Dante's Last Ice Cream

January 10, 2013

Hotel Transylvania (2012)

Filed under: Rant — AGS @ 6:22 am

Wow.

Wow.

Tengo que felicitar a Genndy Tartakovsky (el creador de Dexter’s Lab, Powerpuff Girls, Samurai Jack…)

Ha logrado algo extraordinario.

Ha logrado DESTRUIR su carrera y su reputación en 90 minutos. De paso se llevó de calle a todo el panteón clásico de monstruos y logró plasmar en panatalla lo que, en mi opinión, podría ser llamada con toda justicia la PEOR película animada de Hollywood.

Es en serio: estoy seguro de que hay películas de Barbie y de Campanita, de ésas que sólo salen en DVD, que están mejor que este bodrio.

¡¡Pero QUÉ bodrio!! Normalmente soy paciente y comprensivo con estas pelis infantiles domingueras, pero ahora sí que no podía esperar a que se acabara. Eran sólo 90 minutos, pero se me pasaron eteeeeeeeeernos.

La música es terrible. El desarrollo del guión es abismal. Los chistes son desagradables e infantiles. La animación es acartonada. La protagonista es todo menos un buen ejemplo femenino a seguir. Nada funciona.

¿Quién quiere ver a los monstruos de Universal vueltos a imaginar en el siglo veintiuno como turistas gringos gordos y bobalicones? ¿Qué atractivo tiene ver el castillo de Drácula como un spa-resort DE DÍA? ¿Por qué querría ver a la prometida del monstruo de Frankenstein como a una judía gorda y amargada cuya voz es la de La Niñera? ¿A quién se le ocurrió que sería buena idea que ahora los monstruos le tuvieran miedo a los humanos? (Eso sólo funciona si tienes una premisa cute, como en Monsters Inc.) ¿Por qué querría ver la historia de un Drácula sissy y de los problemas que tiene con su hija (¿¡su hija?!) adolescente? No miento: ¡de eso se trata la película; así de patética es; no es una trama interesante ni para niños, ni para jóvenes, ni para adultos… ni para nadie!

En algún punto, el Conde se ve forzado a revisitar el mundo humano contemporáneo. En el camino, por accidente, ve cinco minutos de una parodia de Twilight en una televisión. Entonces rompe el cuarto muro y se queja ante nosotros de que “esa es la forma en que lo estereotipan”, lamentándose de las porquerías que salen en pantalla hoy día. Bueno, pues lo voy a decir. ¡Hasta Twilight es mejor que esta película! Si los “vampiritos que brillan” ya de por si fueron un sacrilegio, esta película simplemente MATÓ todo remanente del misterio y de la leyenda de los vampiros. Así. Definitivo. Ya no hay respeto. La posmodernidad ha dado al traste con todo. Podemos estar felices de la viscocidad del lodo en el que se revuelcan los productores y de las profundidades a las que se atreven a descender.

Una última queja: ¿qué demonios ocurre con la devoción hacia la juventud gringa adolescente mequetrefe? Comienzo a percibir algo así como una tendencia a vanagloriar lo mediocre en varias de estas películas animadas. Pienso, por ejemplo, en el protagonista de How to Train Your Dragon (el “vikingo” enclenque que no es otra cosa que un preppie contemporáneo). O en el frágil amigovio de la hija del mastodonte Manny en Ice Age 4. (Sí. Sí la vi. Es una película triste, con todo y que sale la voz de Peter Dinklage. Y lo más triste es que seguro va a haber Ice Age 5.)

Al parecer los jóvenes directores y animadores de estas nuevas películas “para niños” se están proyectando. Se supone que se están burlando algo de la juventud pasiva de la secundaria y la universidad: dudes torpes, aletargados, raquíticos, outsiders, inseguros, sin pasión y no muy brillantes… pero de buen corazón (en Hotel Transylvania, este personaje es el backpacker que se enamora de la hija de Drácula). (Ouch. Redactar esa frase hizo que perdiera neuronas.) Pero más adelante en la película, los guionistas se ponen del lado de estos underdogs y los glorifican. Seguramente ELLOS –los directores y animadores– eran esos nerds y dorks en la secundaria. Bien por ellos. ¡Pero yo no quiero ver películas donde me dicen que los héroes de hoy son Shaggies! ¿Qué pasó con los protagonistas clásicos de las películas para toda la familia: niños seguros, algo traviesos y aventureros? ¿Ya ni eso es suficientemente cool estos días? ¿Todo se tiene que ver con ironía escéptica en el año 2012?

******

Hay que ver esta película. It just lowers the bar. Después de esto cualquier cosa es buena. Sabía que la época de oro de la animación en 3D ya había pasado, pero creo que esto le está poneindo los últimos clavos al féretro.

Ya de paso, esperemos que también le esté sonando la sentencia de muerte a la era de la reconstrucción posmoderna de las fantasías clásicas y los cuentos de hadas. Tres versiones de Fables por aquí; Blanca Nieves guerrera por acá; los Hermanos Grimm en estilo Steam Punk; precuelas del mago de Oz; Gulliver, Van Helsing, Caperucita, Hansel y Gretel darketos…

¡Basta! Evidentemente ya no hay forma de hacer que todos esos viejos temas y personajes funcionen en el cine contemporáneo. ¡Piensen en algo nuevo! Dejen de querer recrear viejos hitos cinematográficos (incluyendo monstruos, piratas, vaqueros y demases).

Con todo, hubo dos buenas películas de Halloween el año pasado –excepciones que confirman que la industria de la animación va en picada.

1) Frankenweenie es un buen homenaje a los monstruos Universal y está bien hecha. No puedo atribuirle más méritos porque, a decir verdad, el corto de los años ochenta es mucho mejor y original.

2) Por su parte, Paranorman fue una grata sorpresa, llena de inteligentes sutilezas. Se trata de un jovencito que habla con espíritus y muertos, y que es rechazado por raro por todos. Aun así, tiene que salvar al pueblo. La animación es semi stop motion –de los mismos que hicieron la espléndida Coraline, la mejor película animada de los últimos diez años. Aquellas dos fueron deconstrucciones aceptable de los estereotipos de las películas de terror (en el mundo del cine animado infantil, claro está). Hotel Transylvania, en cambio, debe ser perforada con una estaca e incendiada con antorchas junto con toda una bola de películas animadas idiotas que salen cada cierta temporada festiva.

¡Rant de películas animadas de navidad para la próxima!

March 5, 2011

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Filed under: Rant — AGS @ 4:55 am

¿Por qué los músicos no usan un iPad o un Kindle o cualquier tipo de pantalla en el escenario? Lo he dicho ya durante muchos años: estar pasando/tirando hojas al suelo en una era donde hasta un niño de primaria usa Power Point es ridículo y una pérdida de energía. (Hoy finalizó el Festival de Música Nueva en la universidad. Pero es increíble que estos artistas tan avant-garde, tan quebrantadores de reglas sonoras, estéticas y teatrales, sigan siendo tan tradicionales en un asunto tan básico.) Dénle uso adecuado a los aparatos: si no sólo están gastando dinero en un hardware excesivo y apps babosos.

January 12, 2011

Muestrario de mi próxima (muy profunda) actividad académica

Filed under: Rant — AGS @ 4:29 am

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November 2, 2010

My thoughts exactly

Filed under: Personales,Rant,Reseña — AGS @ 1:37 am

En la Sesión, como en la vida, hay cosas que cambian y cosas que permanecen. Cosas que añoro del pasado lejano, cosas que extraño del pasado cercano y cosas que no me importa dejar atrás porque han llegado otras mejores. Los verdaderos amigos, por suerte, permanecen. Si no, no lo serían. Creo que es de las pocas verdades irrefutables.

Agradecí a muy poca gente cuando entregué la versión final de mi tesis. Ahí puse: gracias sobre todo a mi círculo de amigos cercanos, mi logro más valioso. Lo es.

Desde este país donde casi todo joven habla como una comedia televisiva de Warner Channel, extraño nuestro idioma –franco, maleable y relajado.

En medio de la pedantería, la franca mediocridad, el marxismo trasnochado y las aspiraciones fallidas y desubicadas –no me excluyo– extraño una tarde de risa franca y sano desentendimiento.

¡El juego es tan importante para la salud! No jugamos de niños para desarrollarnos: nos desarrollamos jugando todo el tiempo. No hay otra manera. El trabajo debe ser un juego. El deporte también. El sexo también. El que se toma en serio no ha aprendido nada (y no: no me excluyo). Y extraño volver a darme cuenta cada semana (al menos por unas horas) que entre nosotros no nos tomamos en serio porque ya pasamos esa etapa hace mucho. Coincidimos una y otra vez no porque tiramos dados, sino porque no nos debemos nada y porque no necesitamos probarnos nada. Y ahora sí estoy seguro de que eso es realmente una rareza.

