de importantes o desdichados. Todos somos héroes incomprendidos. Ningún hombre es una isla, pero ¿cómo puede ser un hombre otra cosa que una isla? Por más que escriba anécdotas y críticas aquí, ustedes no van a entenderme mejor y yo no voy a convencerme de que ustedes me entienden mejor. Y aun así escribo para ustedes. ¿Para quién más? En todo caso escribo para nadie: este diario llamado “blog” no es otra cosa que la pedantería de creer que uno le va a importar a más de un puñado de gente en el planeta.

La gente va y viene pero los amigos simplemente están. Están desperdigados, en tránsito o en el mismo lugar donde uno los deja, pero ahí están, material o imaginariamente, y eso me llena de tranquilidad.

*****

La Sesión ha cumplido funciones tan diversas en nuestra vida que verdaderamente pienso que sería justo hacer un análisis más cuidadoso. Ha sido un juego, una terapia, un paliativo, una costumbre, una necesidad, un fetiche, una salvación, un rito, una verdadera tradición. Depositamos tantas expectativas en una “mesa” conjunta que realmente es impresionante recordar cuántas veces realmente hemos podido coincidir en cuerpo y alma (porque reconozcámoslo: algunos a veces están ahí sólo por la aventura, otros por la historia, otros por el poder, otros por la competencia, otros por la inercia, otros por la oportunidad de hacer el ridículo justificadamente –lo llamamos “rol”). En los últimos cinco o seis años la sesión se convirtió para mí a veces en una rutina saludable y a veces en una obligación. Perdió cierto encanto, no lo voy a negar. Pero proseguí y espero proseguir porque reconozco su valor y sus valores, su capacidad de hacernos crecer, imaginar y pensar; su valor emotivo y social. Definitiva y literalmente siento que crecí con el juego y dentro del juego. Nunca voy a poder revivir esos primeros años (¡hace ya tanto tiempo!) cuando la inocente y maravillosa pasión de encontrarme con un dragón era suficiente para llenar mi día, mi semana, mi vida, mi mundo. Tiempo pasado. Pero años más tarde me reencontré con un espacio igual de interesante para reconstruir mundos y reglas, para narrar historias más complejas y menos “fantasiosas”, para encarnar todos los papeles no heróicos o estandarizados que uno deja de jugar al principio cuando uno es inexperto o simplemente prefiere los modelos sencillos y acartonados. (¿Será que entré en una etapa “deconstruida” o “posmoderna” del juego de rol?) 

 

Las cosas que nos llaman la atención pueden cambiar, pero al final siempre estamos ahí los mismos: reinventándonos, contándonos historias y aceptando que otros nos cuenten historias.

Tengo fe ciega en la Sesión (no en cualquier otra) porque ustedes están ahí. Lo que caiga en nuestras manos crecerá gracias a nuestro cuidado y cultivo, no importa lo que pase.

La Sesión funciona gracias a nosotros. No es al revés. Nunca ha sido al revés. Y sin embargo la Sesión ha sido el pretexto necesario para mantener ese “nosotros”. Hay tantos “nosotros” que se pierden, que se olvidan. Reconozcamos también que sin la Sesión no hubiera habido el mismo “nosotros”.

Con todo, creo que la materia prima ha decaído. A pesar del maravilloso trabajo de los Dungeon Masters creo que podemos reconocer que la cuarta edición simplemente ya no es lo mismo. Las reglas no sólo son sencillas sino que son simplistas. El arte está plastificado y estandarizado. Las tramas se han vuelto más “user friendly”, menos ofensivas. (¿Ciertos padres se ofenderían de igual modo hoy día, con estos libros menos contraculturales y heréticos?) Sobre todo, el medio ha cambiado –y el medio es el mensaje en muchos sentidos. Las laptops y los escenarios virtuales simplemente no pueden evocar la mágica sensación de los libros usados, las listas de hechizos, los dados salvadores rodando en la mesa, las velas y otras ambientaciones, las charlas filosóficas ultraterrenales y verdaderamente trascendentales. (Y eso no quiere decir que no haya videojuegos mágicos.) Vivimos una buena época en nuestra adolescencia. ¿Se imaginan los mismos resultados si D&D Advanced, Vampire y FFVII hubiesen sido cuarta edición y FFXIII?

