Dante's Last Ice Cream

August 7, 2010

No, el blog no ha muerto,

Filed under: Cortos — AGS @ 2:54 am

sólo está en un momentaneo receso porque son días verdaderamente agobiantes.

En lo que logro despejar un poco mi escritorio y materializar ideas más interesantes (en papel y en este blog) aquí les dejo algunos FENOMENALES cortos animados que ya he compartido con anterioridad.

1) “El hombre que plantaba árboles” (1987) es una verdadera obra de arte. Adaptada a la pantalla chica por un Québécois poco prolífico, la historia original (que lamentablemente NO está inspirada en un caso real) es de un escritor francés, Jean Giono, quien fue precursor del movimiento ecologista en los años cincuenta. Admiren la frescura de la animación, la elegancia del guión y la nobleza de los ideales. Se trata de un muy bello (y profundo) comentario del mundo, el hombre, la vida y el tiempo (poca cosa). Y todo sin ser cursi o simplón. Por ejemplo: noten cómo no se usa la cantinela poco útil de siempre (“cuida la naturaleza, que es pura y salvaje; eres uno con el árbol y el puercoespín; es el ciclo sin fiiin, que nos mueve a todos”); más bien, hay un entendimiento complejo de una “naturaleza” que es, en el fondo, un producto cultural, un reflejo de nuestros valores, trabajo e instituciones políticas y socioeconómicas (incluyendo la guerra y la paz). Dicho de otro modo, esta obra evoca ideas marxistas bien conocidas y cierto romanticismo hippie; pero creo que lo anterior aquí se justifica plenamente y que el argumento central continúa vigente.

 

  

 

2) El “Puercoespín en la niebla” (1975) es la obra prima de Yuriy Norshteyn, el más célebre animador de la época soviética tardía y uno de los que más se hace del rogar (lleva casi treinta años preparando su próxima película). Inspirada en un cuento folclórico, la cinta podría criticarse como una muestra más del arte avalado por un sistema totalitario: infantil, inocente, nacionalista, nada politizado. Pero creo que en este caso es al revés: como muchos artistas que codificaron (escondieron) mensajes críticos en sus obras, Norshteyn transmite ideas radicales de forma sutil. El puercoespín vive en un mundo feliz pero en el fondo limitado; por azares del destino se ve obligado a salirse de su rutina, de su torre de marfil, de su comfort zone; al final, lo que era aventurado y placentero ya no lo es porque el puercoespín, desconcertado, se ha percatado de la existencia de otras realidades más allá de la niebla. (¿Habrá alguna relación con el hedgehog’s dilemma de los psicólogos?) No es que la del puercoespín sea una “aventura de crecimiento o maduración” (que es un tema agotado y que ya cansa); más bien es un encuentro con lo desconocido, una revelación mística (aterradora pero también excitante) que podría estar invitando al público a cuestionar las convenciones cotidianas. Pero quizá saco demasiado de una experiencia que debe ser primordialmente estética: para algunos bastará con disfrutar de una animación poco convencional precursora del stop-motion.

3) Si de revelaciones se trata, no es posible ignorar al visionario Chuck Jones de la MGM quien, además de ser el alma de Looney Tunes y Merrie Melodies, se daba el lujo de dirigir joyitas individuales como “The Dot and the Line: A Romance in Lower Mathematics” (1963; Oscar de 1965). Además de ser una excelente y creativa animación, esta obra es fiel testimonio de los ideales artísticos (abstractos, jazzísticos) de su época -se nota la influencia de Mondrian -y del reto al conservadurismo de los años cincuenta y sesenta en Estados Unidos.

4) Retomando animadores canadienses, y permitiéndonos un interludio contrastantemente banal, no podemos dejar de compadecer a este cómico personaje que, al igual que el alter ego de Edgar Allan Poe, no pudo evitar que un pequeño animal molesto regresara a atormentarlo una y otra vez. “The Cat Came Back” (1988) está basada en una canción de Tin Pan Alley (neoyorquina) de 1893 (para continuar con la historia de las canciones populares estadounidenses, un tema que se empieza a volver recurrente en este blog).

5) Finalmente (por esta ocasión, al menos) les presento el Oscar al mejor corto animado en 2008. “La maison en petits cubes” es una animación japonesa que se liga con el video anterior (porque el protagonista es un hombre mayor y solitario en una casita) y con el primero (porque habla de la memoria y el paso del tiempo). Para el que, como yo, se haya decepcionado de que el excelente planteamiento de “Up” de Pixar se haya estropeado con slapstick comedy (mi creencia es que fue culpa de Disney, no de Lasseter) aquí puede disfrutar una premisa muy similar pero con un guión menos convencional, una animación surrealista (y quizá un final en el fondo más realista).

¡Tengo muchos más videos que mostrar!  

Háganme saber si quieren que los suba y sugieran otros también.

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