Resiento a veces su indiferencia, sí (y sé que no es consciente); pero aprecio infinitamente su confianza. No serían mis amigos si no los resintiera. Los demás pueden irse al diablo.

Tras largas horas en carretera uno a veces voltea atrás, piensa en todo el trabajo realizado, todas las horas no dormidas, toda una historia personal de hartazgo que uno simplemente no puede compartir. Todos nos sentimos igual de importantes o desdichados. Todos somos héroes incomprendidos. Ningún hombre es una isla, pero ¿cómo puede ser un hombre otra cosa que una isla? Por más que escriba anécdotas y críticas aquí, ustedes no van a entenderme mejor y yo no voy a convencerme de que ustedes me entienden mejor. Y aun así escribo para ustedes. ¿Para quién más? En todo caso escribo para nadie: este diario llamado “blog” no es otra cosa que la pedantería de creer que uno le va a importar a más de un puñado de gente en el planeta.

La gente va y viene pero los amigos simplemente están. Están desperdigados, en tránsito o en el mismo lugar donde uno los deja, pero ahí están, material o imaginariamente, y eso me llena de tranquilidad.

*****

La Sesión ha cumplido funciones tan diversas en nuestra vida que verdaderamente pienso que sería justo hacer un análisis más cuidadoso. Ha sido un juego, una terapia, un paliativo, una costumbre, una necesidad, un fetiche, una salvación, un rito, una verdadera tradición. Depositamos tantas expectativas en una “mesa” conjunta que realmente es impresionante recordar cuántas veces realmente hemos podido coincidir en cuerpo y alma (porque reconozcámoslo: algunos a veces están ahí sólo por la aventura, otros por la historia, otros por el poder, otros por la competencia, otros por la inercia, otros por la oportunidad de hacer el ridículo justificadamente –lo llamamos “rol”). En los últimos cinco o seis años la sesión se convirtió para mí a veces en una rutina saludable y a veces en una obligación. Perdió cierto encanto, no lo voy a negar. Pero proseguí y espero proseguir porque reconozco su valor y sus valores, su capacidad de hacernos crecer, imaginar y pensar; su valor emotivo y social. Definitiva y literalmente siento que crecí con el juego y dentro del juego. Nunca voy a poder revivir esos primeros años (¡hace ya tanto tiempo!) cuando la inocente y maravillosa pasión de encontrarme con un dragón era suficiente para llenar mi día, mi semana, mi vida, mi mundo. Tiempo pasado. Pero años más tarde me reencontré con un espacio igual de interesante para reconstruir mundos y reglas, para narrar historias más complejas y menos “fantasiosas”, para encarnar todos los papeles no heróicos o estandarizados que uno deja de jugar al principio cuando uno es inexperto o simplemente prefiere los modelos sencillos y acartonados. (¿Será que entré en una etapa “deconstruida” o “posmoderna” del juego de rol?) 

 

Las cosas que nos llaman la atención pueden cambiar, pero al final siempre estamos ahí los mismos: reinventándonos, contándonos historias y aceptando que otros nos cuenten historias.

Tengo fe ciega en la Sesión (no en cualquier otra) porque ustedes están ahí. Lo que caiga en nuestras manos crecerá gracias a nuestro cuidado y cultivo, no importa lo que pase.

La Sesión funciona gracias a nosotros. No es al revés. Nunca ha sido al revés. Y sin embargo la Sesión ha sido el pretexto necesario para mantener ese “nosotros”. Hay tantos “nosotros” que se pierden, que se olvidan. Reconozcamos también que sin la Sesión no hubiera habido el mismo “nosotros”.

Con todo, creo que la materia prima ha decaído. A pesar del maravilloso trabajo de los Dungeon Masters creo que podemos reconocer que la cuarta edición simplemente ya no es lo mismo. Las reglas no sólo son sencillas sino que son simplistas. El arte está plastificado y estandarizado. Las tramas se han vuelto más “user friendly”, menos ofensivas. (¿Ciertos padres se ofenderían de igual modo hoy día, con estos libros menos contraculturales y heréticos?) Sobre todo, el medio ha cambiado –y el medio es el mensaje en muchos sentidos. Las laptops y los escenarios virtuales simplemente no pueden evocar la mágica sensación de los libros usados, las listas de hechizos, los dados salvadores rodando en la mesa, las velas y otras ambientaciones, las charlas filosóficas ultraterrenales y verdaderamente trascendentales. (Y eso no quiere decir que no haya videojuegos mágicos.) Vivimos una buena época en nuestra adolescencia. ¿Se imaginan los mismos resultados si D&D Advanced, Vampire y FFVII hubiesen sido cuarta edición y FFXIII?

El mundo (los mundos) en que crecimos están cada día más en riesgo, no sólo por el internet sino porque los tiempos en sí cambian. Y no es que todo pasado sea mejor, pero hay cosas que simplemente ya no vienen con la misma elegancia. Ustedes que lo han vivido, ayúdenme a mantener el espíritu y el recuerdo. La fantasía y la ciencia ficción que nosotros conocemos es tanto más que Harry Potter o Twilight …

¿A qué viene todo esto? En los últimos meses he descubierto a Ursula Le Guin y los Cuentos de Terramar. Reconozco que nunca los había leído con cuidado. Son historias pequeñas, ínfimas, nada claras. Y a la vez son los cuentos de fantasía más cuidadosos, elegantes y mágicos que he leído en mucho tiempo. En mi opinión, Le Guin gana porque da forma y fondo a sus personajes (no en balde es hija de antropólogos). Tolkien supo crear lenguajes y mundos increíbles pero nunca supo darles forma definitiva (siempre escribió de más, sin rumbo a veces). Lewis hizo de Narnia un mundo escapista altamente complejo y nada infantil, pero buscó dotarlo de demasiados significados; sobre todo, lo controló como dios omnipresente y asfixiante. Herbert llenó de hashish al mundo de Dune y nos proveyó de una filosofía holística, pero también de un escenario tan árido y poco sólido como las arenas de Arrakis. Pero Le Guin creó un mundo a partir de la perspectiva de personajes humanos y en constante aprendizaje emocional: personajes que saben que el mundo no se puede comprender o recorrer en su totalidad y que tienen que aprender a aceptarlo. Con una economía de palabras, Le Guin logra crear toda una cosmología que se le sale de las manos, que se siente libre de toda autoría, como un verdadero mito. Le Guin es una escritora prodigiosa.

Reconozcámoslo: la mayoría de los escenarios tipo D&D que jugamos, que leemos, que vemos en pantalla, que compramos como aventuras pre-hechas, que reproducimos en juegos como WoW no son otra cosa que refritos de estos autores. (Star Wars new? Not. Harry Potter original? My ass.) Estos autores son la fuente y estarán siempre a la vanguardia, manteniendo en pie el fondo del asunto, no sólo la superficie.

Le Guin escribió esto en 2001 para presentar una colección de pequeñas historias que revisaron un mundo que ya de por sí era revisionista de los estereotipos del género de fantasía:

“In the years since I began to write about Earthsea I’ve changed and so have the people who read the books. All times are changing times, but ours is one of massive, rapid moral and mental transformation. Archetypes turn into millstones, large simplicities get complicated, chaos becomes elegant, and what everybody knows is true turns out to be what some people used to think.

It’s unsettling. For all our delight in the impermanent, the entrancing flicker of electronics, we also long for the unalterable. We cherish the old stories for their changelessness. Arthur dreams eternally in Avalon. Bilbo can go there and back again and “there” is always the beloved Shire. Don Quixote sets out forever to kill a windmill…. So people turn to the realms of fantasy for stability, ancient truths, immutable simplicieties.

And the mills of capitalism provide them. Supply means demand. Fantasy becomes a commodity, an industry.

Commodified fantasy takes no risks: it invents nothing, but imitates and trivialises. It proceeds by depriving the old stories of their intellectual and ethical complexity, turning their action to violence, their actors to dolls, and their truth-telling to sentimental platitude. Heroes brandish their swords, lasers, wands, as mechanically as combine harvesters, reaping profits. Profoundly disturbing moral choices are sanitized, made cute, made safe. The passsionately conceived ideas of the great story-tellers are copied, stereotyped, reduced to toys, molded in bright-colored plastic, advertised, sold, junked, interchangeable.

