Estimados lectores,

Las siguientes palabras corresponden a un hermoso pensamiento que una recientemente conocida amiga mía ha escrito respecto de una entrada de blog que publiqué hace ya algunos meses. A efecto de que las disfruten tanto como yo en su momento, se las dejo sin mayor presentación.

El próximo 26 de mayo se cumplirán tres meses del fallecimiento del Dr Alberto Sauret. ¿Quién era Alberto? Para algunos era Cachicha, el divertido, quizás un poco excéntrico personaje que recorría su pueblo en bicicleta luciendo algunos de sus múltiples gorros o el que se disfrazaba para Carnaval, pero pocos conocían su valía en profundidad, nadie es profeta en su tierra.”

“Alberto cursó los estudios primarios en la escuela Laprida, siempre repetía que lo que él era se lo debía a esa “su escuela”; egresó luego de la Escuela Técnica “Dr Pedro Radío”. Fue un mal estudiante: se hacía la “rata”, rendía materias y hasta llegó a repetir un curso, evidentemente  no era lo suyo. También se dedicó a la música, fue baterista de una recordada orquesta juvenil “Los bachis”, era un vago simpático. ¿Quién podría imaginar que de aquel adolescente díscolo surgiría el hombre que dedicó su vida al estudio, a los libros y a la docencia universitaria?”

“En la Universidad de El Salvador obtuvo su título de Licenciado en Publicidad. Luego su espíritu inquieto hizo que anclara en México donde desarrolló su vida académica. Allí alcanzó su Maestría en Filosofía en la Universidad Iberoamericana de México, el título de Realizador de Cine en el Centro de Capacitación Cinematográfica y finalmente se doctoró en Filosofía en la Universidad Iberoamericana. Era un lector voraz, un erudito, con la sencillez y la humildad de los grandes de espíritu, no había tema del que no se pudiese hablar con Alberto, no sólo de filosofía ya que esa era su especialidad y en particular los mitos, sino de religión, política, economía, música, literatura, etc, etc. ¡Qué placer escucharlo! No era el pedante que hace gala de sus conocimientos sino la persona sabia que se adapta a cualquier interlocutor, desde el más humilde al más letrado, además era absolutamente generoso con su saber, la misma generosidad, en este caso material, que mostró al momento de su muerte.”

Él, que no tuvo hermanos, supo cultivar amigos con quienes estrechó lazos mucho más profundos que los que a veces se dan entre los de la misma sangre. Quien escribe estas líneas lo hace desde el amor de amigos incondicionales y desde el dolor de haber perdido a un ser humano que todavía tenía demasiado para dar, por lo que se podría aducir que la subjetividad adolece de imparcialidad y  podrían parecer exageradas estas palabras. Sin embargo, de manera fortuita, gracias a la tecnología, el pensar y el sentir de un ex -alumno de Alberto quien publicó en su blog  “Requiescat in Pace, Dr Sauret”, llegaron a Victoria el 28 de febrero.”

Sobran las palabras, sólo decir como ya lo hizo Alberto Cortéz que “cuando un amigo se va queda un espacio vacío que no lo puede llenar la llegada de otro amigo”.”

 - M. Silvina Quintana