El mundo (los mundos) en que crecimos están cada día más en riesgo, no sólo por el internet sino porque los tiempos en sí cambian. Y no es que todo pasado sea mejor, pero hay cosas que simplemente ya no vienen con la misma elegancia. Ustedes que lo han vivido, ayúdenme a mantener el espíritu y el recuerdo. La fantasía y la ciencia ficción que nosotros conocemos es tanto más que Harry Potter o Twilight …

¿A qué viene todo esto? En los últimos meses he descubierto a Ursula Le Guin y los Cuentos de Terramar. Reconozco que nunca los había leído con cuidado. Son historias pequeñas, ínfimas, nada claras. Y a la vez son los cuentos de fantasía más cuidadosos, elegantes y mágicos que he leído en mucho tiempo. En mi opinión, Le Guin gana porque da forma y fondo a sus personajes (no en balde es hija de antropólogos). Tolkien supo crear lenguajes y mundos increíbles pero nunca supo darles forma definitiva (siempre escribió de más, sin rumbo a veces). Lewis hizo de Narnia un mundo escapista altamente complejo y nada infantil, pero buscó dotarlo de demasiados significados; sobre todo, lo controló como dios omnipresente y asfixiante. Herbert llenó de hashish al mundo de Dune y nos proveyó de una filosofía holística, pero también de un escenario tan árido y poco sólido como las arenas de Arrakis. Pero Le Guin creó un mundo a partir de la perspectiva de personajes humanos y en constante aprendizaje emocional: personajes que saben que el mundo no se puede comprender o recorrer en su totalidad y que tienen que aprender a aceptarlo. Con una economía de palabras, Le Guin logra crear toda una cosmología que se le sale de las manos, que se siente libre de toda autoría, como un verdadero mito. Le Guin es una escritora prodigiosa.

Reconozcámoslo: la mayoría de los escenarios tipo D&D que jugamos, que leemos, que vemos en pantalla, que compramos como aventuras pre-hechas, que reproducimos en juegos como WoW no son otra cosa que refritos de estos autores. (Star Wars new? Not. Harry Potter original? My ass.) Estos autores son la fuente y estarán siempre a la vanguardia, manteniendo en pie el fondo del asunto, no sólo la superficie.

Le Guin escribió esto en 2001 para presentar una colección de pequeñas historias que revisaron un mundo que ya de por sí era revisionista de los estereotipos del género de fantasía:

“In the years since I began to write about Earthsea I’ve changed and so have the people who read the books. All times are changing times, but ours is one of massive, rapid moral and mental transformation. Archetypes turn into millstones, large simplicities get complicated, chaos becomes elegant, and what everybody knows is true turns out to be what some people used to think.

It’s unsettling. For all our delight in the impermanent, the entrancing flicker of electronics, we also long for the unalterable. We cherish the old stories for their changelessness. Arthur dreams eternally in Avalon. Bilbo can go there and back again and “there” is always the beloved Shire. Don Quixote sets out forever to kill a windmill…. So people turn to the realms of fantasy for stability, ancient truths, immutable simplicieties.

And the mills of capitalism provide them. Supply means demand. Fantasy becomes a commodity, an industry.

Commodified fantasy takes no risks: it invents nothing, but imitates and trivialises. It proceeds by depriving the old stories of their intellectual and ethical complexity, turning their action to violence, their actors to dolls, and their truth-telling to sentimental platitude. Heroes brandish their swords, lasers, wands, as mechanically as combine harvesters, reaping profits. Profoundly disturbing moral choices are sanitized, made cute, made safe. The passsionately conceived ideas of the great story-tellers are copied, stereotyped, reduced to toys, molded in bright-colored plastic, advertised, sold, junked, interchangeable.

What the commodifiers of fantasy count on and exploit is the insuperable imagination of the reader, child or adult, which gives even these dead thing life –of a sort, for a while.

Imagination like all living things lives now, and it lives with, from, on true change. Like all we do and have, it can be co-opted and degraded; but it survives commercial and didactic exploitation. The land outlasts the empires. The conquerors may leave desert where there was forest and meadow, but the rain will fall, the rivers will run to the sea. The unstable, mutable, untruthful realms of Once-upon-a-time are as much a part of human history and thought as the nations in our kaleidoscopic atlases, sometimes more enduring.

We have inhabited both the actual and the imaginary realms for a long time. But we don’t live in either place the way our parents did. Enchantment alters with age, and with age.

We know a dozen different Arthurs now, all of them true. The Shire changed irrevocably even in Bilbo’s lifetime. Don Quixote went riding out to Argentina and met Borges there. Plus c’est la même chose, plus ca change.”

Yo hubiera querido hacer una crítica así de buena de la cuarta edición de D&D y de toda la parafernalia que lo rodea. (Lo prometí hace algunos meses. También pienso que se podría hacer algo similar con el anime.) Pero mejor dejo que una maestra lo haga por mí. (En verdad hay que leer a esta autora. Escribe las oraciones más sencillamente bellas que hay.)

Sesión: lean la cita otra vez.

Se nos está prometiendo todo y nada a la vez. El cambio viene y la inocencia no se recupera. Pero el futuro es rescatable. Todo depende de cómo lo interpretemos y reconstruyamos. Todo depende de la responsabilidad que nos queramos atribuir como autores y vividores de magia y fantasía.

Tiempos van y vienen. Interpretaciones van y vienen. Pero las personas seguimos aquí reunidas en este mundo, por fortuna –o eso quiero creer. De nosotros depende que lo sepamos hacer fantástico otra vez.

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