What the commodifiers of fantasy count on and exploit is the insuperable imagination of the reader, child or adult, which gives even these dead thing life –of a sort, for a while.

Imagination like all living things lives now, and it lives with, from, on true change. Like all we do and have, it can be co-opted and degraded; but it survives commercial and didactic exploitation. The land outlasts the empires. The conquerors may leave desert where there was forest and meadow, but the rain will fall, the rivers will run to the sea. The unstable, mutable, untruthful realms of Once-upon-a-time are as much a part of human history and thought as the nations in our kaleidoscopic atlases, sometimes more enduring.

We have inhabited both the actual and the imaginary realms for a long time. But we don’t live in either place the way our parents did. Enchantment alters with age, and with age.

We know a dozen different Arthurs now, all of them true. The Shire changed irrevocably even in Bilbo’s lifetime. Don Quixote went riding out to Argentina and met Borges there. Plus c’est la même chose, plus ca change.”

Yo hubiera querido hacer una crítica así de buena de la cuarta edición de D&D y de toda la parafernalia que lo rodea. (Lo prometí hace algunos meses. También pienso que se podría hacer algo similar con el anime.) Pero mejor dejo que una maestra lo haga por mí. (En verdad hay que leer a esta autora. Escribe las oraciones más sencillamente bellas que hay.)

Sesión: lean la cita otra vez.

Se nos está prometiendo todo y nada a la vez. El cambio viene y la inocencia no se recupera. Pero el futuro es rescatable. Todo depende de cómo lo interpretemos y reconstruyamos. Todo depende de la responsabilidad que nos queramos atribuir como autores y vividores de magia y fantasía.

Tiempos van y vienen. Interpretaciones van y vienen. Pero las personas seguimos aquí reunidas en este mundo, por fortuna –o eso quiero creer. De nosotros depende que lo sepamos hacer fantástico otra vez.

July 9, 2010

De tretas mercadotécnicas, tragedias gastronómicas y blogs a su medida

Filed under: Ideas brillantes,Preguntas al foro,Rant,Reseña — AGS @ 8:38 pm

Un buen amigo mío y reciente lector de este espacio sugiere un ejercicio divertido que además puede atraer más “clientela” e incluso ayudar a definir un tema general para este blog.

Por otra parte, a medida que lo pienso, me convenzo más y más de que no tener un tema definido también tiene sus ventajas –sobre todo flexibilidad y la posible vinculación de muchos temas. Pero el ejercicio propuesto también puede contribuir a una mayor variedad, así que consideren lo siguiente.

 

 *** *** *** ***

 

NOTIFICACIÓN

En concordancia con lo establecido en algún reglamento obtuso que no nos interesa leer (¿a alguien de veras le interesa respetar las leyes señor Dungeon Master?) a partir de julio de 2010 se empiezan a recibir    temas divertidos para posts potenciales.

No se trata solamente de un: “escribe de autos! me gustan los autos!”.

Se trata más bien de algún tipo de reto: “escribe de autos sin usar la letra ‘a’ “

O de una sugerencia peculiar: “Los automóviles amarillos son nocivos para la salud. Desarrolla” o “escribe de autos y camellos”

¿O qué tal algún tipo de cadáver exquisito en el que alguien pone una frase y la vamos continuando juntos?   “Estaba a punto de estacionar el auto cuando caí en la cuenta de que yo no tengo auto…”

O en fin, para inspirar mi espíritu criticón: “¿Qué opinas de mi corbata?”

¡Posts a la medida!  Muy adecuado para estos tiempos en que nos gusta tener todo individualizado.

Pido tener gorro de chef

Pido tener gorro de chef

¡Ahí está! Supongan que alguien me pide escribir sobre el fetiche de tener todo extremadamente individualizado. Empezaría diciendo que el tema sería magnífico como base para una historia cultural del siglo veinte o para una historia del comercio o la mercadotecnia. (El título de la tesis sería algo así como “Having Your Own Style Chosen. Individualizing Consumer Trends in the Twentieth Century or: How CEOs Learned to Stop Worrying and Make Me Feel Special”).

Piénsenlo: cuando empezó la primera revolución industrial todo mundo usaba más o menos los mismos productos; el punto de producir en masa era sacar la mayor cantidad de unidades idénticas (y si se quería variedad o individualidad mejor le pedías a la abuela que diseñara algo bonito para tus calcetines). 

A medida que avanzó el siglo diecinueve los productos industriales se fueron destinando a países y sectores sociales más definidos y diferenciando de acuerdo a los gustos cambiantes de la elite económica (pensemos en relojes, billeteras, corbatas, perfumes, candelabros, lingerie). En concreto: la producción se comenzó a clasificar.

y luego perdieron todo tipo de clase...

y luego perdió todo tipo de clase...

Todo producto nuevo ha pasado por un proceso similar (y cada vez de forma más veloz): al principio había un mismo Ford T para todo mundo; hoy tengo que enterarme de cuál es la diferencia entre un Yaris G4500 y un Yaris H2751.3 equipado pero sin aire acondicionado. (Bueno, al menos a lo último le entiendo.) En el siglo veinte, en Occidente, presenciamos un desarrollo explosivo de este fenómeno no sólo por el aumento poblacional y por un culto exacerbado al liberalismo, el individualismo y la experimentación

Línea transversal (1923)

Línea transversal (1923)

sino también por una mayor complejidad ideológica y social que “exigió” (¿nos impuso?) más categorías nacionales, sociales e incluso vitales … y por tanto necesidades distintas.

Antes del siglo veinte los niños tenían cara de adultos (no es que fueran malos dibujantes)

Antes del siglo veinte los niños tenían cara de adultos (no es que fueran malos dibujantes)

El infante consumista es una creación victoriana mientras que el adolescente, consumista o no, es una creación –horrible –de mediados de siglo veinte. (Shock para los gringos y pudorosos: antes, y todavía hoy en muchos lados, a los trece uno es adulto, trabaja 10 horas y tiene relaciones sexuales legales.)

Todo no parecido con la actualidad es lamentablemente coincidente

Todo no parecido con la actualidad es lamentablemente coincidente

 

Esto fue brillante en los noventa: la creación de la moda pre-teen. (Por si nuestros padres no hubieran tenido suficiente con videojuegos cada vez más caros)

Esto fue brillante en los noventa: la creación de la moda pre-teen. (Por si nuestros padres no hubieran tenido suficiente con videojuegos cada vez más caros)

Nuestros padres en su juventud se preocupaban por la variedad de distintos tapices para sus sillones, por el diseño general de su casa, por su guardaropa, su carro y unos cuantos aditamentos. Nosotros nos preocupamos por todo eso todavía pero también por el diseño de la funda de nuestro ipod, por las configuraciones de nuestro web-browser, por el modelo específico de nuestros tenis, por el tipo de cubitos de hielo que queremos que haga nuestro refrigerador, por la edición de colección de la re-edición de 2006 del DVD remasterizado de la película de culto de los años ochenta, por la grabación “bootleg” del concierto específico al que atendimos, por nuestra propia selección de estaciones de radio en el coche, por el ringtone de cada uno de nuestros contactos, por las actualizaciones de las páginas web que consultamos día a día…  

Incluso el sistema educativo se ha vuelto un infierno. Antes eras abogado, contador, ingeniero, médico y ya. Ahora sigues siendo eso básicamente, pero eres “ejecutivo en coordinación de recursos humanos”, “ingeniero en industria espacial cibernáutica”, “programador de software aplicado al diseño gráfico”, “blogger de productos cosméticos faciales”. ¿No creen que la cantidad de carreras, escuelas y títulos disponibles es algo a veces ridículo?

Sólo hay una cosa que tiene más variedad tramposa; sólo hay una industria que  es infinitamente superior vendiendo una y otra vez el producto de siempre pero adornado con un montón de adendos insignificantes para hacerte sentir alguien con control y voz dentro del sistema.

Coffee Shop Wars (oh no!)

Coffee Shop Wars (oh no!)

 ¡Wow! ¡Vean lo que puedo comprar en un Starbucks por el precio de una baguette!  Se trata de un:

“Double Chocolate Chip Mocha Frappuccino®!!!  A creamy blend of rich mocha-flavored sauce, chocolaty chips, milk and ice. Topped with sweetened whipped cream and mocha drizzle.”  Tan mono que te lo comes con la vista con todo y calorías. 

 Tan mono que te lo comes con todo y calorías de sólo verlo.

Yeah! ¿Lo tengo que pedir diciendo el nombre completo y sonando como esa mujer joven, plena y reconfortadora de los anuncios? Wow! ¿Puedo escoger mi propio vaso temático reciclable? ¿Y la cantidad EXACTA de chispas y chochos que me gusta? ¿Y de paso voy a estar consumiendo un producto “orgánico” y ayudando a los niños de la selva? ¡Qué increíble manera de refrescarme en el verano! ¡Qué detalle más maravilloso para alegrar mi día!

Ok , estoy yendo un poco lejos. No quiero sonar tan amargado como Woody Allen en esa película AntZ (se llamaba así porque él era la hormiga ‘Z’ en medio de la colonia de hormigas todas iguales dentro de la cual quería individualizarse). Es más, el otro día fue al Society y pedí uno de estos brevajes y admito que son tediosa pero adictivamente ricos y azucarados (al menos hasta que el frappe se atora irremediablemente en el popote o hasta que ya sólo queda agua ultra diluída). Pero la verdad es que es un concepto demasiado “cute” para mi gusto.

De hecho, si desde el inicio me hubieran pedido escribir sobre “nuestros fetiches individualizadores” Y de “perky coffee beverages”, tendría el derecho de hacer la siguiente digresión:

¿Qué pasa con el café y el chocolate hoy día? Los dos productos se han afresado terriblemente a lo largo de la historia, en mi opinión. Por un lado tenemos al café, ese noble grano que en sus zonas árabes de origen se sigue consumiendo mascado o bebido sin ningún aditamento (y cualquiera que sepa lo que es un café árabe espeso auténtico sabe que ésa es la única forma de tomar café; de hecho, si alguien quiere matarme no tiene más que ofrecerme un café americano bien diluído y con mucha azúcar; pienso que el café americano es parte de la conspiración para que sigamos “felices” y despiertos trabajando en las líneas de producción).

I like my coffee Turkish as my ... coffee?

I like my coffee Turkish as my ... coffee?

Por otro lado tenemos al chocolate, esa estupenda aportación precolombina que también a veces sigue mascándose y bebiéndose sin ningún aditamento. ¿Y qué es lo que pasa? Pues que llegan los europeos y que deciden endulzar y agregar leche a diestra y siniestra para que ambos productos sean más suaves, tentadores y adictivos al paladar. ¿Y qué es lo que pasa después? Pues que los gringos juntan el café y el chocolate en un mismo producto para que el consumo sea más eficiente, y para que haya muchas más posibles combinaciones que agreguen variedad a la experiencia degustativa.

Sólo tengo una cosa qué decir al respecto: ¡somos una bola de NENAS!  Si tuviéramos que volver a sobrevivir fuera de la civilización no aguantaríamos nada porque “las bayas estarían amargas”.

Además, hay algo mucho peor que ha resultado de la tendencia anterior. Me refiero a la gradual pérdida de la diversidad de sabores y experiencias culinarias. Parece irónico que en una época supuestamente globalizada sea cada vez menor la posibilidad de encontrar productos y sabores realmente originales por debajo de todo el teatro mercadotécnico de las compañías monopólicas (y eso incluye a las naturistas y orgánicas). (Vaya: a lo mucho nos salen con un refresco sabor guaraná cada tres años.)

Esto es un fenómeno sobre todo de la ciudad (donde nos dejan con la carne, las tortillas, las frutas y las verduras más minúsculas y sin sabor que encuentran). No es lo peor. Ya de por sí tenemos poca variedad de productos y encima nosotros mismos nos imponemos un rango limitadísimo de sabores. Por ejemplo, empezamos a solamente disfrutar las cosas con queso o  a las cosas dulces y cremosas. Y de entre ellas acabamos prefiriendo: ¡Starbucks!  ¿Soy el único que recuerda que la opinión popular inicial consideraba pésimo ese producto?  Y nada ha cambiado fuera de la mercadotecnia y difusión del mismo, para volver a la discusión principal. Nos hemos acostumbrado a lo que nos ofrecen en parte porque no buscamos otras cosas y en parte porque no están disponibles, pero también porque CREEMOS (como bien nos quieren hacer creer) que realmente disfrutamos de una gran variedad. Y entonces llevamos a las generaciones más jóvenes (los ahora niños y adolescentes) a tomar un café o un chocolate amargo que no sea como el de estas cadenas (o como el de Hershey’s o el Tin Larín) y nos salen con un “¡qué extraño!”. Of all the ironies.

En fin, en mi eterna determinación de ir en contra del mundo he de decir que no estoy conforme con muchos de estos desarrollos. Son muestra de una sociedad conformista y autocomplaciente que al mismo tiempo cree que tiene muchas opciones y que no puede dejar de consumir porque se deja impresionar con variaciones minúsculas que asociamos con la felicidad. Por ejemplo, sale un iPad y todos queremos uno a pesar de que sabemos que es innecesario, que será obsoleto en cuestión de meses y que sus funciones son básicamente las mismas que las de otros aparatos.  

En mi opinión, mejor gastamos el dinero catando una botella de vino única e irrepetible, y buscando su maridaje culinario exótico y fuera de serie. En efecto, escapar de lo rutinario es posible todavía pero requiere dinero. La producción en masa, individualizada o no, sigue siendo más económica y sencilla. Pero eso ya lo sabíamos, supongo.

*** *** *** ***

Pues bien. Mi amigo (el que mencioné al principio) sugirió en una muy amena charla que escribiera, entre otras cosas, sobre mí, sobre blogs y sus retos, sobre la variedad de temas, sobre la mercadotecnia y sobre el significado de degustar un buen vino. A ver si otro día se me ocurre qué decir de relaciones, jeje.

 Por lo pronto manden sus sugerencias de temas. Y por favor: disfruten el internet, sus gadgets, su café nice y su especialización profesional y laboral, pero nada más no se vayan con la finta.

June 29, 2010

Al aire, para bien o para mal

Filed under: Rant — AGS @ 5:40 pm

Aunque realmente no es nada del otro mundo, un servidor apareció hoy por primera vez en radio ciudadana como locutor/entrevistador invitado del programa semanal del Instituto Matías Romero de la Secretaría de Relaciones Exteriores.  En total serán once programas dedicados a temas internacionales del bicentenario-centenario. En cada caso participamos un académico especializado y su servilleta. El bloque de independencia saldrá todos los martes a las 9:30 durante el mes de julio, y me imagino que el bloque de revolución se transmitirá en condiciones similares por ahí de noviembre.

Oír AM (en la mañana) es una tortura, así que lo más fácil es ir a la página web http://www.sre.gob.mx/imr/ y buscar “programa de radio”.

cartelprogramaderadio

Para anticipar alguanas FAQs y compartir algunas impresiones y comentarios he decidido entrevistarme a mí mismo.

AGS 1:  En un evento sin precedentes, el guapo, carismático y nunca bien ponderado Alejandro García Sudo ha debutado al aire. ¿Cómo se siente?

AGS 2:  Meeeeh…

AGS 1:  ¿Pero por qué tal desdén?

AGS 2:  Pues verá usted, mi muy estimado, atractivo y brillante entrevistador, lo que sucede es que el esfuerzo fue considerable y los resultados no enteramente sustanciales.

AGS 1:  ¿Salir en Radio UNAM no es importante?

AGS 2:  Hasta cierto punto sí, pues es una de las productoras radiofónicas más notables del país, y con más tradición. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que esto sale en AM, a través de la estación “aburrida” hermana de la que todos escuchan en FM (la de jazz y música clásica). [96.1 de FM. Escuchen Radio UNAM] Aunque tiene sus quince años al aire, poquísima gente escucha el programa, que usualmente está dedicado a temas de relaciones internacionales actuales.

AGS 1:  [Quizá con falso interés y algo de ignorancia] Eso suena interesante.

AGS 2:  [Honestamente] Podría serlo, pero hay dos problemas. El primero, circunstancial, es que los participantes, aunque preparados en sus temas, no suelen ser buenos difusores. Por un lado tenemos a la directora usual -a la que el público se ha acostumbrado después de años -que tiene un nulo interés en el programa y lo despacha sin pena ni gloria (no en balde se aprovechó de mí para quitarse algo de peso de encima). Por otro lado tenemos invitados que o son funcionarios o son académicos. Los primeros son aburridos por naturaleza y los segundos rolleros por convicción. Son raros los casos donde saben ser concisos, pedagógicos.

Toda esta situación nos lleva al segundo problema. El programa está diseñado para las circunstancias mencionadas. La idea es que en media hora (realmente 23 minutos, pues el resto se va en presentaciones, transiciones y una cápsula intermedia) se toque un tema pequeño con una cadena de preguntas de “mediano alcance” (por ejemplo: ¿cómo estuvo la junta del G20, qué discutieron, qué firmaron?). Se tienen que dar pocos antecedentes pues se reflexiona sobre temas relativamente cercanos a nuestra experiencia actual. No se busca una reflexión demasiado ambiciosa. Más que una “revista”, es un slot informativo.

AGS 1:  O sea, es un programa que, por monótono, no interesa mucho.

AGS 2:  Exacto. Y con calzador tuve que adecuar estos programas conmemorativos, que por definición son algo más ambiciosos (pues son históricos), a parámetros y circunstancias restringidas. Tenía que grabar unos 25 minutos de entrevista, y no más, pues mis “jefes” toleran muy pocas ediciones (en parte por miedo a editar y en parte por flojera). O sea, en cada caso prácticamente tenía un sólo disparo: menos de media hora para entregar un producto interesante, sustancial, con pocos errores, adecuado para el tiempo y el público, y bien redondo a partir de una temática compleja. Por eso intervengo poco a veces: no por falta de cosas qué agregar sino por escasez de tiempo y deseo de que el entrevistado dejara una buena impresión. Digamos que mi trabajo era ser un buen facilitador (quizá la verdadera chamba de un conductor). Tuve mucha presión encima.

AGS 1:  ¿Tuvo o tuvieron? ¿Qué no recibió apoyo, asesoría, instrucción?

AGS 2:  No. Enfáticamente no. Con excepción de mi grabador-editor, Iván Chávez, a quien extiendo un caluroso saludo y le doy mil gracias por su paciencia y atenciones, el resto del personal sirvió para calentar los asientos. El trato informal que acordamos inicialmente era una colaboración: ellos (personal del Instituto) determinarían los contenidos y circunstancias, entre todos discutiríamos el diseño de los programas y yo aprendería algo del arte radiofónico y me encargaría de entrevistar. ¡Oh iluso! El resultado fue el usual de los trabajos “en equipo”: unos cuantos hasta abajo del escalafón (yo) nos encargamos de todo.

Yo concebí la serie y la presente al Instituto; diseñé los segmentos, preguntas y cápsulas (para lo cual tuvo que haber investigación). Yo hice toda la locución. Propuse a los invitados, los busqué, cité, recibí y despedí. Esto suena sencillo mas no lo es porque hay divas por todos lados. Por un lado, mis “jefes” quisieron a las “vacas sagradas” de siempre, que a veces repiten lo mismo una y otra vez. Hay muy poco interés por la sangre y las propuestas nuevas (así es: la academia es una mafia nefasta); aun así procuré dar variedad y frescura a la selección.

Por otro lado, los invitados también son difíciles. Algunos se hacen del rogar, otros cancelan, otros tienen tiempos e intereses limitados. Con todos tuve que discutir varias veces guiones, preguntas, tiempos… pero también direcciones, medios de transporte, accesos al establecimiento, cuestiones burocráticas. Lo que quiero decir es que me cargaron toda una chamba secretarial que no me correspondía y que ciertamente no me pagaron.

AGS 1:  ¿No le pagaron?

AGS 2:  Algo enteramente nominal y poco digno de ser mencionado. De hecho en el trato inicial ni siquiera se contemplaba.

AGS 1:  ¿Es usted tonto acaso?

AGS 2:  Probablemente. En defensa de la directora, ella no puede hacer mucho porque hay un tope institucional a lo que se puede pagar por honorarios (de lo contrario habría que hacer contrato con mucha anticipación). En mi defensa, el objetivo era adquirir experiencia en el área y estar cerca de una persona que será mi sinodal y que a fin de cuentas me ofreció una buena oportunidad.

AGS 1:  O sea, se lleva una buena experiencia.

AGS 2:  Como en muchos casos, tuve que ser autodidacta. Y siendo autodidacta uno comete errores pero también aprende mejor algunas cosas. Definitivamente ahora sé más de entrevistas presenciales, edición, guionismo y locución, lo cual es bueno. Pero la experiencia no fue satisfactoria, y nuevamente he de echarle la culpa a los demás. El problema fue su actitud. De repente se encontraron con alguien chambeador y entusiasmado y decidieron no mover ni un dedo. Piénsenlo así: además del grabador-editor hay otras cuatro o cinco personas encargadas del programa (directores y coordinadores). Literalmente decidieron sentarse a esperar que yo entregara resultados; sus actividades fueron poner su linda cara, hacer dos o tres llamadas, hacer alguna crítica somera y lambisconear a las vacas sagradas que les eran familiares y con las cuales querían quedar bien. A los “desconocidos” me los dejaron y casi casi se lavaron las manos. Eso es desagradable, cómodo y deshonesto (pues salen en los créditos). Y no me importa si esto que digo se difunde.

AGS 1:  ¿No está siendo demasiado duro y crítico como siempre?

AGS 2:  No, y créanme que reconozco cuando peco de eso. Esta dinámica fue totalmente ridícula. Es más: al ver que yo estaba grabando ellos ¡se desentendieron de la cabina y olvidaron hacer sus propias entrevistas! Es por esto que este bloque está saliendo en julio y no en septiembre: porque el Instituto Matías Romero se olvidó de su chamba cotidiana, se atrasó más de un mes y no tuvo más remedio que “pedirme permiso” para editar a la carrera mis entrevistas, transmitirlas de inmediato y salvar la cara. Resultado: un proyecto partido en dos (la idea era que salieran los once juntos) y ediciones apresuradas.

Aun así, yo me he encargado de supervisar dichas ediciones y creo que todos los programas están decentes. Los mejores por lo pronto son los de los Doctores Jáuregui y Cuadriello. Si van a escuchar algo, escuchen esos y mis cápsulas intermedias (el guión es mío, la música no porque ya no me dio tiempo).

Y para ser la primera vez creo que pudo salir peor. Hay temas interesantes y propositivos, buenos invitados y un deseo genuino de interesar y acercar al público a temas del pasado desde aristas diversas. Para bien o para mal ahí está mi contribución a estas festividades.

AGS 1:  Pues felicidades de cualquier modo, aunque sea por su cumpleaños el pasado 27. Gracias, y esperamos noticia de su otro proyecto radiofónico para el IMER.

AGS 2:  Yo estoy igual. Un saludo a todos.

June 11, 2010

¡¡¡Y de vuelta a su programa de concursos favorito!!!

Filed under: Preguntas al foro,Rant — AGS @ 3:06 am

[aplausos del público (si no lo hacen no les dan canapés de cortesía)]

[se encienden las luces]

CONDUCTOR [muy sonriente, con traje café de cuadros y corbata de moño]: Gracias, gracias. [Ríe y saluda.] ¡Gracias!

Caray, qué bonita gente. En toda la Ciudad de México hay muuuy bonita gente.

[Saluda a alguien bonito en el público. Ese alguien bonito se desmaya.]

Es más, hoy iba por Paseo de la Reforma pensando justamente eso de la gente y las cosas que se me cruzaban: qué bonitas: qué bo-ni-tas.

Las familias paseantes: ¡qué bonitas!

Los turistas coreanos: ¡qué bonitos!

Las carpas de la feria multicultural: ¡qué bonitas! (y qué poco surtidas)

El tráfico provocado por las micros que se paran cada dos minutos y por el hecho de que en México nadie sabe cómo debe funcionar una glorieta: ¡qué bonito!

Los empresarios yuppies sobrepagados tardándose dos horas y media en ir a comer: ¡qué bonitos!

Los boleadores de zapatos siendo explotados y literalmente pisados por dichos empresarios: ¡qué bonitos!

Los floreros grises de concreto y forma triangular que están en el camellón y que no dejan ni cruzar la calle ni poner plantas ni tomar fotos con una perspectiva agradable: ¡qué bonitos!

Las marchas, los plantones, los protestantes desnudos: ¡qué… qué…pintorescos!

Así es, todo en Paseo de la Reforma es bonito: su historia, su dinámica urbana, sus monumentos. Y es por eso, Doña Inés, que la siguiente pregunta… ¿está usted lista? ¿no se me estará espantaaaando?

DOÑA INÉS: [ríe nerviosa, dice algo inaudible porque el micrófono ya se le fue para la nuca y voltea al público a ver a su madre]

CONDUCTOR: Doña Inés, ¿en qué está pensando? No se me desconcentre que la siguiente pregunta es muuuy importante. La siguiente pregunta, para cerrar el programa, es por cinco (así es) cinco mil pesos y una…

[cámara 2 y otras luces se encienden]

¡salaaaa últimooooo mo-de-looooo!

[público aplaude, música inspiradora]

DOÑA INÉS: ¡aaaaaaaaa! [grito emocionado mientras se pone las manos sobre la boca y brinca dos veces... incrédula, se abanica con las manos]

CONDUCTOR: ¿Qué le parece Doña Inés? ¿Le gusta?

DOÑA INÉS: [ríe nerviosamente] [ve al conductor] [asiente con cara boba]

CONDUCTOR: Pues bien, para que todo esto y más sea suyo, responda una sencilla pregunta de Paseo de la Reforma. Va a aparecer en pantalla una imagen. Acto seguido, yo haré la pregunta. ¡Público! No se vale soplar. Silencio todos:

[redoble de tambor. aparece una imagen]

HSBC-Mexico-754817

CONDUCTOR: ¿Qué hay de irónico en esta foto?

DOÑA INÉS: [silencio] [finge que lo está pensando] mmmmmm

CONDUCTOR: ¿Qué hay – de irónico – en esta – fotoooo?

DOÑA INÉS: [se angustia] [ve a su madre] aaaay

[reloj molesto: tic toc tic toc tic toc]

CONDUCTOR: ¡Diez segundos! ¿Qué hay de irónico… en esta (muy bonita, muy bonita) fotooooo?

DOÑA INÉS: [para sus adentros] iro…iro…[negociadora y algo seductora] ay no seas asíiii, pásamela por esta vez ¿no?… áaaaandale, ponme otra…

CONDUCTOR: No, lo siento Doña Inés

[Buzzzzzzzzzzzzzzzzz!]

¡Tieeeeempooooo!

PÚBLICO: [desilusionado] aaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

DOÑA INÉS: ash

CONDUCTOR: Doña Inés no supo contestar. Pero si alguien en el foro quiere los cinco mil pesos: ¿qué hay de irónico en esta foto? Llámenos al estudio.

[Letra minúscula aparece en la parte inferior de la pantalla anunciando que cada llamada para concursar costará 35 pesos más IVA]

[Créditos del programa. Canta Alanis Morrissette]

Alguien por favor dígame que también ha notado algo irónico cuando camina por ahí.

May 30, 2010

Práctica que a mí también me molesta algo

Filed under: Comics,Rant — AGS @ 7:29 pm

Debo muchos posts, pero también sé que hay que poner cosas nuevas frecuentemente, así que voy a continuar con la práctica sencilla de los comics. En esta ocasión presento “Betty”, que trata de la “oh, muy difícil” vida de algunos middle-agers suburbanos en Estados Unidos. Las tramas son muy interesantes: ¿logrará Betty ver películas por internet? ¿podrá su amiga lidiar con dietas vegetarianas en cinco pasos sencillos? ¿podrá su hijo convencerla de comprar un iPad en vez de un Kindle?  Qué profundo, qué profundo. El comic es medianón, pero a veces me mantiene al día con el pensamiento gringo, tiene un dibujo agradable y muy de vez en cuando tiene buenas ideas.

Una de las cosas que me gusta de los comics es que pintan verdades complejas con unas cuantas líneas y dibujos (Quino, el de Mafalda, era un genio para eso). Una idea que requeriría dos o tres párrafos escritos es transmitida en menos de diez segundos. Hay gente (usualmente ya grande) que sorprendentemente experimenta dificultades viendo “novela gráfica”: dice que nomás no capta los chistes. (Lo he escuchado, lo juro.) Parte del problema es leer el texto separado de los dibujos: pero el comic se tiene que ver en conjunto –”desde lejos” para apreciarse completo, como un cuadro impresionista. Pero bueno, más ejemplos de eso en otra ocasión. Aquí tenemos un comic de estilo “mimo” que espero casi todos apreciarán instantáneamente.

No sé cómo se llama la amiga de Betty, pero encarna muchos de los vicios de las feministas solteras y la verdad no me cae muy bien. Betty (la güera) calla sabiamente. Las dos, sin embargo, comen pastelitos muy a gusto.

No sé cómo se llama la amiga de Betty, pero encarna muchos de los vicios de las feministas solteras y la verdad no me cae muy bien. Betty (la güera) calla sabiamente. Las dos, sin embargo, comen pastelitos muy a gusto.

Lo del smiley face es muy cierto. Me ha tocado varias veces en el Messenger y en mensajes de texto de celular. En mi opinión, una carita feliz después de un mensaje enojado, crítico o desaprobador sólo lo hace más agresivo, pero hay quien piensa que es necesario para “suavizar”. Lo mismo ocurre con otras muletillas: lol, jajaja, todo tipo de saludos corteses y el clásico “me pareció interesante” que se usa cuando quieres decirle a alguien que “NO me pareció interesante”, “me aburrió”, “no me interesó”, “no lo vi” o “te quiero criticar (aquello de lo que hablamos) pero no hallo manera de empezar sin que te ofendas”.

No desapruebo estas prácticas. Todos las llegamos a usar. Sólo las hago notar :)

May 16, 2010

Por qué odio “Baldo”

Filed under: Comics,Ongoing,Rant — AGS @ 5:01 pm

Se lo ganaron. Los dos chicanos que son autores de la más popular tira cómica de chicanos llevan años sintiéndose superiores porque “educan” y acercan al pueblo estadounidense a la cultura hispanoamericana. Bueno, pues esta será mi manera (en constante ampliación) de decirles que son un de par de mamones ignorantes sin gracia.

ScreenHunter_02 May. 16 11.55

Claro: cuando mi automóvil tenga rabia, no dudaré en decirle a mi acompañante que “mi coche está incendiado”. Irá seguido de un “yo quiero Taco Bell” y “mi casa is su casa”.

ScreenHunter_01 Jun. 12 08.12

!Ah pero por supuesto! Los chicanos que están viendo el mundial en este preciso momento piensan que los padres fundadores se vestían como Viruta y Capulina y que gritaban como el Che. ¡Y claro! TODOS los latinos se identifican con un “¡Viva la revolución!” ¿Qué no es lo que hacemos todo el día? ¿Ponernos colores extravagantes, sonar unas maracas, ser ruidosos y violar la ley?

baldo

Obvio. ¿No ven lo clara y fielmente que se representa en esta tira la permanencia de la cultura mexicana en Estados Unidos? Sus chistes de vida “latina” son bien originales y no tienen NADA qué ver con los de otros comics. Hombre: no es como si Baldo fuera un güey con preocupaciones banales de chico suburbano como las de Jeremy (el chavo güero que aparece arriba, el de Zits). ¡Véanlo! ¡Es tan mexicano! ¡Come “mermelada de jalapeño”! ¡Yummie!

April 19, 2010

El uso de términos “correctos” puede llegar a ser lo menos correcto

Filed under: Comics,Rant — AGS @ 11:37 pm

Conciliar dos o más puntos de vista es difícil cuando cada lado (o al menos uno) está convencido de que tiene toda la razón.

El caso se complica cuando una de las dos partes entiende mal la postura de su contraparte y se aboca a atacarla o criticarla con vehemencia, pero con las herramientas equivocadas (como cuando se quiere clavar un tornillo).

Lo peor es cuando la parte en cuestión adopta una actitud “digna” y “educadora”: ya no sólo se trata de estar en desacuerdo con la postura contraria, sino de “comprenderla” y “tolerarla” condescendientemente y de corregirla desde un alto y muy atractivo pedestal moral. (Ser un verdadero crítico implica saber cuándo no escalar a ese pedestal junto con la mayoría.)

Aunque bienintencionado, un esfuerzo de “corrección” mal encaminado (o sea, corregir algo mal entendido inicialmente) puede contribuir muchísimo a deseducar o maleducar a la sociedad, empeorando el problema original hasta un punto en que hay un virtual diálogo de ignorancias alrededor de un diálogo de sordos. (Simbolizo muchos de los debates en los que participo con arqueros dispersos, cada uno en su parcela cercada y todos con los ojos vendados disparando sin dirección exacta tan pronto escuchan algo que no les convence.)

“Deconstruir” debates mal fundados y malinterpretados es probablemente la tarea académica más importante, más difícil y más olvidada.

Ya se imaginarán la cantidad de bilis que genero…

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Hace menos de una década la gente bebía vasos de agua. Me consta que cuando era niño mi madre me ofrecía vasos de leche y que los restaurantes promocionaban vasos de refresco.

En algún momento me debo haber saltado un informe presidencial o un edicto de algún grupo de venerables académicos de la lengua porque de repente resultó que yo y mi amigo Cervantes llevábamos siglos hablando (y bebiendo) incorrectamente: realmente habíamos estado tomando vasos CON agua porque CONtenían agua y no estaban hechos DE agua (duuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuh! los vasos no pueden ser de agua porque el agua no es solidaaaaaaa; hubieras estudiado químicaaaaaaaa; el contenido del vaso es líquidoooooooo).

Caray, don Miguel de Unamuno: ¿cómo NO se nos había ocurrido eso? (“No lo sé, Alejandro. Qué deshonra la nuestra y qué bien merecida tenemos la lección.”)

Perdone que lo interrumpa, sr. Borges (¿Borgues?), pero ya era hora de que estos chavales de la generación X y la generación Y nos iluminaran con su erudición y suspicacia. (“Tiene usted toda la razón, joven. Ya mismo dejo de escribir mis cuentitos y me doy de latigazos por incluir en ellos a gentes que beben copas de vino y que ponen a sus creaciones literarias a beber copas de vino mientras imaginan mundos alternos donde también se beben infinitas copas de vino”.)

Ya no voy a salir a comer con usted sr. García Lorca; el mesero nos vio con cara de risa porque usted pidió vasos de agua y no vasos con agua. (“¿El mesero no nos aprueba y nos corrige con su educación de secundaria abierta? ¡Mi soledad sin descanso! ¡Oh ciudad de los gitanos! Dejémosle ahora el 20% de la cuenta como propina para que no nos mire feo. En cuanto al error de expresión que azota al mundo, canto: he cerrado mi balcón porque no quiero ír el llanto, pero por detrás de los grises muros no se oye otra cosa que el llanto. ¡Llanto!”)

Persona que pides vasos con agua: ESTÁS MAL.

Detente antes de cambiar de página.

Enójate.

Indígnate.

Racionaliza.

Respira.

Persona que pides vasos con agua. Con todo respeto: ESTÁS MAL.

Quizá todos tus colegas lo digan así.

Quizá tu jefe lo apruebe y por eso seas su favorito.

Quizá ya se lo enseñaste a tus hijos.

Quizá tu presentador de noticias o comentarista deportivo favorito usa la expresión.

Pero: persona que pides vasos con agua: ESTÁS MAL y haces el ridículo cuando quieres corregir lo que no tiene que ser corregido.

Para ser claros: no es que estés mal en tu razonamiento cartesiano desapegado de toda experiencia histórica. Pero sí estás mal en pensar que tu posición es la única válida y en forzar a los demás a usar una expresión innecesaria y culturalmente incorrecta.

No importa el material o el estado de la materia. Sabemos que el vaso (o a la copa o el tarro) no está HECHO de agua. No somos idiotas. Ocurre que el vaso también se entiende como una MEDIDA volumétrica. En el pasado no había la precisión neurótica de hoy día (los niños de primaria no tenían reglitas de plástico con decímetros y centímetros con las cuales disparar proyectiles en clase). Las distancias se medían (y miden) en días y pies, las telas con antebrazos y palmas, las cantidades líquidas en vasos y toneles. Aunque ha habido muchas modificaciones y estandarizaciones, las expresiones quedan y así se usan porque SON correctas, incluso si “lógicamente” no lo parece o si ciertas prácticas entran en desuso. Así que cuando Harry Potter y compañía llegan al pub de Madam Rosmerta fíjense por qué piden pints y glasses OF (no WITH) butterbeer expresándose de la misma forma: glass (vaso) tiene una función tradicional de medición idéntica a pinta, litro o galón.

¿Les parece raro? ¿A poco ustedes no piden fracciones de “tanques” de gasolina del mismo modo que piden “litros”? Cuando pides “medio tanque” no estás pidiendo un recipiente de metal…

Y el petróleo, por cierto, se mide en unidades volumétricas llamadas “barriles” que no necesariamente se tienen que almacenar físicamente en contenedores de esa naturaleza. Hay “barriles de gasolina” que fluyen por los oleductos y se compran con ese nombre. (Lamento aniquilar la fantasía de alguien que imagina bodegas llenas de pesados barriles de petróleo.)

Además el lenguaje no es ni tiene que ser correcto. Por ejemplo, ¿por qué “sientes” que tienes que estudiar si lo que realmente pasa es que “piensas” que debes hacerlo? ¿Por qué cuando te arrolla el tren dices que “te lleva el tren”? (¿Dónde te llevó?) ¿Por qué cuando “te lleva el tren” figurativamente lo sustituyes diciendo que “te lleva la chingada”? (¿A dónde? ¿Quién la “chingó”?)  ¿Por que estabas “de paso” por aquí si nunca te bajaste del carro a dar pasos? ¿Por qué te das baños “de tina”? (No te estás bañando con la tina, sino con el agua.) ¿Por qué cuando te levantas te “pones de pie”? (¿Qué pones? ¿Qué no te estás apoyando SOBRE dos pies? Y por cierto: ¿por qué se “pone esfuerzo” en algo?) ¿Por qué te “pones en contacto a través” del correo electrónico si nunca cruzas algo (como cuando te “abres paso a través” de la jungla)? Ah, ¿y por qué usas una “llave de tuercas” si la llave no está hecha de tuercas sino PARA las tuercas?

Así hablamos. “Incorrectamente” y dando variedad a las preposiciones. Se llama arte, costumbre y cultura. Hay cosas que no es necesario corregir. Mejor aboquen sus esfuerzos a aminorar el cambio climático. O a mejorar la vialidad. O a enseñarle a los niños y ciertos adultos a no cometer faltas de ortografía (eso sí sería útil).

Si tanto exigen corrección absoluta al menos sean congruentes y compren ahora botellas CON vino, latas CON pintura, frascos CON perfume. ¿Siempre son igual de correctitos con lo que dicen o lo del “vaso con agua” es sólo una modita pa sentirse importantes?

Lamentablemente el “virus” del vaso con agua se extiende y es posible que el uso se haga tan generalizado como para volverse norma de facto. Entonces ya no habrá nada qué discutir, pero la parte “menos correcta” (muy digna, eso sí) habrá ganado por las razones y argumentos equivocados sin siquiera entender que “the point was entirely missed”.

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Hay muchos otros casos de “correcciones” malencaminadas que empeoran una situación. En esta ocasión quiero platicar de una más, que tiene que ver con algunas facetas de lo “políticamente correcto” que tanto juega parte de nuestra cotidianeidad hoy día tanto para bien como para mal. Piénsenlo: por cada persona que supuestamente ya no está siendo ofendida por alguna palabra o expresión (digo supuestamente pues el hecho de que no se escuchen públicamente no quiere decir que no sigan siendo usadas o pensadas) hay otra persona cuya libertad de expresión está siendo cuartada de alguna u otra forma. Es tan extremo y dañino perpetuar estereotipos injustos como prohibir todo tipo de reconocimiento explícito (o humorístico) de lo diferente.  ¿Qué es peor? ¿Vivir en un mundo donde las cosas se dicen de frente o uno en el que todo se compone superficialmente maquillando con eufemismos y en el que se niegan las realidades de nuestra historia y nuestra cultura? La solución a la injusticia y la incomprensión no es la restricción sino el conocimiento. (Ciertamente me parece ridículo multar o encarcelar a alguien por negar el holocausto nazi. ¿Y de veras alguien todavía se ofende con dibujos al estilo de Memín Pinguín que, justificables o no, son parte íntegra del pasado?)

México tendrá muchos defectos pero históricamente ha sido una sociedad muy tolerante de sus diferencias. Contrario a lo que comunmente se piensa, la sociedad colonial no estuvo funcionalmente fragmentada (las pinturas de castas evocan la ira de muchos: pero no deberían, pues eran sólo una fantasía “ilustrada” y nunca hubo tal cosa como un “saltatrás”) y siempre hubo espacios de ascenso social, aunque fuesen limitados. El México independiente, por su parte, continuó edificando una sociedad incluyente basada en ideas de mestizaje y ciudadanía. México ciertamente fue más inclusivo (ojo: no quiere decir igualitario) a comparación de países que mantuvieron la esclavitud por muchas décadas más o por países que buscaron una aniquilación a gran escala de sus minorías (Estados Unidos, Brasil, Argentina). Es sólo en años recientes que el debate del multiculturalismo ha aflorado de una forma en extremo divisiva que lleva a pensar en las diferencias (étnicas y regionales) por encima de las coincidencias, generando descontentos y problemas que en cierto sentido no lo eran (piénsese por ejemplo en cómo los neo-zapatistas consiguieron una legislación excepcional para algunos pueblos en Chiapas en los últimos quince años -algo que nunca había ocurrido en este país y que fue notablemente anticonstitucional). No se me malinterprete: no me paro en defensa del nacionalismo ni ignoro la riqueza y diversidad de nuestra gente. Reconozco las injusticias y desigualdades socioeconómicas y entiendo los reclamos. Sin embargo, sí me parece dañino que dichos reclamos se enmarquen en un modelo importado que no se corresponde con nuestra realidad (y que se usen argumentos “indigenistas” de forma manipuladora).

El modelo de “política local” que predomina hoy día es el de las experiencias coloniales anglosajonas (Estados Unidos, Canadá, Australia). Como bien se sabe, la colonización en esos casos fue absolutamente excluyente de las poblaciones indígenas (relativamente poco numerosas) a las cuales agredió. El mestizaje ocurrió, pero nunca alcanzó niveles significativos o simbólicos. Las poblaciones siempre se reconocieron como entes separados con culturas irreconciliables. No en balde persisten los reclamos de tribus bien identificadas de First Nations, Native Americans, aborígenes, maori, etc. que, al haber ido adquiriendo más poder con los años, han reclamado mayor autonomía frente al “estado invasor”, su Otro bien definido.

Visto de este modo no debe sorprendernos que los habitantes de esos países no entiendan una realidad como la mexicana en donde la población (infinitamente mayor y organizada desde el comienzo en pueblos, no tribus) se mezcló de inmediato, y donde el despojo fue de una naturaleza muy distinta. La colonización de México no se efectuó por medio de contratos con “naciones” indígenas soberanas, sino con inclusión de todos los sujetos y luego ciudadanos bajo una misma corona o gobierno que brindó igualdad de protecciones (y eventualmente obligaciones). Y en México rara vez se separó o “reservó” a gente de acuerdo a planteamientos étnicos o raciales. Hoy ciertamente no pensamos en esos términos: hay gente más o menos blanca pero quiero creer que todavía no llegamos a distinguir entre Negros, Blancos, Asiáticos, Indígenas, etc. En otras palabras, el punto es que las identidades de distintos grupos en México no han sido tradicionalmente politizadas como en el mundo anglosajón (lo cual no es ni bueno ni malo, sólo es). [Ciertamente es incómodo: un servidor no sabría si definirse como Latino, Asian o White en gringolandia.] Ahora que empiezan a politizarse, las identidades locales se postran en modelos de lucha y reivindicación diseñados en otros contextos sin conocimiento de la historia o la política local. Por eso suena falsa, en mi opinión, la forma en que algunos piensan en defender los derechos históricos de “los indígenas” en México como si fueran los de los African American en Estados Unidos o los negros en Sudáfrica. (Incluso en esos otros casos la realidad es más compleja de lo que se pinta, pero eso es tema aparte.) La realidad sociológica y jurídica mexicana es totalmente otra y eso IMPORTA: no se puede meter a los tarascos y a los zulu en la misma bolsa. Desde luego que hay que buscar la justicia social y la defensa de las tradiciones. Pero hay que tener mucho cuidado, pues ¿quiénes son los indígenas en México después de 500 años de historia compartida? ¿Los que hablan otro idioma? ¿Los que se “sienten” distintos? ¿Los de piel menos clara? El tema es complejo y no debe simplificarse con comentarios ardidos referentes a 1521 o con visiones maniqueas de “blancos” vs. “indígenas”. A veces pienso que simplemente se está evadiendo el término “pobre” para no sonar ni clasista ni populista (idea que irónicamente suele provenir de gente extremadamente clasista y populista). En cambio sí está siempre bien visto criticar al white supremacist…

Estos temas de identidades harto complejos ya de por sí llevan a constantes malentendidos entre países y dentro de los propios países, pero creo que todo se está complicando aún más con el “political correctness”. Algo que supuestamente busca corregir incomprensiones raciales está generando todavía más engaños e ignorancia. Dos casos recientes:

Hace no mucho estuve en Houston y Nueva Orléans en compañía de personal del consulado mexicano en esas ciudades. Durante algún tiempo mis acompañantes habían hecho referencia a los “morenitos” y yo no había alcanzado a entender de qué hablaban. En algún momento, al transitar por la calle, comenté que en Luisiana ciertamente se sentía más la presencia de los negros a comparación de Texas, a lo cual mis compañeros respondieron que “en efecto, y que por eso la relación entre  “morenitos” y latinoamericanos era más complicada en el Deep South”. Sorprendido, pregunté por qué los negros (los Negros, los afroamericanos) habían acabado siendo “morenitos” de esa forma coloquial entre los miembros del consulado (¿y quizá entre algunos “latinos”?). La respuesta era sencilla. Incialmente se les decía “negros” pero eso había desatado muchos problemas porque “negro” (Black, un denominador aceptable) se confundía con “nigger”, que es un término despectivo. La solución entonces era hablar de morenitos y no ofender a nadie auditivamente. Sí claro; pero ahora, aunque todos estuvieran contentos, la situación era peor en el fondo porque ni los unos ni los otros se daba cuenta de que “morenito” se traduce como “darkie” o “brownie” -algo que ningún afroamericano aceptaría y con toda razón. La falta de comunicación llevó en este caso particular a una solución inconscientemente más racista y ofensiva. Tan fácil que hubiera sido remitirse a un diccionario… Y en general pienso que otra vez se está evadiendo el punto principal: no se trata meramente de “dejar de ofender”: se trata de entenderse de verdad, no de establecer barreras todavía más contundentes entre grupos. Lamentablemente, la sociedad estadounidense (y la de muchos otros lados) parece dirigirse, como ya comenté, hacia una fragmentación creciente y cada vez más consciente.

Mientras, del otro lado de la frontera, mi padre continúa una batalla de décadas para corregir las nociones básicas del estudio de la organización política e institucional local en el México colonial (hace unos días acudí a una presentación suya en la Academia de la Historia). Temo decir que sus esfuerzos no han sido suficientes. Después de varias publicaciones las ideas mal impartidas en las primarias permanecen y generan mayor polémica de la que pudiera esperarse para un tema tan aparentemente lejano (es como si los franceses se enardecieran por hablar de la organización política en el medioevo). ¿A qué me refiero en concreto? Bueno, pues resulta que la mayor parte del país estaba organizada en torno a figuras políticas corporativas llamadas “pueblos de indios”, que eran de cierta forma herederos de los señoríos prehispánicos y antecesores directos de los municipios. El quid es el uso de las palabras: “pueblo” no es un caserío sino una organización política con autogobierno; e “indios” no es “indígena” (palabra moderna) sino una simple designación de los naturales de un pueblo (que podían ser blancos, negros, mestizos, mulatos, etc. y no sólo indios, que era como se les llamaba entonces a los súbditos en los pueblos, sin ningún afán ofensivo). No me meteré en todos los detalles y malentendidos. Sólo diré que el público rabió: oír la palabra “indio” despertaba el resentimiento de gente que obviamente ha escuchado la palabra en contextos menos elegantes (pensemos en “naco”). Lo correcto, clamaron muchos, es hablar de “indígenas” o “naciones” oprimidas por “los blancos” y buscar su reivindicación, ideas que se salían completamente de los fines institucionales de la presentación (y que de hecho no son incompatibles con los étnicos). Las inquietudes de la sociedad mexicana, sin embargo, se muestran claras. Hay un gran resentimiento popular. Y aceptar que la sociedad mexicana siempre estuvo bien integrada es inaceptable para muchos porque va en contra de la historia oficial y de las visiones románticas, activistas y reivindicadoras heredadas del modelo anglosajón ya referido (claro, con sus tintes marxistas e indigenistas). Parece ser, por tanto, que es justificable negar el rigor en el estudio de nuestra experiencia histórica (y el uso de las palabras correctas en ese contexto: “indio”) con tal de seguir alimentando una ideología política y socialmente correcta. Nuevamente pierde la postura científica en aras de la opinión de una mayoría que está convencida de manejar la única verdad ante cualquier indagación relacionada o no relacionada (el martillo queriendo clavar el tornillo).

¿Lo anterior sonó complejo? Lo es. Pero nunca lo entenderemos mejor si no aceptamos que las “correcciones” a veces no corrigen y que la lucha por hablar, pensar y actuar de veras correctamente debe continuar. Esto es aplicable a muchas situaciones: por ejemplo, esperemos que algún día corrijan las “correcciones” viales en División del Norte. Pero ese es otro tema. Por lo tanto, me despido ya (porque de otro modo me pegan). Keep on ranting.

ScreenHunter_04 Apr. 19 19.22

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